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La paradoja de Chile

por 1 abril, 2015

Mientras el Estado no cambie la mirada hacia una sociedad de umbrales garantizados en las áreas claves del bienestar, que permita hacer frente a la pobreza y los extremadamente altos niveles de desigualdad, frutos de una sociedad altamente segregada, donde los corruptos, roban a quienes atraviesan una situación de pobreza, Chile seguirá vulnerando un derecho humano fundamental, esto es: vivir fuera de la pobreza.
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“Una paradoja”. Así es como ve a Chile Philip Alston, el relator especial sobre Derechos Humanos y Pobreza Extrema de la ONU. Después de visitar el país y analizar las causas y las consecuencias de los dos grandes males que asolan a nuestra sociedad, la pobreza y la desigualdad, Alston nos deja esta palabra: “Paradoja”. Un préstamo del griego, paradoxon, que significa “lo contrario al sentido común”.

El experto llegó a Chile en medio de una vorágine de escándalos de corrupción política. Pero él venía a evaluar los índices de pobreza que existen en el país, a definir sus causas, a analizar sus consecuencias. ¿Qué tiene eso que ver con el escenario corrupto en el que aterrizó? “Corrupción” es una palabra que se refiere al abuso del poder para beneficio personal. Por tanto, podríamos decir que todo movimiento corrupto persigue captar recursos para las élites de forma ilícita. Lo que significaría, en el caso del Estado, que habría menos dinero disponible para, por ejemplo, el gasto social. Por eso es lógico considerar la corrupción, efectivamente, como un robo hacia quienes viven en situación de pobreza. Y es por esa razón, por tanto, que la corrupción está tan “directamente vinculada a la pobreza”, como apuntó Alston al final de su estancia en Chile.

Mientras el Estado no cambie la mirada hacia una sociedad de umbrales garantizados en las áreas claves del bienestar, que permita hacer frente a la pobreza y los extremadamente altos niveles de desigualdad, frutos de una sociedad altamente segregada, donde los corruptos roban a quienes atraviesan una situación de pobreza, Chile seguirá vulnerando un derecho humano fundamental, esto es: vivir fuera de la pobreza.

He ahí nuestra “paradoja”; esa que nubla el sentido común. Chile proyecta una imagen de país próspero y emergente; un país de cifras a las que les gusta presumir de una buena situación económica, y de reformas que se diseñan desde el supuesto de que la gente en situación de pobreza se va a beneficiar ineludiblemente de ellas. Pero la realidad es que no es así. Chile, y así lo ha analizado el experto de la ONU, tiene muchos “programas para pobres”, pero ninguna política integral que permita realizar cambios profundos, ni mucho menos una mirada compartida sobre ella. Chile, es cierto, ha puesto en marcha reformas importantes y profundas en varias áreas del ámbito social, pero no ha habido ningún intento para mejorar la situación de aquellos que viven en una situación de pobreza de la misma manera en que se vive la vida: de manera integrada y única y no a retazos. En definitiva, vivimos en un país que quiere caminar hacia una realidad más justa e inclusiva, pero obviando que el fenómeno de nuestras pobrezas, todas, tienen que aparecer en el punto de mira de las políticas públicas.

Sin duda que las reformas que el Gobierno ha puesto en marcha en el último tiempo son un alivio importante para superar nuestros índices de pobreza, pero también son insuficientes, puesto que no están diseñadas para llegar de manera integrada. Y mientras eso no suceda, seguiremos con tareas pendientes. Mientras, por ejemplo, los trabajadores no estén en posición de negociar, los mercados laborales nunca van a operar de forma equitativa y justa; mientras no existan programas robustos y permanentes que aborden las razones del por qué la mujer no puede ingresar al mercado laboral formal, Chile seguirá teniendo menos mujeres en el mercado de trabajo formal que la gran mayoría de los países de la OCDE.

Dicho de otro modo: mientras el Estado no cambie la mirada hacia una sociedad de umbrales garantizados en las áreas claves del bienestar, que permita hacer frente a la pobreza y los extremadamente altos niveles de desigualdad, frutos de una sociedad altamente segregada, donde los corruptos, roban a quienes atraviesan una situación de pobreza, Chile seguirá vulnerando un derecho humano fundamental, esto es: vivir fuera de la pobreza.

Por eso, insistimos en la necesidad de adoptar un enfoque de derechos humanos en las políticas públicas. Porque a partir de este enfoque, se delinea una ruta de promoción social a partir de aseguramientos básicos que la sociedad en su conjunto se compromete a brindar. Esta idea nos remite a la existencia de una igualdad de oportunidades, ya que asegura que aquellas personas sin acceso a derechos fundamentales (por fallas del mercado o por restricciones estructurales) recibirán los mínimos acordados. Por tanto, los sectores más beneficiados por este enfoque en las políticas públicas serán los que están en situación de pobreza y exclusión social.

Además, dada su formulación explícita, se reduce también el espacio de discrecionalidad administrativa con el que, tradicionalmente, obran las autoridades y organismos responsables del diseño e implementación de las políticas sociales. Acortando, aquí, ese margen a la corrupción que tanto tiene que ver con la pobreza en nuestro país.

En definitiva, es urgente poner el fenómeno de la pobreza en el punto de mira de las políticas públicas del país y establecer este enfoque transversal, basado en el enfoque de derechos, para dar solución al núcleo duro de la pobreza en Chile. O lo que es lo mismo: para acabar con esa gran “paradoja” nuestra.

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