domingo, 4 de diciembre de 2022 Actualizado a las 19:14

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O morir de frío o morir de alguna enfermedad respiratoria

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Aparentemente esa es la opción que tienen los habitantes de Rancagua, Machalí, Rengo y San Fernando por la falta de una política pública respecto del uso de la leña. No son los únicos chilenos enfrentados a este terrible dilema cada invierno. Más de 33 ciudades de tamaño medio desde Rancagua hasta Coyhaique sufren de la falta de medidas serias y responsables para enfrentar la contaminación por el uso de leña húmeda, malos e ineficientes artefactos y persistente mala construcción térmica de las viviendas.

El drama que señalamos se repite año a año desde hace 30 años. Chile gasta –la salud pública y privada– más de 2 mil millones de dólares al año (un subestimado dato de Contraloría de fines del 2012) y en su mayor parte por el mal uso de la mala leña. La falta de respuesta del Estado es impresentable e inaceptable.

El drama que señalamos se repite año a año desde hace 30 años. Chile gasta –la salud pública y privada– más de 2 mil millones de dólares al año (un subestimado dato de Contraloría de fines del 2012) y en su mayor parte por el mal uso de la mala leña. La falta de respuesta del Estado es impresentable e inaceptable.

Los progresistas hemos reiterado la necesidad de implementar una política pública efectiva en materia de leña y acceso a calefacción. Lo anterior supone no limitarse, en la discusión sobre energía, a la electricidad y abordar la leña como un combustible que en términos de unidades físicas es igual o más importante que la electricidad, pues, de acuerdo a cifras del propio Ministerio de Energía, cuentan ambas con un 20%. Más aún, el 59% del consumo energético de las viviendas en Chile, en promedio, es leña. Si nos limitamos a la VI y XI regiones, el promedio de consumo de energía en más de un 70% es leña. Pese a ello, no existe política pública respecto de este combustible.

Las opciones pasan por: a) secado de alta eficiencia de leña y tecnologías que permitan su trazabilidad total y su fiscalización vía internet; b) recambio de artefactos con el concurso de Pymes capaces de responder industrialmente a la demanda (en Valdivia y Osorno ha sido un fracaso); c) aislación de casas (amplio subsidio a materiales aislantes) y mejor regulación a sistemas de calefacción en nuevas viviendas (los departamentos de obras municipales no piden información sobre cómo se calefaccionará un nuevo inmueble); d) el fomento (para el invierno del 2017, ya es casi tarde para el 2016) de tecnologías asociadas a la calefacción a distancia, cogeneración, entre otras; y e) el rediseño de instrumentos económicos, financieros e impositivos para el fomento de nuevas tecnologías y modelos de negocios.

Todas las tecnologías y modelos posibles de implementar existen. Lo que falta son políticas públicas para la buena leña, seca y que bien manejada es amigable con el medio ambiente e incluso a precios más que razonables y competitivos. Se trata de una política pública que no existe. La gente compra leña (seca) porque la unidad calórica (17 dólares el millón de BTU – US$/MMBTU) cuesta la mitad de la parafina (32 US$/MMBTU), el sucedáneo más barato luego de la buena leña y no sólo por cuestiones culturales.

Urge un Programa de Leña, diseñado y aplicado en y desde las provincias.

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