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La Pepa, la Michelle y los cuicos del Saint George’s

por 13 julio, 2015

La Pepa, la Michelle y los cuicos del Saint George’s
Insisto, esta historia no alcanza ni para Martín Rivas. Los Burgos, los Eyzaguirre y los Valdés se impusieron en la agenda de la presidenta Bachelet tanto por sus lazos con el partido del orden, como por la burbuja subprime en la que vivían los G90 liderados por Peñailillo. ¿Otra vez los nacidos en cuna de oro y los educados en colegios cuicos les ganaban por paliza a los tristes herederos de liceo fiscal, pobre, y más encima de provincia?
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Llegó como Peñailillo y se fue como Peña-y-pillo. No le alcanzó ni para Martín Rivas. La épica del jovencito bueno, de ese cabizbajo liceano de liceo pobre de Lota o Penco que, de patear piedras, había ascendido con su carita pecosa y sus piececitos azulosos de frío, al sillón mismo del ministerio del interior; la épica –digámoslo así- amparada por el paternalismo de izquierda de la Concertación, llegó a su fin de la mano de nada menos que de los mismos de siempre, los matones y los cuicos pesados de sangre de siempre, los abajistas del Saint George’s, del Verbo Divino, y del San Ignacio del Bosque; los Burgos, los Eyzaguirre y los Valdés de siempre, los que saben hacer bullying de verdad a los Machuca de turno, sobre todo si éstos se las dan de no sé qué, con sus trajes Armani o sus estudios de abogado de pueblo. Esos que con nombre tan pomposos como los de "Harold’s & Johns Business & Law Limitada", quieren blanquear su piel y su sangre mestiza de pueblo, de clase media o de colegio particular subvencionado.

Insisto, esta historia no alcanza ni para Martín Rivas. Los Burgos, los Eyzaguirre y los Valdés se impusieron en la agenda de la presidenta Bachelet tanto por sus lazos con el partido del orden, como por la burbuja subprime en la que vivían los G90 liderados por Peñailillo. ¿Otra vez los nacidos en cuna de oro y los educados en colegios cuicos les ganaban por paliza a los tristes herederos de liceo fiscal, pobre, y más encima de provincia?; ¿otra vez el aparato fiscal temblando por el vozarrón de los que sin culpa se juran los descendientes culturales de Portales, arrasando con los que se supone representan el Chile más integrado y de clase media? El fenómeno tiene por supuesto algo de eso. Los Burgos, los Eyzaguirre y los Valdés son por esencia pesados de sangre, sudan desdén (basta sólo escuchar a Burgos), transpiran paternalismo burlón (analice la actitud de Eyzaguirre contra el típico apoderado de liceo inglés de clase media), y se solazan en sus tecnicismos mateos de PhD con carita de Big Bang theory (mire con atención, por favor, a nuestro nuevo ministro de Hacienda).

El embrujo de las heroínas terminó y con ello el experimento, o mejor dicho, el gustito que se dieron con los niñitos buenos de turno. Querer darse ese gustito de transformar la sociedad chilena, pero sin educar, sin fortalecer y sin, a veces, darles de varillazos a esos jovencitos tan buenos, no se puede: sean los de liceo fiscal o sean los hipsters-wannabe de la PUC. ¿No supieron hacerlo, no quisieron hacerlo, estaban en otra? Nunca lo sabremos. Lo que sí tenemos más que claro es que después de la borracherra de kermés, Michelle Bachelet le da la entrada a los de siempre, a los que saben, los cuicos pesados de sangre de siempre.

El desfondamiento de la G-90 y de la agenda reformista de la Nueva Mayoría tiene algo de aquello, es verdad, los hijos de la Alliance Française, del Cordillera, del Santiago College o de todo ese códice de colegios, son educados –a qué negarlo- en el habitus de élite mandona o profética, sea en el paraguas cultural del conservadurismo de derecha o sea en el paternalismo de izquierda, da lo mismo, sea que anden con el rosario en ristre o con su tan característica chaquetita de cuero negro, de bolsillos amplios, para que entren las obras de bolsillo de Gramsci, da lo mismo. Todo eso es verdad. Lo claro es que huelga también advertir que los hijos de liceo, tan aspiracionales y tan voluntaristas, no lo hicieron muy bien en su afán hegemónico, si es que siquiera entienden lo que la hegemonía es y cómo se construye. No basta ni con el bigote a lo Miguel Enríquez ni con la tela pomposa Armani, porque en política, como en todo, la sangre pesa (bah! el capital cultural si quieren llamarlo así ) y si lo que se quiere es andar por la vida de bolchevique, lo último que se puede hacer es hacerlo a lo bolchevique de salón, escondiendo con la mano izquierda la pyme que con la política y el boleteo trucho, se había logrado emprender.

Además de este fenómeno tan triste, hay que agregar que como un espejo satírico o trágico, la Michelle y la Pepa, la alcaldesa de Providencia, las dos heroínas que llegaron al poder de la mano de los tan envalentonados líderes de los movimientos sociales, una vez en el poder, las dos no supieron gobernar cómo se debe gobernar cuando se asciende por una esperanza popular de transformación, y luego de rendir pleitesía al glamour de los que ostentaban el liderazgo de la calle, una burda pleitesía llena de cargos y direcciones fiscales (será un caso de estudio psico-sociológico cómo ambas “madres” se rindieron a la moda hipsters-wannabe de Revolución Democrática por ejemplo), después de eso, digo, ambas no hicieron o no han hecho más que replegarse a un conservadurismo que se solaza a carcajadas después de cada nuevo escándalo en el que ellas o “los suyos” se ven envueltas: Caval o el Palacio Falabella, el boleteo trucho o las platas de precampaña, de la A la Z, podemos encontrar la doble cara Pepa-Michelle del fracaso reformista con aires y cemento de calle.

El embrujo de las heroínas terminó y con ello el experimento, o mejor dicho, el gustito que se dieron con los niñitos buenos de turno. Querer darse ese gustito de transformar la sociedad chilena, pero sin educar, sin fortalecer y sin, a veces, darles de varillazos a esos jovencitos tan buenos, no se puede: sean los de liceo fiscal o sean los hipsters-wannabe de la PUC. ¿No supieron hacerlo, no quisieron hacerlo, estaban en otra? Nunca lo sabremos. Lo que sí tenemos más que claro es que después de la borracherra de kermés, Michelle Bachelet le da la entrada a los de siempre, a los que saben, los cuicos pesados de sangre de siempre, los abajistas del Saint George’s, del Verbo Divino, y del San Ignacio del Bosque que, después de todo, “son bien dijes y simpáticos o’ie”.

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