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Investigar en la universidad: dos reflexiones

por 16 julio, 2015

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Hace algunos años, Pablo Longueira anunciaba el traslado de Conicyt al Ministerio de Economía. La oportuna reacción de organizaciones científicas y ciudadanas, el Consejo de Rectores y el propio Ministerio de Educación, atajaron la desafortunada iniciativa. Es natural que una sociedad quiera sacar provecho de las habilidades de sus investigadores. Sin embargo, la investigación no se produce exclusiva ni primordialmente en función de necesidades de la sociedad. Más que orientar la investigación a tales o cuales sectores productivos, o a la “solución de los problemas reales de la gente”, la sociedad debe asegurarse de que la investigación sea de calidad y paralelamente pensar políticas y mecanismos que le permitan beneficiarse al máximo de ella.

En nuestro país, buena parte de la investigación se ha delegado a las universidades. ¿Existe una idea clara y consensuada sobre las actividades precisas que cabe exigirle en consecuencia a la universidad? En lo que sigue, propongo dos reflexiones. La primera se refiere a los criterios para medir el impacto de la investigación y la segunda se refiere al problema de priorizar disciplinas y objetos de estudio.

¿Qué es el impacto de la investigación y cómo medirlo?

Conviene distinguir el impacto propiamente académico del impacto social y económico de la investigación. Lo crucial es que no se da el segundo sin que se dé el primero (sí muchas veces lo inverso). El foco debe ponerse, entonces, en asegurar la calidad de la investigación académica. Sin embargo, las universidades parecen abandonadas a la competencia y al cálculo de la inversión en conocimiento de acuerdo a la rentabilidad de los rankings, el marketing y las acreditaciones. La pregunta pendiente es qué y cuánto se les debe exigir a las universidades para que la sociedad esté segura de que los investigadores que trabajan en ellas pueden hacer lo que saben hacer.

 En la práctica, cualquier investigador en cualquier disciplina sabe que no debe presuponer la existencia de compartimentos escolares estancos. La investigación es híbrida y compleja por definición. No se puede anticipar el tipo de disciplinas, de saberes, de instrumentos, de tecnologías, de objetos, de lenguajes, de teorías, de metodologías e incluso de estilos que deben concurrir para desarrollar una investigación. En este terreno, todas las verdades se tocan. 

Conviene tener en cuenta que no existe manera de calcular anticipadamente el impacto económico y social de la investigación. Por ejemplo, las pérdidas que produce anualmente la creación e instalación de sistemas informáticos defectuosos supera hiperbólicamente el costo que supuso la producción de los papers de Gödel, Church, y Turing, sin los cuales ningún mandamás de Silicon Valley se habría dedicado a su negocio.

Similarmente, sería desacertado medir la calidad de una investigación en ciencias sociales y humanidades por sus efectos en la opinión o su elegibilidad para participar del diseño de políticas públicas. La investigación genera un sinnúmero de objetos con impacto puramente académico, a veces en comunidades muy pequeñas, pero imprescindibles para el desarrollo y cultivo de las disciplinas.

Es la propia investigación la que debe suministrar la vara con que la sociedad tiene que medirla. Esa vara es la relevancia o irrelevancia de sus productos desde el punto de vista estrictamente académico y estrictamente científico.

¿Qué investigación desarrollar?

Es inevitable priorizar y desarrollar algunas disciplinas y áreas en desmedro de otras. Hay muchos criterios para hacerlo: el impacto social y económico, la ubicación geográfica de los establecimientos, las necesidades de una región, la masa crítica y la industria. Hay también razones presupuestarias. Hay incluso razones ideológicas y asociadas a intereses particulares.

Sin embargo, convendría que cualquier planificación de la investigación universitaria en Chile exigiera que el sistema tienda hacia el cultivo de todas y cada una de las disciplinas conocidas y por conocer, y siempre según los más altos estándares.

La razón es muy sencilla. Más allá de las disquisiciones filosóficas sobre la naturaleza del conocimiento, las disciplinas y áreas son abstracciones necesarias solo desde el punto de vista de la institucionalidad y gestión de la investigación (por ejemplo, sirven para organizar su enseñanza y difusión). En la práctica, cualquier investigador en cualquier disciplina sabe que no debe presuponer la existencia de compartimentos escolares estancos. La investigación es híbrida y compleja por definición. No se puede anticipar el tipo de disciplinas, de saberes, de instrumentos, de tecnologías, de objetos, de lenguajes, de teorías, de metodologías e incluso de estilos que deben concurrir para desarrollar una investigación. En este terreno, todas las verdades se tocan.

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