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Abortos, clandestinidad y condiciones seguras

por 4 septiembre, 2015

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En Chile hay abortos. Y no faltan testimonios que dan cuenta de lo difícil y peligroso que este acceso resulta ser para algunas personas.

Sin embargo, no solo se cuenta con testimonios individuales que reflejan que el aborto es una realidad cotidiana y peligrosa. La evidencia empírica muestra que prohibir el aborto no hace que los abortos no existan, sino que los convierte en un proceso caracterizado por falta de información, regulación y apoyo, con efectos directos y nocivos a la salud de las mujeres. Los datos duros son claros: tener acceso a métodos seguros de anticoncepción postcoital reduce abruptamente la cantidad de mujeres que llegan a los hospitales y clínicas sufriendo de abortos espontáneos y muertes fetales.

En un estudio comprensivo basado en todos los nacimientos y muertes fetales en Chile desde 2006, se demuestra que la llegada de la píldora anticonceptiva de emergencia provocó una caída importante de muertes fetales*. El caso de la “píldora del día después” nos entrega varias lecciones acerca del acceso al aborto en Chile. En 2008, tras el fallo del Tribunal Constitucional de Chile, la decisión de entregar o no entregar la píldora fue puesta en manos de los alcaldes y las alcaldesas de cada comuna. Frente a este escenario, en los años siguientes, aproximadamente la mitad de las comunas de Chile entregaba la píldora, mientras que la otra mitad no la entregaba. Sobre la base de esta situación, bastante particular, se pudo comparar las tasas de nacimientos y de muertes fetales en las comunas que entregaron la píldora, y las que no.

Los resultados son llamativos. Además de una reducción importante en las tasas de embarazo adolescente en comunas que entregaban la píldora del día después, hubo una reducción importante en la cantidad de mujeres que llegaban a los hospitales sufriendo de complicaciones que resultaron en muertes fetales. Esta reducción fue mucho más fuerte que en las comunas donde la píldora no fue entregada.

 Los datos duros son claros: tener acceso a métodos seguros de anticoncepción postcoital reduce abruptamente la cantidad de mujeres que llegan a los hospitales y clínicas sufriendo de abortos espontáneos y muertes fetales.

Más llamativo aún fue el patrón de tiempo de esas muertes fetales. Del análisis de las muertes fetales entre las semanas 0 y 19 de gestación se desprende que hubo una reducción importante (de casi 50%) entre comunas con la píldora y las que no tenían la píldora. Sin embargo, cuando se pone el foco en las muertes fetales que ocurren después de la semana 19 de gestación, no se detecta ninguna diferencia estadística entre los dos tipos de comuna.

Cabe destacar que el aborto usando Misoprostol o Mifepristona solamente se puede realizar durante las etapas iniciales del embarazo. Entonces, la explicación más verosímil del efecto de la píldora del día después sobre muertes fetales viene directamente de su efecto sobre abortos ilegales. Con la llegada de un método alternativo y seguro de anticoncepción (la píldora), se logró reducir la frecuencia de embarazos indeseados, y, por lo tanto, la tasa de mujeres que llegaron a hospitales con muertes fetales tras abortos inseguros en las semanas iniciales del embarazo. Cuando se examinan los efectos por nivel de pobreza de la comuna, se ve que este efecto está concentrado en las comunas más pobres, evidencia que sugiere que es probable que mujeres de este grupo de comunas, previo a la entrega de la píldora, llegaran en mayor proporción a hospitales con complicaciones, resultando de abortos ilegales y más inseguros.

Una política de salud enfocada en la fertilidad tiene que reconocer la realidad del país. Además, de los testimonios anónimos de  diversas mujeres, la experiencia de Chile con la píldora anticonceptiva de emergencia muestra que los abortos sí existen, que se reflejan en los datos duros y que, con alternativas seguras, la tasa de aborto clandestino cae.  El cómo se define una política de salud depende de un debate que debe contemplar diversas organizaciones, instituciones e individuos y, necesariamente, tiene que incluir una educación sexual ajustada a la realidad y una gama amplia de opciones de anticoncepción e información que permita a las personas planificar adecuadamente sus embarazos. Más allá de eso, reconozcamos que los abortos existen, son peligrosos, y no es necesario realizar denuncias para comprobar que esto es cierto.

*El estudio a que se refiere en esta columna es “Assessing Plan B: The Effect of the Morning After Pill on Children and Women”, escrito por Damian Clarke y Andrea Bentancor.  El estudio completo se encuentra aquí, y un artículo de prensa sobre los efectos principales está disponible aquí. Todos los datos y el código del análisis del estudio están libremente disponibles aquí.

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