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Un refresco para el desempate

por 14 mayo, 2016

"La suerte de de la alternativa Podemos-IU-confluencias dependerá de su capacidad de que consiga credibilidad en una amplia ciudadanía escéptica y desilusionada. Ello requerirá de discursos y actos claros y coherentes".
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Cayó el bipartidismo hace cinco meses. Podemos e Izquierda Unida (IU) acuerdan una alianza electoral a diez días de que el Rey Felipe VI convocará a nuevas elecciones para el 26 de junio (26-J). Por primera vez en 38 años, una alianza, a la izquierda del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), podría disputarle el gobierno al Partido Popular (PP). Mariano Rajoy advierte: “asoma una coalición de extremistas radicales, un disolvente de todo lo bueno”; Pablo Iglesias invita: “no entendemos al PSOE como nuestro adversario, sino como aliado” y Pedro Sánchez dice: "no gracias” al convite de Podemos a hacer listas conjuntas para el senado.

La decepción ciudadana

Los ciudadanos vuelven a las urnas. No hubo caso, los partidos políticos, en 90 días, no fueron capaces de de formar un gobierno. El vencedor, Mariano Rajoy (PP) ni siquiera lo intentó. El segundo, Pedro Sánchez (PSOE) sí, pero fracasó: la mayoría del Congreso de los Diputados rechazó su investidura basada en un pacto con Albert Rivera (Ciudadanos) y después no pudo doblegar la resistencia de Pablo Iglesias (Podemos) para sumarlo a la votación de un gobierno monocolor.

Sin bipartidismo, el PP y el PSOE, primero y segundo el 20-D, no supieron construir una alianza de gobierno desde el multipartidismo; y ahora todos deberán buscar cómo retransmitir confianzas y convencer a unos ciudadanos decepcionados. Las diversas alternativas políticas, ahora ante la decepción ciudadana, tendrán que mostrar un talante más amable, más dúctil, más persuasivo y convincente, con capacidad de atraer más que de repeler al adversario.

Una alternativa desde la izquierda

Podemos e Izquierda Unida (IU) han saltado al nuevo escenario electoral. Podemos, en su estreno en elecciones generales españolas, hace seis meses, optó por mostrar fuerza propia, desdeñando a Izquierda Unida; ahora no titubeó en abrirse y buscarla. IU, perjudicada por la ley electoral (con 923 mil votos eligió 2 diputados), no sin problemas internos, aceptó.

Ambas formaciones en menos de dos semanas suscribieron un acuerdo electoral, con 50 puntos programáticos que enfatiza medidas de “rescate social”. En consultas a sus miembros, el 87,8% de los 23.109 votantes de IU apoyó la alianza y el 10,5% votó en contra; y el 98% de los 144.540 votantes de Podemos ratificaron el acuerdo y el 2% lo rechazó.

Irrumpe la novedad en esta “segunda vuelta electoral”, -inédita en la democracia española- como es la opción de Podemos-IU-confluencias territoriales (Compromis-Podemos, en Valencia; En Comú–Podem, en Cataluña y Las Mareas-Anova, en Galicia) que podría desplazar al PSOE a una tercera posición. Según a los resultados del 20-D, la opción Podemos-IU- confluencias sumarían 500 mil votos más que los obtenidos por el PSOE.

Las reacciones: PP, Ciudadanos y PSOE

La nueva alternativa, cuajada a un mes de iniciarse la campaña, ha provocado que la derecha vuelva a verbalizar el lenguaje del miedo. Rajoy Mariano Rajoy ha advertido que “una alternativa extremista se asoma como un disolvente de todo lo bueno que tenemos: la unidad. la democracia constitucional y nuestro progreso económico”, mientras Albert Rivera concreta: “Podemos se ha quitado la careta y apuesta por el comunismo”, refiriéndose a IU, a la que hasta hace poco consideraban “un tesoro testimonial y decorativo”.

Pedro Sánchez ha encajado mal la iniciativa de Podemos-IU considerando que es una pinza con el PP, sin darse cuenta que la nueva situación sobre los términos de la campaña –que tenderá a polarizarse- es una de las consecuencias del error del PSOE de optar por un pacto con Ciudadanos y esperar el apoyo de Podemos en forma incondicional, como única alternativa de desplazar al PP del gobierno.

Son las divisiones internas en el PSOE las que bloquean la posibilidad de discutir con Podemos un acuerdo. Las “líneas rojas”, de aquello que está vedado pasar -o negociar- en algunas materias económicas, sociales y territoriales son el resultado de las diferencias que surgen con la “vieja guardia” y en los diferentes territorios de España.

¿Hacia un gobierno progresista?

También, las actitudes del líder de Podemos, Pablo Iglesias, desafiantes, agresivas, especialmente en los meses en que el PSOE tenía la iniciativa para conseguir la investidura, ensombrecen el panorama. No obstante, la actitud de Iglesias cambia en forma ostensible, coincidiendo con su alianza con IU.

Fija la perspectiva de la coalición con IU y confluencias en formar una alianza de gobierno con el PSOE desde la posición que los ciudadanos decidan: “no entendemos al PSOE como adversario es el PP, sino como aliado” y apela a la reflexión y asumir un sentido común para producir el cambio de gobierno, restarle al PP peso en las instituciones, como en el senado e iniciar una etapa de cambios con nuevas políticas.

La suerte de de la alternativa Podemos-IU-confluencias dependerá de su capacidad de que consiga credibilidad en una amplia ciudadanía escéptica y desilusionada. Ello requerirá de discursos y actos claros y coherentes.

En este sentido, la convivencia interna en la campaña, el tratamiento serio, persuasivo de temas económicos, sociales, territoriales, europeos y de regeneración democrática serán pruebas para recibir confianza, así como llevar una discusión exigente y con altura ante potenciales aliados y adversarios.

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