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Chile defiende la cooperación de países de Renta Media a la región

por 9 julio, 2016

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Hace unos días se realizó en nuestro país, el Primer Diálogo sobre la Cooperación para el Desarrollo, organizado por la OCDE, en el que participaron representantes de más de 30 países de América Latina y El Caribe, países miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) como España y Portugal; organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD); el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Unión Europea.

En esta reunión, muchos países de Latinoamérica y El Caribe, incluido Chile, concordamos con que la cooperación internacional para el desarrollo debe continuar sin exclusión, porque nuestra región la requiere. Incluso la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, agregó que el nivel de desarrollo debe ser evaluado con un enfoque integral y no sólo sobre la base del ingreso per cápita.

Chile junto con Uruguay y Antigua y Barbuda, hemos planteado como inoportuna e inadecuada la posibilidad de suspender la ayuda para el desarrollo que reciben aquellos países que han superado un determinado umbral en su Producto Interno Bruto. También lo hemos planteado de manera sistemática en distintas instancias como la Semana de la OCDE y la CEPAL en México, pues creemos firmemente que debilitar la cooperación internacional es restar un espacio real de oportunidades para el desarrollo, más aún hoy donde el horizonte de las economías latinoamericanas y del caribe no se encuentra en un momento muy auspicioso.

El tema de la denominada “graduación”, es decir, el proceso mediante el cual un país deja de ser objeto de cooperación para el desarrollo resume de buena manera lo anterior. Es justamente esta materia sobre la que Chile ha planteado la necesidad de una reflexión mayor, conjunta y contemporánea.

La cooperación para el desarrollo ha progresado sustantivamente en las últimas décadas. Hemos transitado desde una acción vertical, en la que países desarrollados del Norte, contribuían con los procesos que enfrentaban los países no desarrollados o en vías de desarrollo, el Sur, hacia un tipo de cooperación horizontal, caracterizada por la ayuda entre países del Sur. De allí que, hoy es posible afirmar que los países que han superado o están próximos a superar el denominado umbral de la renta media, no sólo muestran avances en su propio desarrollo humano, sino que también cumplen un doble rol como receptores y proveedores de cooperación.

La cooperación Sur- Sur hoy es una realidad principalmente debido al compromiso y la responsabilidad que muestran gran parte de los países, en la medida que sus condiciones generales mejoran y sus economías se consolidan. Chile realiza importantes esfuerzos en esta línea, manteniendo programas de cooperación con países en América Latina y el Caribe; o desarrollando triangulaciones con países del Norte y también del Sur (México, Brasil, El Salvador, entre otros). En este esfuerzo la cooperación chilena se extiende actualmente hasta África y Asia.

La cooperación Sur- Sur hoy es una realidad principalmente debido al compromiso y la responsabilidad que muestran gran parte de los países, en la medida que sus condiciones generales mejoran y sus economías se consolidan. Chile realiza importantes esfuerzos en esta línea, manteniendo programas de cooperación con países en América Latina y el Caribe; o desarrollando triangulaciones con países del Norte y también del Sur (México, Brasil, El Salvador, entre otros). En este esfuerzo la cooperación chilena se extiende actualmente hasta África y Asia.

Actualmente, nuestro país cumple un rol dual en cooperación ya que recibe el apoyo de países con mayor nivel de desarrollo, en materias como medioambiente y prevención de desastres; y a la vez, otorga cooperación que se materializa en formación de capital humano y asistencia técnica. Sólo entre el periodo 2014 y 2015, destinamos más de US$ 15 millones a la región; y a su vez, nuestro país recibió cerca de US$ 83 millones, que fueron destinados a superar las brechas de desarrollo que posee nuestro país para alcanzar los desafíos que establece la ONU en la Agenda de Desarrollo hacia 2030.

Nadie ignora que los países de América Latina y el Caribe enfrentan conflictos de distinta magnitud, algunos relativos a la contingencia económica en un contexto de globalización intensificada, otros ligados a ciertas condiciones de desigualdad estructural existentes en sus sociedades. No obstante, el cuadro es mejor que hace algunas décadas, por esto es que Chile no quiere desperdiciar oportunidades. Estamos avanzando en una línea correcta, a través de la cooperación, iniciando discusiones respecto del modelo de desarrollo y sus consecuencias, trazándonos metas para alcanzar un desarrollo sostenible, multiplicando e innovando en las formas de cooperación. No es el momento de restar energías al proceso, por el contrario, es hora de impulsar con más fuerza la colaboración con aquellos que han conseguido progresar y ahora no pueden retroceder. Más aún, en el marco de la Agenda Global 2030, la experiencia acumulada nos enseña que nadie puede ser excluido y nadie puede ser dejado atrás.

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