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La Democracia Cristiana no es un partido de centro

por 15 julio, 2016

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Durante el último tiempo, el dirigente del partido Demócrata Cristiano, Gutenberg Martínez, ha sostenido que las recientes cifras de desaprobación de la Presidenta Michelle Bachelet serían básicamente producto del alejamiento de lo que se ha dado en llamar, “sectores de centro y de clase media”, quienes –a juicio de él– estarían representados por el Partido Demócrata Cristiano.

Por otra parte, el ex presidente de dicha colectividad, senador Ignacio Walker, ha señalado: "Tal como la conocemos actualmente la Nueva Mayoría no tiene ninguna posibilidad de proyectarse" (diario El Mercurio, 10 de julio de 2016).

Respecto al primer punto, y aún sin conocer el detalle de las cifras de las encuestas que permitirían concluir dicho fenómeno, parece extraño, por decir lo menos, que se pueda inferir que la disminución de la aprobación de la Presidenta de la República sea consecuencia del alejamiento de lo que el camarada Martínez llama "sectores de clase media", representados por "el centro".

Esto, fundamentalmente por las siguientes consideraciones que es necesario señalar:

1. Es bastante complejo, en el actual escenario de "crisis de la política", plantear que haya partidos que expresan las demandas de lo que algunos denominan "el centro político". Actualmente hay un desajuste entre la política y la sociedad que se caracteriza, entre otras cosas, porque NO hay una correspondencia entre clases sociales e identidades políticas.

Las viejas clases sociales que en la sociedad industrial del Estado Nación, hace ya 40 años, podían expresarse en determinadas fuerzas políticas, en la actualidad, en una sociedad individualista y postindustrial e informatizada, se han diluido y no es posible identificarlas, porque hoy existe una mayor autonomía de los diversos sistemas sociales: el económico, el social, el cultural, el político, cada uno obedeciendo sus propios intereses y, por lo tanto, aceptando la lógica del otro en la medida en que coincida con la propia.

De esta manera, la política ha perdido centralidad y ya no constituye el núcleo a través del cual se organizaba el conjunto de la sociedad. ¿Alguien cree que actualmente es posible sostener que el Partido Socialista o el Partido Comunista representan únicamente a la clase obrera? Más aún, ¿en qué consiste ser hoy de clase obrera? ¿Renovación Nacional, representa a los sectores altos de la sociedad? ¿Qué clases sociales representa el PPD?

No cabe la menor duda de que es evidente que hoy la sociedad es mucho más compleja que la tradicional distinción de las viejas sociedad de clases y, por lo tanto, los partidos políticos tienen mucho más dificultad para expresar las demandas diversas de las distintas fuerzas sociales que confluyen en las sociedades modernas.

A lo anterior, hay que agregar un factor que resulta decisivo en la arquitectura de las actuales sociedades: la comunicación a través de redes sociales ha acentuado el individualismo y las personas tienen menos disponibilidad para agruparse y expresar intereses colectivos, como ocurría en la sociedad industrial. Por lo tanto, todas las organizaciones de la sociedad civil están en cuestionamiento y requieren ser rediseñadas para dar cuenta de esta nueva realidad.

2. Todo esto se traduce en una crisis de representatividad de los partidos políticos. Para que exista representación, debe haber “actores representables”. En la actualidad, esto se hace bastante difícil por la multiplicidad de actores que se constituyen frente a problemas concretos, como por ejemplo: las minorías étnicas, las agrupaciones medioambientales, las minorías sexuales, los grupos feministas, y la multiplicidad de organizaciones que surgen y, con la misma velocidad, desaparecen. Expresión de esto son también los movimientos sociales que surgen por demandas regionales o de otra índole, etc. Los partidos políticos, han dejado de tener una efectiva capacidad de mediación, precisamente por la incapacidad de cumplir adecuadamente la función de representación.

3. A lo anterior se agrega la crisis de confianza que afecta a todas las instituciones, pero en especial a la política y a los partidos políticos. Esto se traduce necesariamente en apatía, desprestigio y ausencia de participación en estos. Los militantes de los partidos tienen pocos incentivos para participar en la vida partidaria. Siempre ha existido al interior de los partidos una mezcla de incentivos colectivos y selectivos en la relación, entre los dirigentes y militantes de estos.

Los primeros se refieren al cuerpo de ideas del partido. En este caso los militantes participan porque hay una identificación con los ideales, la ideología, un proyecto partidario. Pero junto a estos incentivos están también los de carácter selectivo, que se refieren a que la participación se otorga en función del acceso a cargos en funciones de dirección o de conducción en los partidos o, en el caso de los partidos de gobierno, acceso a cargos en la conducción del aparato estatal.

Los primeros, es decir, aquellos a los que les interesan los incentivos colectivos, están constituidos por los que tienen convicciones y adhieren al partido por sus ideas; constituyen lo que se llama "los creyentes". Pero, junto a estos, están aquellos que solamente están interesados en la obtención de cargos o puestos de poder. Son los llamados "arribistas".

Siempre ha existido en los partidos políticos una combinación entre ambos tipos de militantes. Sin embargo, en la actualidad no cabe la menor duda de que existe una preeminencia de los "arribistas" por sobre " los creyentes". Esto afecta de manera muy determinante la confianza de la ciudadanía en todos los partidos políticos y, sobre todo, en aquellos que tenían visiones ideológicas, como lo es la Democracia Cristiana. Si a esto se agregan los casos de corrupción y de cooptación de la política por parte de los grupos económicos, la situación es extremadamente grave, pues se están corroyendo las bases de legitimidad del sistema democrático.

4. Si la Democracia Cristiana quiere volver a expresar y representar a fuerzas sociales significativas de la sociedad chilena, lo primero que tiene que hacer es tener un diagnóstico adecuado de la realidad, y no inventar falsas identidades, carentes de todo sustento y asidero en la realidad, como que este es un partido de “centro". Nunca la Democracia Cristiana ha sido un partido de centro.

La Democracia Cristiana surgió a la vida política chilena para cambiar la sociedad en un contexto de Guerra Fría. El Partido Comunista y muchos otros partidos de izquierda planteaban una revolución, no respetando la vida democrática. La Democracia Cristiana, en cambio, siempre planteó profundas transformaciones estructurales respetando al sistema democrático para lograr su perfeccionamiento.

5. Resulta evidente en la actualidad que la realidad nacional e internacional es distinta, por lo que se debe hacer un esfuerzo por iluminar esta nueva realidad con los valores y principios permanentes del humanismo cristiano, procurando fundar un proyecto para la sociedad chilena transformador, que exprese a las fuerzas sociales más postergadas, que procure una sociedad cada vez más igualitaria para el perfeccionamiento de la democracia.

Este proyecto también debe poner énfasis en la dimensión ética de la política, procurando promover y generar una ética ciudadana, de todas las organizaciones de la sociedad, para generar un carácter ético en estas, y en la cultura de la sociedad chilena, que es una base indispensable para recuperar la confianza y promover una sociedad más inclusiva. Es el proyecto político lo que le da la identidad a la Democracia Cristiana, y lo que le permitirá tener liderazgos y fundar alianzas con todas las fuerzas políticas y sociales que procuran el cambio en la sociedad chilena.

 La política ha perdido centralidad y ya no constituye el núcleo a través del cual se organizaba el conjunto de la sociedad. ¿Alguien cree que actualmente es posible sostener que el Partido Socialista o el Partido Comunista representan únicamente a la clase obrera? Más aún, ¿en qué consiste ser hoy de clase obrera? ¿Renovación Nacional, representa a los sectores altos de la sociedad? ¿Qué clases sociales representa el PPD? No cabe la menor duda de que es evidente que hoy la sociedad es mucho más compleja que la tradicional distinción de las viejas sociedad de clases y, por lo tanto, los partidos políticos tienen mucho más dificultad para expresar las demandas diversas de las distintas fuerzas sociales que confluyen en las sociedades modernas.

Esta no es una tarea fácil y de corto plazo. Es un proyecto que requiere un esfuerzo persistente y una convicción de todos los democratacristianos. No hay atajos fáciles que se expresen en frases rimbombantes y en llamados a identidades vacías de contenido. Ellas caerán en el vacío y la ciudadanía les dará cada vez más la espalda, porque se dará cuenta de que es solamente una pirotecnia verbal, destinada a encubrir intereses de poder.

6. Por último, hay que ser claros. Detrás del asunto de la identidad, se esconde el camino propio, el partido bisagra, y la destrucción de la Nueva Mayoría. Tal como lo señalaba el propio senador Ignacio Walker en El Mercurio, "no habrá proyección de la Nueva Mayoría tal como la conocemos ahora".

La Democracia Cristiana no ha discutido en sus instancias regulares su política de alianzas. Para hacerlo, se requiere primero tener un proyecto y un programa aprobado en su Junta Nacional. De otra manera, se está conduciendo al partido a un precipicio de incalculables consecuencias. El país ya conoció este experimento de gobierno de minorías y estamos ciertos que esto no expresa la voluntad de la mayoría de la militancia democratacristiana, que aspira a seguir dándole a Chile una alternativa de trasformaciones, progreso e inclusión social.

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