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El Gobierno chileno y su debilidad frente a la destrucción de la democracia en Venezuela

por 13 septiembre, 2016

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En los días recientes la actitud pusilánime de nuestro gobierno respecto de la grave situación en Venezuela se ha hecho más evidente frente a la detención por parte de los servicios de inteligencia Bolivarianos de un ciudadano chileno, aparentemente debido a la difusión por su parte de hechos molestos para el gobierno de Maduro.

La actitud del canciller Muñoz ha sido la que correspondería respecto de cualquier otro país normal, se ha limitado a solicitar respeto por el debido proceso en un país donde tal cosa ya no existe desde hace bastante tiempo. Respecto de la destrucción de todas las instituciones democráticas y la grave situación humanitaria que afecta a Venezuela, el Gobierno chileno guarda silencio, pese a las reiteradas peticiones de apoyo de demócratas venezolanos a los que en ocasiones ni siquiera se concede audiencia por parte de nuestras autoridades.

Porque Chile y especialmente la izquierda chilena tienen una especial deuda de gratitud con Venezuela y su democracia que, aunque muy imperfecta, fue especialmente acogedora con el exilio chileno. Es muy extraño que dicha deuda se reconozca respecto de la dictadura de la RDA y no respecto de la democracia Venezolana.

Desgraciadamente tal actitud no ha sido objeto de mayores críticas al país, debido a eso paso a exponer las que, en mi opinión, son las razones por la que el Gobierno chileno debiera denunciar públicamente lo que está ocurriendo en ese país y ejercer toda la presión posible por el respeto a los derechos básicos de su ciudadanos y exigir la realización del referendo revocatorio previsto en la Constitución, única salida razonable a la crisis.

  • Porque gran parte de la legitimidad y el apoyo electoral de este y los demás gobiernos de centroizquierda se han fundado en el repudio a las violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura chilena, la indiferencia frente a las violaciones ocurridas en otros países es la destrucción de un capital simbólico que los partidos de izquierda lamentarán en el futuro.
  • Porque son muchas las familias chilenas avecindadas en Venezuela que han sido afectadas por la situación que vive el país.
  • Porque como lo demostró largamente el siglo XX, el apaciguamiento solo confirma a los gobernantes tiránicos en su prepotencia y en que la idea de que la democracia no es capaz de confrontarlos.
  • Porque estamos vinculados con Venezuela en diversos pactos e instituciones destinados a proteger los derechos humanos y la democracia, la creciente impotencia de esas instituciones debilita nuestra propia institucionalidad y nos hace más vulnerables a regresiones autoritarias.
  • Porque si bien Chile no posee un poder político ni económico suficiente para tener un efecto sustantivo, sí tiene algún prestigio y credibilidad que motivaría a otros países a abandonar su silencio y que, sobre todo, significaría un apoyo moral a quienes luchan por la democracia en condiciones muy difíciles y que se sienten muy abandonados por América Latina.
  • Porque Chile y especialmente la izquierda chilena tienen una especial deuda de gratitud con Venezuela y su democracia que, aunque muy imperfecta, fue especialmente acogedora con el exilio chileno. Es muy extraño que dicha deuda se reconozca respecto de la dictadura de la RDA y no respecto de la democracia Venezolana.

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