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Sobre el plan nacional de salud mental

por Joel Espina S.; Karina Hernandez P.; Jorge Norambuena M.; Angélica Pizarro C.; Pilar Soza B.; Cristhian Saavedra Z. 5 octubre, 2016

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Señor Director:

Los emisores de la presente constituimos un grupo de estudio en torno al “psicoanálisis y la salud pública”, y desde esta posición es que hemos recibido –de manera tangencial- la propuesta de discusión en torno al borrador del Plan Nacional de Salud Mental, la que hemos revisado, discutido y analizado.

Convencidos de que la participación de los ciudadanos como tal, y estos en sus funciones de trabajadores de la salud y usuarios de los sistemas de salud, es pieza fundamental en el proceso mismo de la dualidad salud/enfermedad, consideramos que la participación es evidencia de la sanidad de los pueblos y de las naciones. El carácter de sanidad de la participación está dado por la vinculación establecida entre los sujetos que dialogan, reconociendo sus diferencias y semejanzas, con la toma de decisión. El valor de los procesos de participación está determinado por su incidencia en el proceso de toma de decisiones.

En este contexto es que damos a conocer nuestra reflexión en torno al proceso de discusión del Plan Nacional de Salud Mental, el cual estima regir para los próximos diez años:

Si bien se ha definido que el borrador del Plan sea sometido a discusión por los diversos equipos de trabajo que conforman la red de salud -como forma de legitimación- hemos constatado que tanto el acceso al borrador, como el resguardo de los tiempos necesarios para su lectura y discusión dentro de las instituciones de salud, y según las condiciones de disponibilidad dentro estas , no se ha visto facilitada. Evidenciamos el desconocimiento del proceso de discusión de los equipos de salud mental que trabajan en salud pública, mediante la realización de dos conversatorios en torno al tema . También se desconoce la convocatoria a discutir con los usuarios de los servicios de salud mental. Lo más grave es que el proceso de discusión no se define como vinculante ni garantiza que las conclusiones de cada una de sus instancias se consideren en su edición final.

En términos de la Salud, podemos ver estas dos aristas del mismo concepto, en lo referente a una característica de la vida y una institución. La propuesta expuesta en el borrador no explicita del todo desde qué referentes se define la “Salud Mental” (¿qué es salud mental?). Entendemos que se mantiene la desintegración del sujeto entre “cuerpo y mente” al centrar la discusión en la llamada salud mental sin establecer claras relaciones con la “salud” como un todo dialectizable. Si el Hombre y la mujer están divididos no es en torno a “mente y cuerpo” precisamente. De este modo, en el texto no sólo se constata la ausencia de referencias a la relación de la “salud mental” con la Salud, en primer término, sino también, en segundo término, con otras instituciones del Estado que también operan sobre el malestar “psíquico” de la población, definiendo para ello dispositivos de intervención psicosociales (trabajo en torno a infancia, consecuencias de diversas formas de violencia, etc.). El plan no dialoga con esas otras instancias, considerando que el énfasis está puesto en la enfermedad y no en el malestar, y tampoco dialoga con los llamados “determinantes sociales” de la salud, tales como: el trabajo, la economía, la vivienda, la educación, el desarrollo de la ciudad, la cultura, modos de gobernar, etc. Aspectos causantes y/o promotores de sufrimiento psíquico o de bienestar psíquico, según el desarrollo que estos presenten.

En el borrador, es clara la preeminencia del modelo comunitario de salud. Se señala que una línea de acción definida es la de consolidar el modelo de salud mental comunitario (se implementarían centros de salud mental comunitaria en todo Chile, se incorporarían agentes comunitarios a los equipos de salud, etc.). Sin embargo, no se explicitan los argumentos que sustentan esa toma de partido. En el borrador se señala que los cuestionamientos al modelo hospitalario en salud mental en occidente confluyen en el modelo comunitario de salud mental. Con esa afirmación, se desconoce el aporte de otras perspectivas, distintas al modelo comunitario, como por ejemplo pudiese ser el modelo de Psicoterapia Institucional.

En los Antecedentes del borrador se hace mención a que el Primer Plan implementado definió como una de sus estrategias específicas “la protección de la salud mental de los trabajadores de la salud”. Dentro de las propuestas actuales no hay referencias a ese punto, sólo se enfatiza como estrategia a implementar la formación y capacitación de los profesionales de salud. En la misma arista, el plan no habla de la calidad del recurso humano, su calidad contractual, necesaria para llevar a cabo el ideal de este plan, y esto, evidentemente como ausencia, es tema de la propia salud de los trabajadores.

El borrador no es claro a la hora de explicitar cómo se financiarán e implementarán las diversas estrategias que propone. Tampoco incorpora elementos para construir proposiciones en torno a su financiamiento. Y además el borrador no contempla como un elemento relevante, las particularidades de las diversas “comunidades” que componen el país (regiones, condiciones de marginación social, precariedad económica, etc.).

Por todo lo anterior, es que finalmente consideramos que un proceso de discusión de un Plan Nacional de Salud “Mental” debe contemplar como mínimo una discusión mas amplia de qué es un plan de salud para una sociedad en su conjunto, para que se promueva pensar cuáles son las condiciones que determinan cómo estas afectan las problemáticas ligadas a la salud. En términos concretos debe evitar la división “mente/cuerpo”, invitando a discutir un Plan de Salud donde la integración de las personas con discapacidad psíquica y mental están consideradas en su inicio. También contemplar el desarrollo de particularidades locales determinadas por el territorio, género, etnia, condición de asalariado, etc., y con la explicitación del cómo esto se llevará a cabo. Debe asegurar una planificación material y financiera y contemplar la vinculación entre sujeto que discuten y la toma de decisión respecto a la problemática.

Joel Espina S.; Karina Hernandez P.; Jorge Norambuena M.; Angélica Pizarro C.; Pilar Soza B.;  Cristhian Saavedra Z.

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