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Por qué Trump

por 12 octubre, 2016

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Lo vimos a propósito del Brexit. Y recién en Colombia, con el triunfo del NO. Las encuestas parecen no acertar –y en Chile las apreciamos tanto–. Se ha instalado en la ciudadanía un nivel de empoderamiento que pareciera que los expertos no pueden valorizar debidamente ni mucho menos explicárselo. Entonces, la explicación que les nace es que los ciudadanos están actuando irreflexivamente, que no saben lo que les conviene, que son irresponsables. Pero, el caso es que el fenómeno es otro. Sencillamente el nuevo ciudadano está cada vez más reacio a seguir los lineamientos trazados por la dirigencia y lo gurúes. Se ha dado cuenta, aquí y en todas partes, que estos responden a intereses raramente coincidentes con los del ciudadano común. Entonces, ¿por qué no darse un gusto e ir contra lo “correcto”? Así, sencillamente. El nuevo ciudadano se ha percatado que puede decir no a una propuesta, o decir sí, o votar por este o por aquel, solo porque puede hacerlo.

 

Es dramático que, en el país más poderoso de la Tierra, los ciudadanos se vean enfrentados a opciones tan pobres. En tal caso, cabe elegir el mal menor. Para algunos, encarnado en Clinton; pero, para no pocos, en Trump.

Cuando Trump comenzó su camino a la Casa Blanca fue visto como una aventura. Por supuesto, los “expertos”, electorales, en encuestas, etc. no daban un centavo por su opción. Hoy, a un mes de la elección, se reconoce, con temor e incredulidad, que puede ganar.

El caso es que es así. Puede ganar. Y quizás su triunfo se cimentó el día que Hillary fue designada candidata demócrata, porque para no pocos la señora Clinton representa lo peor de la política. Y para otros tantos tiene un alto grado de responsabilidad en el surgimiento y expansión del ISIS. Para no mencionar que, de paso, no pocos sostienen que el ISIS no es sino una creación de EE.UU. e Israel. Si no, se preguntan, ¿por qué EE.UU. no se ha empleado a fondo en combatirlo, como lo ha hecho, y con éxito, Rusia?

Además se deben ponderar otros hechos, que aportan más elementos a la opción de Trump. Como es el caso del conservador duro, no de partido, sino de fuera del sistema. Me refiero al conservador nacionalista, que participa de milicias irregulares, antigobierno, antijudío, machista, que habitualmente ni siquiera concurre a votar, como tampoco quiere pagar impuestos, y que ha debido soportar dos períodos con un negro (y no lo digo peyorativamente, sino solo para enfatizar el concepto) como presidente.

Este prototipo de ciudadano, afincado principalmente en los estados del Sur, en condados en donde es ilegal no tener armas de fuego, ¿estará dispuesto a aceptar una mujer presidenta? Y hasta tal vez por dos períodos, porque en Estados Unidos solo presidentes muy malos (como Carter) no son reelectos. Este perfil de ciudadano tiene sin embargo un desafío no menor: motivar a votar, es decir, participar en un sistema del cual habitualmente está fuera.

Es dramático que, en el país más poderoso de la Tierra, los ciudadanos se vean enfrentados a opciones tan pobres. En tal caso, cabe elegir el mal menor. Para algunos, encarnado en Clinton; pero, para no pocos, en Trump.

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