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Haiti: crisis ambiental

por 16 octubre, 2016

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Los desastres causados en Haití por el reciente paso del huracán Matthew no han hecho sino ratificar lo que los expertos vienen diciendo desde hace décadas. El problema de ese país es su devastación ambiental, una situación que bloquea cualquier posibilidad de desarrollo ya que hace que cada expresión climática o telúrica extrema se transforme en una catástrofe.

Causas: 1) la deforestación masiva del país; 2) la degradación del suelo (erosión) por las malas prácticas agrícolas, los vaivenes climáticos (lluvias intensas o sequías), y la extracción de materiales de construcción; 3) el escaso manejo racional de los desechos y basuras; 4) la degradación de las cuencas hidrográficas; 5) la sobreexplotación de los recursos marinos.

Nada de esto es retórica sino la realidad del país. Además, son fenómenos concomitantes, ya que en conjunto han producido efectos que son mayores que la suma de las partes, con efectos sociales severos (es cosa de ver sus indicadores). Desde ya la fragilidad de los suelos en Haití, un país montañoso, hace que la pérdida de los bosques en las zonas altas haga imposible su recuperación. La pequeña capa vegetal que los sostiene se pierde con las lluvias, que arrastran enormes cantidades de material pedregoso que destruye los cauces, que se van haciendo cada vez más anchos y comiéndose el suelo agrícola. Sobre todo el de los pequeños granjeros que se instalan en sus orillas.

La deforestación ha sido un fenómeno secular que se liga a la producción de azúcar de caña. Pero hoy en día se asocia al corte de árboles para la producción de carbón, casi la única fuente de energía para un país empobrecido. Ecosistemas tan frágiles como los manglares están desapareciendo en Haití por esta práctica.

Es una espiral negativa de pobreza y degradación ambiental, ambas van creciendo a la par, negando oportunidades a sus ciudadanos, que sólo desean partir del país, y los que no pueden hacerlo, subsisten de la manera más miserable, moviéndose a la capital con la esperanza de mejores oportunidades y hacinándose en tugurios de pesadilla. Las condiciones sanitarias son por cierto nulas, generando una condición de desesperanza extrema, sobre todo para los niños, desnutridos y desprovistos de educación.

 Los que permanecen en el hermoso interior del país apenas pueden sobrevivir y terminan por depredar el propio espacio que ocupan, cayendo a menudo en una pasividad que les impide actuar en defensa de su propio hábitat. Saben que vendrá el siguiente huracán y todo el esfuerzo será perdido. No cejan sin embargo y esa fuerza, sobre todo rural, muestra que hay alguna esperanza

Los que permanecen en el hermoso interior del país apenas pueden sobrevivir y terminan por depredar el propio espacio que ocupan, cayendo a menudo en una pasividad que les impide actuar en defensa de su propio hábitat. Saben que vendrá el siguiente huracán y todo el esfuerzo será perdido. No cejan sin embargo y esa fuerza, sobre todo rural, muestra que hay alguna esperanza.

Soluciones de largo plazo son las únicas que pueden revertir la situación. Sin embargo, en el corto y mediano plazo está la forestación puntual y localizada. Un proyecto como “Konbit Rebwazman” (invitación a reforestar) de una compañía petrolera es un ejemplo interesante para motivar a la población. Variados proyectos de restauración de cuencas se están desarrollando. Por otro lado, hay abundante espacio para el uso de energías alternativas y la valorización de desechos. La limpieza del país es urgente si se desea un país acogedor para desarrollar la industria del turismo así para como mejorar los indicadores de salud. Es allí donde hay que invertir.

Hasta ahora la política pública ha sido débil y ambigua para reconocer que el problema central del país es la destrucción de su territorio, y se siguen buscando soluciones de parche que no conducen a nada, de la mano de una élite codiciosa e indiferente a los sufrimientos del pueblo haitiano. Una élite que actúa avalada por una cooperación internacional entusiasta, que hace lo que puede, aunque despistada en sus objetivos y marcada por culturas institucionales a menudo alejadas de los sufrimientos de la población y, lo que es peor, poco eficaz en sus resultados.

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