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La irrupción de lo político en las junturas del modelo

por 25 noviembre, 2016

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Que la sociedad chilena sufre un proceso de individuación, es algo muy palpable. La composición de las familias (reducción del número nuclear y su composición), la valorización del éxito personal, y su matriz en la imagen del “yo”, una zona espacial simbólica muy transversal que resignifica lo individual, que da sentido a que el conductismo de la liberalización es el individuo, como homo economicus, es la “iniciativa individual” el espíritu del capitalismo rizomático, su gran condición de descentrar el poder y construir una matriz geopolítica, un capitalismo cultural de molde alegórico.

La subcontratación, flexibilización y desregulación definen un átomo molecular que es el individuo. La operatividad maquinal que articula todos los engranajes en las sombras. La voluntad de destruir toda noción de colectivo, tiene que ver con una propuesta de carácter político y filosófico, es una definición de las premisas que sostienen la sociedad.

La sociedad definida en el mercado tiene una caracterización predominante, en el mercado de los ciudadanos consumidores se establecen los patrones de las relaciones sociales, la captura del sentido por parte del mercado tiene una arquitectura biopolítica en el marketing.

Los suicidios, la depresión, la obesidad tienen un asomo de soledad, los lazos sociales se debilitan, los ancianos se transforman en inservibles. Los celulares son una semiótica de la cultura digital, es un adoctrinamiento, lo que Marcel Duchamp presagió hace mucho, cuando veía un mundo que se tecnologizaba.

Una sociedad con menos habla, con muchos guiones facilitados del consumo, una lengua WhatsApp y un entorno de redes sociales que unen a veces una agrupación importante de sentido. Su manipulación es un nuevo espacio para estrategias comunicacionales como ha demostrado Trump.

La separación con la política tiene para nuestra sociedad, ojo, un carácter epocal, la idea de la matriz es justamente capturar la noción de lo político para la administración de un grupo de especialistas, las tecnologías de la gobernanza aplican este requisito de control, una jibarización preformativa de la sociedad. Los sindicatos son un gen anómico, que representan un pasado, sus hablas no tienen nada que ver con la imaginería del supermarket.

La sociedad de los especialistas es la sociedad de la segmentaridad del sentido y, por tanto, del colectivo, es la invisibilización de la otredad, la otredad no existe salvo respecto de la demagogia del trabajo en equipo. Existe más bien una otredad como reflejo del “yo”, que es una otredad sin empatía, porque no es otro sino una proyección de las necesidades de uno mismo.

En la era de la inteligencia emocional, esta es la sociedad con menos empatía, los niveles de violencia aumentan, se transforma en un lenguaje social, la gente se insulta en la cultura del tránsito, se golpean en la vialidad de los transeúntes.

Los servicios que son el eje iconográfico de la transformación productiva tienen una mala atención, una mala empatía, por tanto, una pésima filosofía organizacional.

La idea de una democracia por arriba caracterizó a una sociedad de pocos reconocimientos, una sociedad urbanamente elitizada, estresada y sin proyecto, que sufre de la enfermedad del presente, y no tiene mañana, su cultura es solo la oferta y la demanda.

La pata coja del trabajo licuado, el trabajo tercerizado y mal pagado terminan por minar las performances educativas de los coachings de capacitaciones rascas, todos esos jefes de recursos humanos que creen entender el cuento, y se plantean como los serviles incondicionales, nunca preocupados de cosas importantes, los ganapanes de siempre. Esa es una tipología muy transversal.

El financiamiento estatal a los privados por leyes de la república es una captura de clase escandalosa, hay un sector de pujantes en Chile que son puros sinvergüenzas, güeones acomodados que supieron estar en momentos precisos, uno muy importante cuando los milicos desmantelaron el Estado, el patrimonio de Chile. Ese fue un asesinato histórico-político de grandes proporciones para la sociabilidad nacional, porque nos dejaron amarrados a una privatización de la vida social, cercaron perimetralmente nuestras vidas.

Y cómo surge lo político en una cápsula apolítica, en su masificación ciudadana, cómo se traduce el eje de contradicciones latentes que implica la estructura de desigualdad nacional cuando el 1% capta algo así como el 35% de la renta nacional, y hay una composición de clases medias vulnerables con accesos a bienes y servicios, pero sin prerrogativas de derechos sociales fundamentales, todo lo que hace que el estatus sea simbólico, sea de cartón o de plástico.

Cómo surge lo político en la costumbre deseante del fetichismo, cómo surge una discontinuidad en esta continuidad tan totalizante. Donde no parece haber un fuera, solo un dentro dominante, la emancipación ya no tiene habla ni menos relato.

En las junturas, diría Benjamin; surge en el seno de la proposición, en la “oferta falsa”, la que provoca los malestares, que es un concepto freudiano, acumulación de malestares de “oferta falsa”.

La educación como escala meritocrática, como promesa, y las AFP como las tecnologías previsionales al servicio del gran capital, develando una estructura cuyo orden de acumulación es contrario a la lógica de la promesa, “publicidad falsa” como captación subjetiva y transversal.

Cómo traducirla en un programa político, tiene que ver con una traducción semántica que reordene los significantes y ofrezca la develación del orden real de los significados. Es un llamado de primer orden, esencial y cotidiano.

Se trata de una claridad política para capturar el proceso de cómo se propone este orden desde lo conceptual y estratégico. La sociedad civil, plantea Gramsci, se transforma en un espacio donde se van a disputar hegemonías, las tecnologías de la gobernanza cercan los caminos, pero hay que abrir las zanjas, es indispensable.

Si no, seguiremos en la operación de que “todo cambie para que nada cambie”, la política ficción de la regulación contra la desregulación adquiere el mecanismo del sortilegio.

Los actores sociales seguirán en la acumulación de malestares, lo que no es revelación, es anomia, puede terminar en quiebres difusos adentro de los procesamientos de una salud pública limitada.

Esa psicología que descifra la desigualdad en la privación, es el desprecio moral, Chile es un país en cuya subjetividad dominante hay mucho desprecio moral. Hay que develar esta imaginería con el relato certero de lo que no podemos decir, la “lucha de clases”, así de simple.

La idea de una democracia por arriba caracterizó a una sociedad de pocos reconocimientos, una sociedad urbanamente elitizada, estresada y sin proyecto, que sufre de la enfermedad del presente, y no tiene mañana, su cultura es solo la oferta y la demanda.

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