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La crisis del PS y la lucha contra los privilegios

por 27 diciembre, 2016

La crisis del PS y la lucha contra los privilegios
Declaro no ser militante socialista, luego que después de 46 años de militancia renuncié el año 2010, para atreverme a sostener que estoy convencido de que el Partido Socialista no soportaría el escrutinio público de la coherencia frente a los privilegios de Chile. Esa es su crisis, y no solamente los yerros y desvaríos de la apreciación política que hacen sus dirigentes. Desde la presidencia hacia abajo se terminó por privatizar el país. Todavía funcionarios públicos le preguntan a Sebastián Dávalos, hijo de Bachelet, si echan o no a una funcionaria de su cargo.
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Alguna gente reprocha una frase que repito con insistencia: “Que se vayan todos”. La acusación es nihilismo político. No estoy de acuerdo. La frase, tomada de un cartel estudiantil de la revolución pingüina del año 2006, la usé para titular una columna, y la repito porque creo que es la que mejor refleja el hastío ciudadano con la política. Mi punto es que ese fracaso político tiene más que ver con la esterilidad del llamado mundo progresista, que con un eco cultural de la derecha o el agotamiento de las utopías.

La derecha de nuestro país, siempre inculta e inmediatista, presumiendo de un pasado glorioso que nunca ha tenido, vive en sus guetos de bienestar y en la administración financiera del país. Lo domina pero no lo habita. Solo reproduce la trama de ‘Los Trasplantados’, esa vieja novela de Alberto Blest Gana, con capataces llenos de doctorados. Idea de patria, cero.

Pero la izquierda, medrosa, distante de sus fuentes críticas y sus historias republicanas gloriosas, se enreda de manera aparente en remedos de discusión política, cuando lo que solo busca es acomodarse para no perder la administración del Estado que, por encargo de los dueños del poder, le tocó. Triste manera de recuperar la democracia.

El ADN de toda política honesta es la coherencia entre lo que dice y hace, independientemente de los errores que pudieran cometer sus líderes.

La coherencia es un genérico que sirve de plataforma al discurso político y a la representación de la sociedad con valores, tanto a la izquierda como a la derecha. La desconfianza ciudadana de los chilenos hacia la política ha aumentado porque perciben claramente la falta de coherencia y la corrupción. Penta, Soquimich, Corpesca o Caval, pueden estar ancladas en la derecha, pero tocan a fondo algunas puertas importantes del mundo progresista y de la izquierda.

Entre ellas, las del Partido Socialista, que hoy se debate entre escaramuzas procedimientales sobre cuál candidato elegir que “encarne mejor” las posturas del partido. No está claro a qué se refieren, dados los bandazos doctrinarios de su accionar.

No quiero aburrir. Con lo dicho creo que basta para mirar candidatos, reinscripción política de partidos o pugnar por un salto adelante. Es verdad que el gobierno moderno es complejo, pero para hacer lo que se debe hacer no se requieren grandes programas sino coherencia, ni grandes títulos académicos sino voluntad. No es por falta de ideas o programas que la gente ha huido de la política, y también de los socialistas. Es por la inconsistencia para construir condiciones políticas para la existencia objetiva de la libertad y de la igualdad a través de una acción coherente.

Nadie sabe que es ser socialista hoy. No existen socialistas puros en el PS, al igual que no hay chilenos que no sean mestizos de alguna migración, temprana o tardía. Ello es algo positivo, a mi juicio. Parte de la otrora “patria joven” de la DC hoy campea en el Comité Central del PS. También los ex militantes del MIR, ex IC (también Patria Joven), ex comunistas, ex radicales, entre muchos otros. Todo en un mix que felizmente terminó con el famoso apelativo “socialista histórico”. Lo que no cuadra, lamentablemente, es que nada de esto ha cuajado en un enriquecimiento conceptual y teórico del PS. Todo se ha pasado por el cedazo de los operadores, las cocinas burocráticas y los puestos en el Estado, muy lejos la sociedad. El Partido Socialista es una organización sin sociedad o, mejor, una red de clientes.

¿Ser socialista es estar inscrito en una fracción o tendencia interna del PS, buscando controlar poder del Estado, o ponerse en vitrina para emplearse con los poderosos?

Un ensayo de respuesta es aceptar que ser socialista es luchar contra los privilegios de la sociedad. Y considerar que la coherencia es el bisturí que disecciona la acción política de quienes se proclaman socialistas, y contar con un instrumento para indagar si ellos realmente luchan contra los privilegios.

Declaro no ser militante socialista, luego que después de 46 años de militancia renuncié el año 2010, para atreverme a sostener que estoy convencido de que el Partido Socialista no soportaría el escrutinio público de la coherencia frente a los privilegios de Chile. Esa es su crisis, y no solamente los yerros y desvaríos de la apreciación política que hacen sus dirigentes. Desde la presidencia hacia abajo se terminó por privatizar el país. Todavía funcionarios públicos le preguntan a Sebastián Dávalos, hijo de Bachelet, si echan o no a una funcionaria de su cargo.

Por cierto, no es simple sostener qué implica luchar contra los privilegios. La definición de privilegio se ha tornado tan ambigua, que se ha vaciado de contenido en una sociedad de valores distorsionados.

Un privilegio es una posición de indebida supremacía frente a los otros. Indebida porque se basa en el abuso, o en la expropiación de derechos, en el desconocimiento de las reglas de la igualdad o equidad políticas (que también son dos cosas distintas pero complementarias para los demócratas) como elementos básicos de la vida social, o simplemente en la falta de control.

Los privilegios reproducen la desigualdad y, por ello, atentan contra el principio de existencia de la democracia misma. Un ejemplo simple: una mente privilegiada –de un niño, por ejemplo– es un hecho de la naturaleza. Por lo tanto, expresa de manera objetiva una desigualdad natural, más allá de la voluntad humana, y que requiere de atención especial para manifestarse plenamente y no ser discriminada. Pero esa atención especial debe expresarse como una necesidad y no como un privilegio. Una educación privilegiada es una creación desigual que hace la política para atender una necesidad social e igual para todos como necesidad. Cuando la educación expresa un privilegio se convierte en un acto relacional y de voluntad de los hombres. La educación de privilegio es un hecho fundado en una acción política discriminatoria, que puede ser explicada incluso por una sobredeterminación de un poder no democrático de la sociedad, pero cuya existencia sobredeterminada no explica ni justifica la inacción e incoherencia de los socialistas respecto de su materialidad cuando no se oponen a ella.

La indebida supremacía que genera el privilegio es un fenómeno de la realidad material, producido por la acción de los hombres y no por la asociación espontánea de circunstancias de la naturaleza, mucha de la cual es hoy incluso algo controlable y mitigable. El privilegio es un artefacto social creado por los hombres, y excluye, por lo tanto, la supremacía natural que podría resultar de la realidad genética de cualquier ser humano respecto de otro. Es algo que lesiona los bienes sociales primarios como la vida, la educación, la salud o la protección social. El darwinismo no convive de manera pacífica con la sociedad democrática sin privilegios y los socialistas chilenos parecen haberlo olvidado.

¿Qué hacen hoy frente a la sociedad de privilegios? La democracia es un sistema de deberes y derechos, individuales y colectivos, creados por el hombre y equilibrados en su base por la igualdad. La igualdad es el más esencial de sus principios, y el primer fundamento de la acción igual es la libertad de los individuos. Nadie se encadena a otros, por derechos y obligaciones recíprocas, para ser un desigual o un esclavo

No quiero aburrir. Con lo dicho creo que basta para mirar candidatos, reinscripción política de partidos o pugnar por un salto adelante. Es verdad que el gobierno moderno es complejo, pero para hacer lo que se debe hacer no se requieren grandes programas sino coherencia, ni grandes títulos académicos sino voluntad. No es por falta de ideas o programas que la gente ha huido de la política, y también de los socialistas. Es por la inconsistencia para construir condiciones políticas para la existencia objetiva de la libertad y de la igualdad a través de una acción coherente.

¿Cuál sería el resultado si se aplicara a los precandidatos a Presidente de la República del Partido Socialista el test de la coherencia en la lucha contra el privilegio? Posiblemente la mayoría, si no todos, tratarían de no tener pasado, ser nuevos, ojalá ser muy desconocidos, pero, aún así, no pasarían la prueba, porque son parte e historia de los privilegios en estos veinticinco años de democracia. Tiempo en que han perdido la idea de país, y el convencimiento de que la conciencia de la igualdad y la lucha contra los privilegios antecede y determina al mercado y sus transacciones. Lo que hoy hacen son negocios y eso los pone muy lejos de su discurso.

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