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La necesidad de políticas públicas para el ocio

por 9 febrero, 2017

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¿En qué momento degradamos al ocio al nivel de “ocioso” o casi de vagabundo, cuando el ocio en la antigua cultura griega era un lujo, por el cual se trabajaba para disfrutar?

¿Cuándo el estado asumirá el descubrimiento de los neurólogos, que el ocio activa en el cerebro interrelaciones que generan altos niveles de creatividad e innovación?

¿Qué nos pasó que empezamos a vivir para trabajar en vez de trabajar para tener ocio, el alimento desarrollador del espíritu humano?

Para comenzar esta columna es imprescindible no confundir ocio con matar el tiempo, evadir el cansancio o enajenarse de nuestro sistema de vida actual, que nos obliga a vivir para trabajar y tener. Aristóteles nos decía: “Del mismo modo que se hace la guerra para tener paz, la razón por la que se trabaja es para obtener ocio”. Éste juega un importantísimo papel en el pleno desarrollo del hombre. Por lo tanto, consideraba que las distracciones y el provecho que de ellas obtenía la persona, van a la par con la elevación del espíritu en dirección al de su perfección humana. Para Platón, el ser humano está intrínsecamente motivado para participar en actividades de ocio. Entonces se debían facilitar oportunidades de entretenimiento a los niños que, de acuerdo con su predisposición natural, tenderán hacia ellas (absolutamente en línea con las tendencias educacionales de hoy que afirman que los niños aprenden jugando, observando, creando, imaginando más que mirando el pizarrón).

La mente en estado de Ocio es como mariposas volando y revoloteando en un jardín, es decir entrelazando sus distintas áreas, biográficas, de conocimientos, sensaciones, sentimientos etc. y de esa interconexión desordenada nace la creatividad; sin embargo, cuando está concentrada, trabajando o estudiando, es como una mariposa en la rama de una planta con sus alas cerradas, dedicada a una sola materia. Con las jornadas laborales o de estudios y el estrés que conllevan, sumado a la costumbre de conectarse a dispositivos electrónicos, al cerebro no le queda tiempo de hacer otro tipo de conexiones, evaluar otros patrones, paradigmas e ideas, en una palabra de ser creativo. Si el conocimiento y la evolución son para Nietzsche un deber biológico, ¿qué estamos haciendo dejando al ocio fuera de nuestra cultura? Por qué Chile en vez de querer crear un “Google” no quiere crear al Súper Hombre de Nietzsche? Es decir, un hombre que posee una fuerza constante de superación y que da sentido al mundo en el que vive, superando el nihilismo actual.

Por lo tanto, no hablamos de algo menor, hablamos de un Chile que si incorpora el valor del ocio a su cultura, podría desarrollar capacidades de innovación, creatividad, felicidad y espiritualidad no conocidas ni imaginadas. Yendo aún más lejos, podemos afirmar que las horas de ocio per cápita serán las cartas credenciales del desarrollo social de Chile alrededor del 2030, al igual que la emisión de gases invernadero per cápita será la carta credencial ambiental y quizás el PIB pasará a tercer plano, ya que mirar el desarrollo de un país sólo en monedas es obscenamente miope.

Otro fuerte argumento para alzar el valor del ocio al lugar que nunca debió haber perdido es el envejecimiento de la poblaciónn: hoy en Chile hay -según cifras de  CIA World Factbook – aproximadamente 1.700.000 personas mayores de 65 años, expuestas a la colosal industria mata tiempo libre, los que pueden pagar los cruceros, tours, desfiles etc. y a la alienante TV, los otros. Si pudiesen cultivar el ocio con sus ventajas de creatividad y desarrollo del espíritu se generaría una cohesión o interacción muy nutrida con las generaciones activas, posiblemente produciéndose un intercambio mucho mayor y enriquecedor de la vida nacional, incluida la de ellos mismos. Desgraciadamente la tendencia no es auspiciosa, ya que la natalidad per cápita está en 1.76 niños por mujer, es decir no supera en número a sus padres, por tanto el envejecimiento de la población es evidente, más aún con el aumento de la esperanza de vida mayor a los 80 años, según la OMS.

De casualidad nos brota otro argumento para alzar el ocio al sitial que le corresponde en el desarrollo del espíritu humano, al ser capaces de practicarlo y alcanzar sus beneficios, quizás: ¿no llegaremos a ser como los griegos que trabajaban para tener ocio?, ¿no creeremos más importante tener hijos que estándar económico?, ya que ese es el argumento esgrimido por los jóvenes para no tener hijos mientras no estén consolidados económicamente, lo que por cierto, es subjetivo.

 Con las jornadas laborales o de estudios y el estrés que conllevan, sumado a la costumbre de conectarse a dispositivos electrónicos, al cerebro no le queda tiempo de hacer otro tipo de conexiones, evaluar otros patrones, paradigmas e ideas, en una palabra de ser creativo.

Entonces es evidente la necesidad de que el Estado tome cartas en el asunto y desarrolle políticas públicas que enaltezcan y fomenten el valor del ocio para el desarrollo del país. Antes de que algunos lectores cierren sus mentes, esto es después de la jornada laboral, tranquilos, no seremos un país ocioso pero, trabajaremos para gozar del lujo del ocio que gozaban los aristócratas griegos. Entendemos que Isaac Newton estaba en estado de ocio cuando sentado debajo de un árbol vio caer la manzana y descubrió la ley de la gravedad, que un poeta inspira su prosa en momentos de ocio, un pintor visualiza su obra en el mismo estado y por ello empresas como Google le dan a sus colaboradores un 20% de tiempo libre, como único camino para la creatividad e innovación. Nosotros - incentivados por CORFO- queremos desarrollar un “Google” de Sur América pero, nos piden sólo resultados económicos y horas de trabajo, nadie nos pregunta de horas creativas de Ocio.

¡Cuánto ahorraría el Estado en programas de innovación y en mejorar la educación si el Ocio ocupara su lugar! ¿Por qué Innova Chile no lanza un concurso de programas de capacitación y políticas públicas de Ocio, y partimos por ahí? Hoy hay universidades europeas que ofrecen doctorados en Ocio y cultura para el desarrollo humano.

Nos atreveremos a terminar estas líneas dando algunas luces del tipo de políticas públicas que debiesen considerarse. En primer lugar, si acordamos que el ocio es un indicador de desarrollo social y vemos el desafío que enfrentamos en incorporarlo a la cultura y educar a la sociedad en su real práctica y sentido, entonces es menester que el Ministerio de Desarrollo Social tenga una Sub Secretaría de Ocio, que además regule la inmensa industria mata tiempo que está creciendo junto al envejecimiento de la población. En la educación, como mencionábamos antes, ir alejándonos de los modelos prusianos y acercándonos al finlandés donde el juego, ocio y libertad en edades tempranas son considerados esenciales para un desarrollo integral de las habilidades del ser humano, entiéndase, artísticas, científicas, humanistas, sensibles, emotivas y tantas otras, todo con el sentido de alcanzar la felicidad y no el premio de la revista Forbes (paradójicamente con una jornada escolar mas corta que la chilena).

En la empresa privada, pensando en voz alta, ¿sería posible después de capacitar a las personas en el ejercicio y valoración del Ocio, facilitarles un 5% de las horas de trabajo aesa lujosa pero rentable práctica? En la política, al igual que hay semanas distritales, que haya horas de ocio, entendidas para bien por la ciudadanía y para provecho creativo por parte de los políticos (por favor pensar solo en la alta política y no en las críticas que tenemos de muchos de nuestros representantes actuales). Qué desafío el que planteamos, volver 2.400 años a Grecia a valorar y enriquecer el espíritu nacional con el Ocio. ¿Será posible? ¡Qué distintas serían las vibraciones de un tren del Metro si en vez de ir todos con Whatsapp o Facebook o juegos, fuésemos pensando, visualizando, contemplando, recordando, tatarateando una canción, una pintura, un recuerdo, a un Dios, a nosotros de niños, al pasajero de al lado, a Chile, una sinfonía un poema etc.! Ese carro o ese tren tendrían la energía necesaria de la reforma educacional. Finalmente, imaginemos los mundos que construirán esas personas al llegar a sus hogares después de esas experiencias de Ocio al compartirlas con sus familias, en definitiva un efecto de enriquecimiento en cadena.

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