aca cierra coment --> Michelle y el nihilismo político - El Mostrador

sábado, 20 de julio de 2019 Actualizado a las 02:24

Autor Imagen

Michelle y el nihilismo político

por 23 febrero, 2017

  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Coincide el retorno a la democracia en Chile con el derrumbe de la URSS y del bloque socialista que se adhería a la ortodoxia marxista inaugurada y sostenida a la fuerza por Stalin. El sueño de transitar pacífica y ordenadamente del estalinismo a un socialismo democrático se perdió, definitivamente, después de Praga y la ex Yugoslavia, con Gorbachov y la Perestroika, dando paso a una recomposición del capitalismo, tanto en Rusia como en el resto de lo que fue el bloque soviético, y al renacimiento de nacionalismos y ortodoxias religiosas que se suponían extirpadas para siempre en el proceso de construcción del Comunismo marxista-leninista. Al parecer, hay zonas del espíritu humano que se resisten a perecer a pesar de la avalancha de información  y propaganda en contra: el sentimiento metafísico y el arraigo a la tierra patria y sus tradiciones culturales y espirituales parecen ser más poderosos que la Razón del Estado, por lo menos en pueblos antiguos con tradición cultural y espiritual ancestrales (el Inconsciente Colectivo de Jung puede explicar muy bien este fenómeno). El gran fracaso de las ideas marxistas y socialistas fue la homologación que se hizo de marxismo con estalinismo. Ser de izquierda era solidarizar con el modelo soviético que había demostrado con creces su criminalidad y su ineficacia en la construcción de una sociedad de bienestar mental y material para las personas. Sin embargo la izquierda optaba por defender a los socialismos reales o desviar la mirada y hablar en voz baja al respecto, para no ser solidario con el discurso anticomunista y banal del imperio estadounidense. Parece que se olvidó que Stalin para llegar al poder tuvo que suprimir en primer lugar a los propios comunistas que formaban parte fundadora de la revolución de Octubre de 1917. De todos modos las predicciones de Trotzky se hicieron realidad: la revolución en un solo país derivó en estado policial totalitario, tremendamente burocrático y luego en imperio que invadió países que habían optado por esquemas distintos de organización democrática y económica. El socialismo real había transformado al Estado en un monstruo todopoderoso que anulaba al individuo y que sólo aceptaba su desarrollo dentro de un modelo que a la vez le impedía su desarrollo. El socialismo real cayó porque no pudo competir con el imperialismo norteamericano, el cual se demostró mucho más eficiente para las masas en el desarrollo económico, militar, tecnológico e ideológico a través de los productos cinematográficos y musicales que difundían por el mundo un estilo de vida liberal y cool, dibujando en las conciencias un modelo de vida que implicaba frivolidad, carencia de análisis, de crítica al sistema y mucho hedonismo. Fundando este gozoso estilo de vida estaba el poder económico que era la señal de triunfo, éxito y felicidad de las personas.

El gran triunfo del capitalismo consistió en someter el pensamiento de las mayorías a través de tremendas maquinas productoras de alienación: los medios escritos y audiovisuales, que no se cansan en ningún instante de repetir y confirmar que la vida plena es un eterno consumo y que ese bienestar sólo es posible en una sociedad de libre-mercado, toda otra opción ya fue superada por la historia y es insensata, populista, demagoga, etc.  Pasábamos del capitalismo ascético de orientación ética protestante al capitalismo hedonista y su subproducto estético y filosófico: la postmodernidad, el fin de las utopías, el fin de los meta relatos, el fin de los discursos totalizantes, el imperio de lo efímero, la era del vacío, la sociedad del espectáculo, una Matrix donde todo lo sólido se desvanece en el aire. Lo que Nietzsche había pronosticado como Nihilismo.

En Chile un conglomerado político de “centroizquierda”, la Concertación de partidos por la democracia, para asegurarse el poder político en colusión con la derecha pinochetista, se desmarca de la izquierda dura, la heredera de la interpretación marxista de la historia y crítica del modelo de economía libremercadista, luego que esta última ya había hecho el trabajo sucio en la lucha por reconquistar la democracia (fue esta izquierda la que enterró más muertos, sacrificó más vida, la que estuvo en la lucha callejera, la que sufrió la mayor represión de la dictadura). Muchos llegados del exilio, con magísteres y doctorados, fascinados con las sociedades de bienestar europeas occidentales y desilusionados de los socialismos reales, llegaron preparados y organizados para dirigir la transición de la dictadura a la democracia.  Al amparo del sector más conservador de la Iglesia Católica se reúnen para pautear con la dictadura un tránsito civilizado a la democracia que implique la segregación de este sector crítico del modelo, sector que se quedaba sin referentes históricos al ver colapsadas las sociedades que idealizaban en su relato. Aparte del sometimiento de este conglomerado a los esquemas constitucionales y económicos de la dictadura militar, siendo el actual candidato Ricardo Lagos genio y figura de este proceso, y que actuó como brazo armado del capital financiero internacional y la oligarquía criolla, se establecieron bases perdurables para el sometimiento de todo el país a los intereses de ese sector minoritario de la población. La suerte estaba echada para Chile. Tal como un tratado de Yalta donde las superpotencias ganadoras se reparten el mundo, dictadura y concertación se reparten el botín-Chile. Pinochet y los grandes capitales parecían decirle a la Concertación: “Hagan elecciones, hagan su congreso, hagan más o menos su democracia, pero sin tocar los intereses de los grupos económicos, pues ellos son el motor del desarrollo, y mantengan a raya a los grupos indisciplinados que promueven representación en la competencia por el poder y que son críticos radicales del sistema”. Y pasaron 27 años y todo sigue igual, el pacto entre capital y política se ha cumplido al pie de la letra.

Ha sido la derecha la que ha gobernado a través de la ilusión de pensar que son otros los que lo hacen. Maestros en el arte del engaño y la manipulación le han hecho creer al país que ellos no son, que son otros los que gobiernan, la izquierda, dicen, es la que gobierna, vean, son ellos los que pueblan con su gente las reparticiones públicas a robar a veces sin ningún disimulo.

Michelle Bachelet pasará a la historia como la que llegó y se fue dejando tras sí un país decepcionado de ella porque no hizo aquello que debió hacer: si no era ahora ¿Cuándo?, si no era ella ¿Quién? Tendremos que seguir esperando que envejezcan y maduren los Boric, Jackson, Mirosevic  y Sharp, que funcione sin divisiones y caudillismos ególatras el Frente Amplio y que no se corrompan como ya lo hicieron muchos que hace 40 años llamaban a la Revolución contra el capital y que hoy ocupan grandes cargos en empresas privadas o en organismos de nuestro fallido Estado.

Alternancia en el poder, se pide, siempre y cuando el poder no se vaya a los grupos que están a la izquierda de la Concertación. Eso implicaría descalabro social, populismo, regresión a fases superadas del desarrollo histórico, estatización, etc. La concertación, actual Nueva Mayoría sumando a un desdibujado y minimalista Partido Comunista cuya función ha sido desmovilizar a estudiantes y trabajadores organizados en la CUT, ha sido el mejor negocio para la derecha económica, pues ha gobernado para ellos a cambio de prebendas, “pasadas”, coimas, financiamiento ilegal y favores laborales: es la norma que ex ministros o personeros de la concertación ocupen posteriormente altos cargos, excelentemente bien remunerados, en la empresa privada, como lobbystas, gerentes, relacionadores o cualquier cargo que sirva de puente entre los intereses privados y el quehacer político y legislativo. Ahora todo lo que suponíamos se ha destapado y se ha verificado mediante escándalos la relación erótica entre políticos y gran capital. Los datos numéricos avalan todo esto: Chile compite con algunos países de lo peor del mundo en cuanto a desigualdad social, el gasto social en Chile mantiene perennemente a las personas en su grupo social a través de una educación adaptada a cada casta, para que no se de mayor movilidad. Así, en un ambiente contaminado por la desconfianza y la decepción,  la mayor parte de los jóvenes no vota en ningún tipo de elección, la banca y los grandes consorcios comerciales tienen ganancias multimillonarias, el poder económico e informativo está en sus mismas manos, la educación pública, la salud pública, la vivienda y los servicios públicos son de pésima calidad mientras la esfera de lo privado, que satisface las mismas necesidades de todos, pero sólo a un diez por ciento de la población, está en niveles de lujo y ostentación que resultan una ofensa moral a la dignidad del  90% de los chilenos. Una ley reservada del cobre ha dejado a las FF.AA. en un estado de satisfacción armada que las mantiene tranquilamente aliadas del sistema. Inequidad, corrupción, ineficiencia en la gestión pública, eficiencia en el manejo macroeconómico que beneficia sólo a los grandes capitales, repartición de puestos entre sus correligionarios, robos escandalosos, sobresueldos, cargos de fantasía y un largo etc., son el síntoma claro que la Concertación engañó al pueblo chileno, que no tiene bases éticas sustentables, que fue colonizada (o clonada) ideológicamente por el neoliberalismo de derecha y que ya no tiene nada que ofrecer al pueblo chileno, sólo escándalos, mala conversación, nihilismo y alienación. La miseria de la Nueva Mayoría es la de la Concertación y es la de Chile Vamos, es la miseria de la política chilena, es la miseria moral que gran parte del pueblo chileno ve como un espectáculo vergonzoso donde el pensamiento y la cultura se mantienen alejados de los discursos públicos, llenos de charlatanería y mala fe, donde a través de los medios sólo vemos una sociedad descompuesta en los noticieros y luego evasión en las pantallas donde sólo se representa caricaturescamente el espectáculo de la alienación: el lado cocacolizado de la vida.

¿Qué es lo que se nos ha develado en toda su transparencia?

El nihilismo: la nada que envuelve los conceptos y los valores que se nos habían impuesto. La Metafísica de la Nación y su ideal ilustrado de democracia han muerto asesinados por sus próceres materiales: la miseria espiritual, el hambre y la sed de pertenencia a la tierra donde se ha nacido y que aparece separada, ajena, alienada por las faltas de coherencia entre el relato del poder y sus acciones carcomen nuestra consciencia. Pareciera que para los poderosos nuestra tierra es sólo un producto comercial, un campo de materias primas a la mano para la explotación abusando de un pueblo ignorante y enajenado. Ya no se puede creer en el discurso del poder. El Estado chileno se manifiesta transparentemente como una herramienta de clase que tiene como misión política fundamental defender el poder económico de un grupo de familias, asegurándoles las leyes y estructuras para la explotación del territorio. Estas familias y sus intereses están por encima del Estado y tienen fuertes alianzas económicas, es decir, de poder, con poderes mundiales dueños y digitadores del devenir político y económico del mundo.

Hemos llegado rápidamente al mundo que denunció Salvador Allende: un mundo donde las transnacionales aliadas a las oligarquías locales gobiernan detrás de los Estados, manejando las redes comunicacionales, la educación, las instituciones reproductoras de la cultura dominante y vigilando los acontecimientos para que no se les escapen de las manos. Ellos han quedado al descubierto y ahora trabajan en la negación. La negación de la negación para volver a hegemonizar la vida colectiva. Se habla de Nueva Constitución, es decir, se niega la actual, pero el proceso que se sigue no permite los cambios: negación de la negación sin dialéctica, sin superación de la contradicción. Se habla de “escuchar a la gente”, pero se hace sin considerar el fondo de lo que se exige y reclama. Así cuando hay gente que aún confía y cree en los procesos electorales periódicos como forma de evolución política, Bachelet les viene a gritar, en medio del fuego y del humo que ha asolado los campos de monocultivos, que hay discrecionalidad y arbitrariedad en su manejo de la cuota de poder que los votos le dieron y que nada importa a la hora de instalar a sus preferidos en instituciones cuya misión es proteger los intereses del país y no de grupos particulares, invirtiendo el verdadero sentido de las cosas, invalidando el cargo que le dieron los votos. Eso lo podemos llamar Nihilismo Político: una secuela fatal del proceso de descomposición moral que el neoliberalismo, desarrollado por los gobiernos concertacionistas, ha provocado en nuestra sociedad: ya nada tiene valor, ahora todo tiene precio; la lógica mercantil ha colonizado todos los aspectos de nuestra vida social y el dinero asegurador de consumo y prestigio social es el canon que mide el éxito de las personas. Así la clase política tradicional, incluyendo a los comunistas post-comunistas chilenos, se acomodan a las actuales lógicas del poder político-económico transformando el quehacer político en retórica vacía que busca ocultar la opción por los ricos que hace tiempo adoptaron.

Nihilismo Político: el discurso perdió valor, las elecciones perdieron valor, los políticos perdieron valor, las autoridades sólo reflejan la carencia total de contenido y ética en sus alocuciones que sólo buscan esconder la mentira institucionalizada y la permanencia en sus situaciones de privilegio deslegitimadas desde una lógica democrática real.

Nihilismo es la pérdida absoluta del valor de los valores. Los valores los entendemos como aquellas características, virtudes, fortalezas y cualidades que nos hacen apreciar y querer a las personas. Nuestra política actual ha perdido valencia y valor. La política actual y sus representantes han perdido las virtudes y fortalezas que llevaron a la ciudadanía y las masas populares a luchar por la democracia. Si la dictadura de Pinochet hubiese dado bienestar económico a las mayorías y seguridad ciudadana, aún sin elecciones periódicas y los rituales democráticos, mi hipótesis es que las masas la habrían preferido a la actual democracia y sus corruptos representantes, donde Michelle Bachelet tiene un lugar protagonista. Ya no puede obviar que su pre-campaña y campaña fueron financiadas de un modo ilegal por empresas enemigas de los ideales democráticos, Peñailillo y Martelli por medio; incluso sin considerar a la empresa brasilera OAS y la actual investigación a Odebrecht, no se pueden obviar los antecedentes públicos acerca de SQM, sumados al nepotismo y la falta de racionalidad y respeto a sus electores y al país entero con sus nombramientos en la colonización política de organismos destinados a controlar, precisamente, el actuar de los políticos. Actualmente el SII, la Contraloría y la Fiscalía Nacional demuestran tener como misión proteger a los corruptos y evitar que las investigaciones concluyan de un modo efectivo con los culpables y las condenas respectivas de acuerdo a sus faltas, por lo menos si se trata de políticos de la Concertación. Esto también es nihilismo: las palabras se vaciaron de su contenido y hoy los conceptos de Justicia, Democracia, Nación, Patria y otros aparecen vacíos y carentes de peso emocional. ¿Ésta es la democracia? ¿Ésta es la justicia? ¿Este territorio propiedad de pocas familias es una Nación?

¿Existe en las actuales circunstancias alguna esperanza de recomposición de los valores democráticos, una puerta de salida del Nihilismo Político?

El diagnóstico no parece optimista, pues no se vislumbra aún una alternativa fuerte de izquierda auténtica y democrática, una alternativa popular, que logre en forma rápida y sostenida los cambios sociales necesarios que garanticen que la riqueza que se genera con el trabajo de los chilenos sea invertido en cultura, educación, salud y bienestar material y mental para todos. No faltan los recursos, sobra egoísmo y mala fe. Es en este momento histórico donde se requiere un esfuerzo teórico y social que lleve a los sectores medios y bajos al poder político y que haga los cambios necesarios. Hay que coincidir en un programa que con plazos precisos lleve a cabo los cambios constitucionales y económicos que desalojen del sillón del poder a las minorías políticas y económicas que hasta hoy lo han monopolizado. Este momento es un momento que da la oportunidad de definir posiciones y programas avalados por  un gran descontento social, pero tiene el peligro de ser contaminado por los oportunistas de siempre y los camaleones que en su conquista por el poder se disfrazan con los colores de moda y engañan y traicionan la voluntad de  la ciudadanía. En el actual estado de cosas, con un 80% que rechaza al gobierno, a la Presidenta, con una clase política absolutamente desprestigiada bordeando el 90% de rechazo, con unos candidatos a la presidencia que representan la continuidad de la tragedia, se hace imposible alimentar demasiada esperanza. Guillier ya dijo que es concertacionista y que buscará acuerdos con la derecha en su hipotético gobierno, o sea, más de lo mismo, aparte de una carencia total de relato, hasta el momento, sólo declaraciones de lugares comunes de la política, como lo hacía Bachelet, decir sin decir, cantinfleo político vano y obscenamente vago.

Piñera, por su parte, representa la decadencia valórica y moral de nuestra clase política-empresarial, un hombre asociado a las peores prácticas de enriquecimiento, prófugo de la justicia en algún momento de su carrera por el “éxito”, aprovechador de información reservada, obsesionado con el dinero y el poder al punto de sortear las leyes y normas mínimas del mercado que dice defender, muy torpe al momento de ejercer prácticas para ganarse el cariño popular. Y lo que habla pésimo del nivel intelectual de los chilenos, de su juicio moral y sus recursos analíticos y cognitivos, es que éste candidato paradigmático del juego sucio va primero en las opciones presidenciales. Así, entre una presidenta sin discurso, tardía en reacciones, lenta para interpretar la nueva sociedad, problematizada emocionalmente y  gobernando de acuerdo a su emocionalidad trastocada, haciendo a todo el país testigo de sus arrebatos políticos, absolutamente alienada respecto de los fundamentos de su posición, tenemos a dos candidatos cuya promesa real es no hacerlo tan mal como se hace hoy, pero gobernando con los mismos, manteniendo la misma correlación de fuerzas y la misma estructura económica actual, con una nueva retórica adornada de simpatía por las demandas populares  y un estilo más apropiado para la nueva representación. Tal vez con una nueva-vieja constitución y nuevos-viejos rostros en los centros de poder, los de los hijos, hermanos, yernos o nueras de los actuales rostros.

Michelle Bachelet pasará a la historia como la que llegó y se fue dejando tras sí un país decepcionado de ella porque no hizo aquello que debió hacer: si no era ahora ¿Cuándo?, si no era ella ¿Quién? Tendremos que seguir esperando que envejezcan y maduren los Boric, Jackson, Mirosevic  y Sharp, que funcione sin divisiones y caudillismos ególatras el Frente Amplio y que no se corrompan como ya lo hicieron muchos que hace 40 años llamaban a la Revolución contra el capital y que hoy ocupan grandes cargos en empresas privadas o en organismos de nuestro fallido Estado. Parece ser, una vez más, tiempo de espera y paciencia. Mientras tanto, cuando los incendios aún no se apagan del todo, cuando el olor del humo recorre las quebradas y los campos, Michelle puso a su amiga Javiera en el CDE y partió de vacaciones y, como decía Nietzsche a propósito del Nihilismo, “el desierto avanza”.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director

¿Y la música cuándo?

Envíada por Miembros de la Asociación de Directores de Educación Musical | 19 julio, 2019

Cartas al Director

Noticias del día

TV