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Abandonar la trinchera

por 9 marzo, 2017

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Como un intento por darle cierto cauce más allá de lo pragmático a la contienda presidencial que se avecina, dos experimentados políticos y cuatro connotados académicos publicaron hace pocas semanas un texto que llamaron “Manifiesto por la República y el buen gobierno”. Como se lee en la bajada de título, el principal objetivo de las 14 páginas es invitar al lector a pensar la política, lo que constituye un desafío no menor en tiempos en que ella se encuentra capturada por la inmediatez.

El texto va dirigido –sobre todo– a la derecha. La idea es ofrecer un sustento teórico al trabajo programático que Chile Vamos ya está realizando, de manera que el eventual programa de gobierno que convoque y aúne al conglomerado no sea un mero conjunto de propuestas políticamente descoordinadas. De esta forma se busca superar la ineptitud política que caracterizó al último gobierno de derecha, que se puede resumir en su incapacidad de responder con éxito una serie de preguntas fundamentales: ¿Qué se pretende con el poder? ¿En qué país se está pensando cuando se propone tal o cual medida? ¿Se van a justificar las políticas públicas en algo más que la eficiencia? ¿Cuál es la noción de justicia sobre la cual se sustenta todo lo que se está haciendo en materia de educación, vivienda, economía?

Lo anterior es una razón de sobra para esforzarse por leer un texto como el que comentamos. Sin embargo, hay más. La conocida pasión de sus autores por la política los llevó a redactar reflexiones que rebosan los tintes partidistas. Hay, por decirlo de algún modo, una retórica de Estado que supera a la derecha y a la izquierda, y de la cual se debieran nutrir –lógicamente– tanto la derecha como la izquierda.

La conocida pasión de sus autores por la política los llevó a redactar reflexiones que rebosan los tintes partidistas. Hay, por decirlo de algún modo, una retórica de Estado que supera a la derecha y a la izquierda, y de la cual se debieran nutrir –lógicamente– tanto la derecha como la izquierda.

El Manifiesto, en este sentido, significa una interpelación a Chile Vamos pero también a la Nueva Mayoría y todos los demás sectores políticos que hoy están surgiendo. Esto se advierte con claridad en las reiteradas alusiones a “aquello” que nos pertenece a todos. Se apunta a una serie de conceptos –comenzando por el de República– que los autores del Manifiesto consideran el mínimo desde el cual debe nacer todo intento por pensar en Chile, independiente del espectro político desde el que se le mire. En otras palabras, es una invitación a abandonar la política cortoplacista y de trinchera; desafío indispensable si se quiere superar la crisis política actual. Desde luego, esto implica dejar de lado ciertos planteamientos reduccionistas y extremadamente maniqueos que hoy imperan en nuestra discusión democrática. No se trata, en todo caso, de abandonar u obviar las diferencias –y a eso tampoco apunta el documento– pero es difícil avanzar hacia un Chile mejor si se sigue sosteniendo, por ejemplo, que lo público se agota en el Estado o que el mercado es sinónimo de la sociedad civil.

Detrás de todo esto palpita la convicción de que hay “algo” que nos une y que es mayor a todas las disputas. Que tenemos una historia, tradiciones, costumbres e instituciones comunes que configuran una identidad nacional que debe estar por sobre las discusiones contingentes. Que, en definitiva, existe un país que llamamos Chile y cuyo futuro no podemos arriesgar a costa de pequeñeces políticas. Esta interpelación se podría resumir en un llamado a volver a la política de verdad: aquella que se preocupa, antes que todo, de la República.

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