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Por un acuerdo parlamentario amplio: cuando el tiempo nos da la razón

por 29 julio, 2017

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"La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede", nos señalaba a mediados del siglo XX el genial novelista, poeta y ensayista inglés Aldous Huxley.

Por cierto, la experiencia no lo es todo, ni posee en sí mismo un valor ético o imperativo universal supremo. En ocasiones, tanto o más valioso que la experiencia suelen ser el ímpetu, indignación y arrojo (incluso arrogancia) del influjo natural propio de generaciones nuevas que se revelan a las injusticias sociales y deudas pendientes de las generaciones que las antecedieron. De nuestras generaciones. Aparentemente acá pudiese existir un abismo incontrarrestable, a lo menos una tensión permanente entre supuestos dos mundos que luchan por un mundo distinto, mejor pero distinto. El caso es que no siempre es tan simple el problema ni tan evidentes sus respuestas.

Pues bien, nosotros entendemos que la experiencia de vida, esa de lucha (incluso la que va más allá de la experiencia política), no tienen por qué ser contraria a los aportes surgidos, por ejemplo, desde los potentes movimientos sociales del 2011. Es cierto, tenemos historias comunes con quienes hoy ostentan el poder y reniegan de cualquier cambio al sistema imperante; desde distintas trincheras dimos la batalla juntos muchos años, desde tiempos de dictadura (los peores años) en las aulas, en las barricadas y también en las organizaciones comunitarias; años en los que se arriesgaba la cárcel, el exilio o la vida.

También es innegable el hecho de que continuamos esa historia común en el complejo proceso histórico llamado transición a la democracia y en la conformación de la extinta Concertación de Partidos por la Democracia. Jamás renegaremos de esa historia, con sus luces y sombras formaron y formarán parte de nuestras vidas, con lo bueno que se hizo en su momento (avances hubo y muchos) y con los errores cometidos (en cada contexto acaecido). Llevamos a cuesta triunfos y derrotas pero no hemos perdido la fuerza ni la integridad para luchar por una sociedad más justa.

Pero hay algo que no se nos podrá reprochar jamás: fuimos nosotros los primeros en denunciar los casos de corrupción programática de nuestros ex camaradas, amigos y/o compañeros que abandonaron el sentido que nos convocó; les hicimos saber del desvío en el camino ofrecido a la ciudadanía a finales de los ochenta. Fuimos nosotros, un grupo de dirigentes progresistas los que en su momento declaramos con fuerza la descomposición moral de nuestros conglomerados. Fuimos nosotros quienes renunciamos al poder teniéndolo (imagino lo fácil que debe ser hacerlo luego de perderlo).

Al Frente Amplio le falta ser verdaderamente amplio. Hoy representa sólo una facción de un gran sector del cual formamos parte regionalistas, progresistas, ecologistas, grupos por la asamblea constituyente y un sinnúmero de otras expresiones políticas y sociales posicionadas a lo largo de nuestro territorio.

Fuimos nosotros quienes anticipamos la profunda crisis que se venía al no separar el dinero de la política. Fuimos nosotros los que nos fuimos con las manos limpias. Fuimos nosotros quienes rompimos con los partidos de toda una vida porque ya no respondían a los ideales fundantes sino que a perpetuar sus cuotas de poder. En mi caso, romper el 2008 con el partido que me acompañó desde mi nacimiento gracias a las enseñanzas de mi padre; y cuyos ideales humanistas y cristianos mantengo y mantendré en lo que me reste de vida.

El tiempo muy raras veces nos da la razón y afortunadamente no nos equivocamos ni aquella vez ni lo hacemos hoy.

"El buen juicio nace de la buena inteligencia y la buena inteligencia deriva de la razón, sacada de las buenas reglas; y las buenas reglas son hijas de la buena experiencia: madre común de todas las ciencias y las artes" señaló el enorme Leonardo Da Vinci.

Ya a inicios del 2016, por diversos medios, incluso por este, nos dirigíamos a los dirigentes de todos los partidos progresistas (Revolución Democrática, humanistas, liberales, ecologistas, progresistas, y una serie de partidos regionalistas), con la intención de aunar esfuerzos para luchar contra la maquinaria partidista de la derecha y la Nueva Mayoría, en un contexto previo a las elecciones municipales. En aquel momento hicimos un fuerte llamado para unir a todas las sensibilidades progresistas ajenas al duopolio para propiciar un nuevo eje en pro del diálogo democrático, buscando abrir nuestro sistema político a emergentes expresiones políticas y ciudadanas que oxigenaran y permitieran un recambio real del esquema de poder actual. "Debemos generar la fuerza necesaria para viabilizar este plan común y el espacio que tan evidentemente aparece frente a nuestros ojos", advertíamos en ese momento. Pocos comprendieron la pertinencia y oportunidad histórica de tal acuerdo; otros en cambio no emitieron respuesta alguna.

No somos de los que creemos que los resultados electorales del Frente Amplio en las elecciones primarias pasadas fueron tan precarios. No nos sumaremos a la denostación de la derecha y la NM. Evidentemente no fueron los óptimos en relación a la enorme visibilidad mediática que tuvieron, pero ciertamente da cuenta de un interesante esfuerzo con avances concretos en un corto tiempo. No obstante, pensamos que lo que justamente carece el FA es de la amplitud necesariamente reflejada en la serie de miradas progresistas que aportan otros sectores, hoy excluidos de esta construcción. En otras palabras, al Frente Amplio le falta ser verdaderamente amplio. Hoy representa sólo una facción de un gran sector del cual formamos parte regionalistas, progresistas, ecologistas, grupos por la asamblea constituyente y un sinnúmero de otras expresiones políticas y sociales posicionadas a lo largo de nuestro territorio.

No decaeremos en nuestros esfuerzos. Hacemos el llamado una vez más: Chile requiere de nosotros actuando en unidad, con una gran lista parlamentaria que enfrente de igual a igual a la derecha y a la NM. Debemos desembocar en un gran acuerdo político que derrote al duopolio, que le infrinja al menos una gran derrota parlamentaria. En ustedes y en nosotros hay mucha autoridad política y moral. Lo que estamos arriesgando al no pactar ahora (aunque sea por omisión) es una enorme e inexplicable pérdida de eficacia política electoral.

Ustedes son dirigentes nobles, demócratas y llenos de proyectos para el beneficio del país. Pues bien, nosotros somos políticos con experiencia que renunciamos al poder y que denunciamos los abusos y corrupción en que incurrieron nuestros ex aliados. Ustedes tienen un interesante posicionamiento urbano en comunas como Ñuñoa, Santiago o Providencia; pues bien, nosotros tenemos una vida de trabajo en los territorios, comunas y pueblos de nuestro país; conocemos la ruralidad, así como las necesidades y recursos de nuestra gente.

En tiempos de profunda descomposición de los conglomerados políticos tradicionales y de creciente descrédito de instituciones tradicionales (ejército, carabineros, iglesia o un sector empresarial coludido) resulta de suma relevancia proponer alternativas de asociatividad y acción política colectiva que ofrezca alternativas a estas lógicas imperantes. Atendiendo a su historia y a la nuestra, una vez más, me permito hacerles esta petición: llegó la hora, unámonos por el bien de Chile en un gran acuerdo parlamentario, manteniendo cada cual su preferencia en materia presidencial.

Por nuestra parte no nos vence la inmovilidad. Con la finalidad de concordar un pacto parlamentario con miras a las elecciones de noviembre próximo, este es un camino que ya emprendimos como Federación Regionalista Verde Social, en alianza con el Partido PAIS e iniciando un acuerdo con el PRO.

Lo que buscamos con esto es invitar e incorporar en un acuerdo parlamentario a otros referentes progresistas ajenos al duopolio y a movimientos sociales representativos que consideren que los cambios que Chile requiere, (como la eliminación de las AFPs, aumentos ahora de las pensiones, descentralizacion real, Gobernadores Regionales electos, nueva Constitución, cambio del modelo extractivista con un nuevo pacto socioambiental, etc). Para esto necesitamos de la fuerza y compromiso de todos y todas, sin exclusión de ningún tipo.

Los esperamos entonces.

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