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Una salida administrativa de la crisis política

por 8 agosto, 2017

Una salida administrativa de la crisis política
Esta crisis debiera servirnos de lección a todos y sus enseñanzas debieran ser parte de los cambios profundos que estamos haciendo en educación, exigiendo a los organismos intermedios que preparen a sus cuadros con rigor, que nadie se diga sueltamente democratacristiano o socialista sin haber conocido la riqueza del pensamiento que expresan algunos autores en textos clásicos que sostienen su ideología. No nombro a los comunistas, porque basta escuchar a Karol Cariola para percibir que por allí pasó la escuela del Partido.
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Resulta inevitable tener distintas lecturas de lo acontecido con la Democracia Cristiana y sospechas de sus contradictorias resoluciones, porque uno no sabe si están defendiendo un ideario histórico que otorgue identidad  al Partido y lo ubique con vista a la izquierda pero con los pies apuntando a la derecha, o se trata de un cálculo político aterrador que solo pretende  reposicionar una candidatura concebida para perder, convirtiendo a una prestigiosa tienda de retail en una boutique de artículos seleccionados, finos y caros.

Porque el mensaje es claro. No soportan formar parte de un conglomerado donde participen los comunistas. Algunos se preguntan en qué momento vinimos a caer en la Nueva Mayoría con un Programa de Gobierno que ni alcanzamos a leer, lo que es una irresponsabilidad cuando se asumieron ministerios y diversos cargos en la administración del Estado cuoteados rigurosamente.

Entonces estamos ante una discriminación, un bullying político, que ha sido asumido con esa paciencia infinita que exhiben los viejos comunistas. Porque desde la DC nadie se esfuerza por denunciar las acciones concretas que justifican su malestar, sino que, contrariando a Maritain, terminan por juzgar el alma de quienes piensan de ese modo. Sin considerar “que la tarea política es esencialmente una tarea de civilización y de cultura, que se propone ayudar al hombre a conquistar su auténtica libertad de autonomía o independencia” y quienes cultivan sus miedos difícilmente pueden seguir a Maritain.

Esta crisis debiera servirnos de lección a todos y sus enseñanzas debieran ser parte de los cambios profundos que estamos haciendo en educación, exigiendo a los organismos intermedios que preparen a sus cuadros con rigor, que nadie se diga sueltamente democratacristiano o socialista sin haber conocido la riqueza del pensamiento que expresan algunos autores en textos clásicos que sostienen su ideología. No nombro a los comunistas, porque basta escuchar a Karol Cariola para percibir que por allí pasó la escuela del Partido.

Hoy más que nunca es necesario multiplicar las instancias de participación y formación, en todos los niveles de organización de masas. Hay que revivir las escuelas dominicales, la larga formación preparatoria de primera comunión, la disciplina del scoutismo y su réplica en los pioneros, las juventudes políticas y los sindicatos. En la derecha, bajo el legado de Jaime Guzmán, tienen muy claro que las escuelas de cuadros no son cosa de comunistas sino una forma de hacer circular y refrescar el pensamiento para fundamentar la acción de cada conglomerado político.

La crisis de la DC, resuelta administrativamente, tiene un eslabón oculto, que es colocar la unidad del Partido como principio fundamental sin menoscabar la defensa de una víctima de violencia intrafamiliar, teniendo el tino, a su vez, de que no parezca un aprovechamiento político y, por tanto, debiera haber reparación por haber amparado el agresor durante tanto tiempo. Nuestra conciencia colectiva lo exige, mientras expiamos la culpa linchando a ese estúpido paramédico de Viña del Mar.

El problema entonces se reduce a que, si los comunistas continúan en la Nueva Mayoría, habrá que buscar el camino propio, definición política que no se reduce a gobernar solos, porque, si bien eso ocurrió, al mismo tiempo uno de sus líderes, Radomiro Tomic, impulsaba la “unidad política y social del pueblo". Tampoco se trata de enarbolar las ideas de la izquierda pero sin esta, programando cambios estructurales, aunque al ritmo de despacito, inventando una centroizquierda que se define en oposición a la derecha, pero no dando un paso sin obtener su consentimiento.

Es decir, alejándonos de un hacer la política estableciendo alianzas en torno a un propósito común con todos aquellos con que tengamos convergencias y también diferencias, porque, por favor, las alianzas políticas no son para aumentar el número de conversos sino para aprender a interactuar con los diversos.

La crisis de la DC, resuelta administrativamente, tiene un eslabón oculto, que es colocar la unidad del Partido como principio fundamental sin menoscabar la defensa de una víctima de violencia intrafamiliar, teniendo el tino, a su vez, de que no parezca un aprovechamiento político y, por tanto, debiera haber reparación por haber amparado el agresor durante tanto tiempo. Nuestra conciencia colectiva lo exige, mientras expiamos la culpa linchando a ese estúpido paramédico de Viña del Mar.

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