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Deshonestidad

por Gustavo Adolfo Cárdenas Ortega 15 septiembre, 2017

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Señor Director:

Lo que de verdad resulta abismante en la torcida urdimbre del escándalo que ha venido en denominarse copy-paste, aparte de poner en evidencia la manera irresponsable, dispendiosa y reñida con normas mínimas de decencia en el uso y aprovechamiento de ingentes recursos públicos, es la constatación de cómo el dominio de la vida pública hoy está regido por el imperio de la deshonestidad.

Por un lado, sujetos que gozan de privilegios inauditos en la sociedad chilena, que están casi en todos los respectos muy por sobre los ciudadanos comunes y corrientes, que han llegado a conformar algo bastante semejante a una casta: esto es, los congresistas; y por otro, personas atiborradas de singulares y exclusivas calificaciones académicas, de postgrados en toda suerte de universidades chilenas y extranjeras, muchos de ellos conseguidos con becas u otros mecanismos de financiamiento público: es decir, los autores de los informes fraudulentos, incurren mancomunadamente en una colusión implícita para captar cuantiosos recursos públicos de modo fácil y expedito, sobre la base de que son amigos, pertenecen a un determinado partido político o bien son recíprocamente acreedores y deudores de favores y prebendas.

Este esquema de comportamiento en la vida pública no puede sino provocar indignación, frustración y desaliento. En un país acuciado por tantas y urgentes necesidades de todo orden, con millones de personas que malviven o apenas sobreviven, con empleos precarios e improbables, pensiones insultantes, salud escasa, educación escolar elitista, formación superior de calidad sólo prometida, cohesión social no mucho más consistente que un discurso pródigo en palabras de moda y mal hilvanado; resulta en verdad inaceptable la frivolidad y falta de pudor con que se conducen en estos asuntos muchos de los representantes. Todo ello configura una situación que ofusca la consciencia moral y da cuenta muy expresiva del verdadero abismo espiritual que separa a esos dirigentes de la realidad cotidiana de miles de personas que, cada cuatro años, son objeto del más burdo asedio y adulación por esos mismos dirigentes embriagados de poder, para capturar sus votos.

Esta incómoda realidad, que cada cierto tiempo asoma implacable en el escenario de la vida pública, es otro síntoma nítido, doloroso, difícil de desmentir, de la profunda crisis moral que aflige a nuestro país; es una muestra palmaria de que la estela seductora de la deshonestidad campea hoy en el espacio público chileno, es el valor superior que inspira y guía las conductas de muchos dirigentes, y es el derrotero ejemplar más preclaro que estos le están enseñando a las nuevas generaciones como modelo de comportamiento.

Desde el punto de vista moral, de los valores, de la integridad, de la decencia, ¡qué clamorosamente perturbador resulta comprobar el país que se ha construido en las últimas décadas!

Gustavo Adolfo Cárdenas Ortega

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