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La derecha social: la derecha justa

por 3 enero, 2018

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En los años cincuenta y sesenta se acuñó el concepto de la “derecha socialista”, un puñado de agrarios del Maule, que poseía un concepto de ‘comunitarismo’ que velaba por intereses colectivos del mundo agrario, exigiendo la presencia del Estado, pero en realidad al final del día era nada más que la defensa de los intereses de los gremios de la agricultura.

En plena campaña para las primarias de Chile Vamos, junto al senador Manuel José Ossandon, acuñamos el concepto de luchar por una “derecha social”, es decir transportar los valores e ideas de la derecha clásica que han funcionado por ejemplo en asuntos económicos y llevarlo a materias más específicas como la realidad que viven los chilenos dia a día.

Aunque en otro contexto, hemos sido catalogados de “derechistas socialistas o de izquierda”, ya que nuestras banderas no corresponden al “deber ser” de alguien de derecha. Vaya error.

La trayectoria del senador Ossandon -especialmente como alcalde- reflejó que desde nuestra óptica social-cristiana, una derecha social realza los valores de la auto superación, del mérito, pero algo muy importante y que ha sido la eterna asignatura pendiente de la derecha chilena: poner al Estado como parte de la ecuación para lograr un país Justo.

A la derecha más que faltarle relato, le falta una emoción que perseguir, un sueño de país que construir. La derecha social significa responder a la mayoría de personas y familia de nuestra sociedad, que buscan alcanzar garantías en materia de salud, educación y seguridad.

Las familias chilenas, van tejiendo sus redes a base de sus necesidades más inmediatas ¿Qué identidad le entrega la actual derecha a ese segmento de la sociedad?, absolutamente ninguna.

A la derecha más que faltarle relato, le falta una emoción que perseguir, un sueño de país que construir. La derecha social significa responder a la mayoría de personas y familia de nuestra sociedad, que buscan alcanzar garantías en materia de salud, educación y seguridad.

En esta segunda vuelta, fuimos capaces de hacer confluir ideas liberales, que a veces o siempre menosprecian el valor del Estado. Nosotros pudimos darle realce al valor estratégico que tiene la gratuidad en la educación, que es la mejor inversión a la larga data para la superación de la pobreza, supimos romper el velo del dogma economisista y establecer un criterio de justicia social, bandera arrebatada por la izquierda y abandonada por la élite de la derecha clásica.

A veces, a todo lo que se relaciona con el estatismo, se la caricaturiza con que es un socialismo alambicado, en nuestro caso y a diferencia de lo que ocurría en Los cincuenta y sesenta con la añeja “derecha socialista”, nosotros perseguimos un objetivo global, pero con rostros y nombres, a diferencia de las ideas de las derechas económica o liberal, que persigue fines globales, pero profundamente inasibles, que no tienen un arraigo personal o familiar.

¿Nuestro desafío? Hacer carne el principio de servicialidad del Estado, poner la política al servicio de las personas y su familia, especialmente en países en vía de desarrollo, acabar con la pobreza y las injusticias y tener el coraje de revisar nuestras instituciones y leyes, no desde la provocación e irresponsabilidad que propone la Izquierda, sino desde la visión de lo que es justo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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