sábado, 11 de julio de 2020 Actualizado a las 10:13

Cambio climático: los verdaderos datos duros II

por W. Douglas Pollock V 22 enero, 2018

  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Señor Director:

Otro grave sesgo lo constituye el “efecto urbano”, error sistemático acumulado desde el inicio de la era industrial (1950) en el que los ajustes realizados a temperaturas de zonas rurales —que son más frías— para hacerlas consistentes con temperaturas urbanas —que son mayores—, se mantuvieron después que esas zonas rurales se convirtieran en urbanas debido al crecimiento demográfico. Las investigaciones de este efecto fueron hechas por Ross McKitrick, Ph.D. economista ambiental y de análisis de políticas públicas canadiense; Stephen McIntyre, canadiense de la misma profesión y experto en análisis y discusión de datos climáticos y Anthony Watts, meteorólogo norteamericano creador del sitio web más importante del mundo sobre cambio climático “WUWT” y fundador del Surface Stations Project, todas investigaciones revisadas por pares y que han concluido que la temperatura terrestre desde la época preindustrial, (eliminando los mencionados errores), ha subido a lo más 0.3 a 0.35 °C. Adicionalmente, se logró la consistencia entre las mediciones terrestres con las satelitales a partir de 1979, al contrario de lo hecho por las agencias nombradas, las que sistemáticamente han comparado “peras con manzanas”.

El documento referido en el artículo del ex ejecutivo de la ONU, al igual que los informes del IPCC, consideran al CO2 como la principal forzante radiativa (propensión al aumento de la temperatura) en el aumento de la temperatura global. Esta hipótesis es falsa y se demuestra de varias maneras, todas científicas y con sólo una le basta a la ciencia para concluir sobre su falsedad.

En primer lugar, si bien el CO2 es un GEI, su efecto secundario de “acelerar” el aumento de la temperatura o feed-back positivo, como lo llama el IPCC en su “ecuación fundamental de sensibilidad climática”, es en realidad fuertemente negativo. Ese organismo sostiene que el feed-back positivo o el efecto secundario producido por el aumento del vapor de agua, multiplica por tres la temperatura inicial causada por el sólo efecto en el aumento del CO2. Sin embargo, tanto la evidencia empírica como las leyes de la física —Stefan-Boltzman— indican lo contrario, es decir, que la temperatura, en vez de aumentar luego del incremento inicial de la temperatura debido al aumento del CO2, disminuye. Las investigaciones de Lindzen-Choi, CERES de NASA (Net Cloud Radiative Effect), Hadley Observatory (Radiosonde record Synthesis and Assessment Report 1.1), Pinker et al, Paltridge et al, Song-Wang-Tang, Herman Harde et al y otros, demuestran terminantemente que el feed-back es negativo. Todos prueban que, al aumentar la temperatura, la radiación infrarroja o de onda larga devuelta al espacio también aumenta, produciéndose un enfriamiento de la atmósfera. En relación a la ley de Stefan-Boltzman, ésta no aparece en ninguna de las 2.600 páginas de los informes AR3 y AR4 del IPCC, así como ninguna referencia a las investigaciones señaladas, todas revisadas por pares.

Pero el Director en Kenia de la UNEP nos indica lo opuesto, lo que no ocurre: que al aumentar el CO2, la radiación infrarroja saliente al espacio disminuye, la atrapa el CO2 en la alta atmósfera y, desde allí y gracias a una reacción mágica entre ese CO2, los fotones y el vapor, ha de venir a calentarnos.

Llegamos así al fondo del problema.

Junto con la manipulación y eliminación fraudulenta de datos para intentar explicar temperaturas pasadas recientes eliminando la larga pausa o ficticio calentamiento global ya explicado, está el hecho que el IPCC utiliza MODELOS DE PREDICCIÓN para pronosticar temperaturas futuras y de la consecuente conducta catastrófica del clima. Esos modelos se alimentan caprichosamente de datos de variables que convenientemente consideran como las principales conductoras del clima. Por supuesto, han elegido las emisiones humanas de CO2, emisiones que, dicho sea de paso, representan sólo el 4.3% de las emisiones totales de ese gas según sostiene el propio IPCC en su informe AR5, y de sólo un 0.7% según la investigación sobre emisiones por inducción térmica realizada por Herman Harde de la Universidad Helmut Schmidt de Hamburgo. Y así, han dejado fuera de sus modelos las verdaderas fuerzas de la naturaleza conductoras del clima, tales como el PDO (Pacific decadal oscillation), AMO (Atlantic multidecadal oscillation), ENSO (El Niño Southern Oscillation), radiación estelar y la actividad solar, sólo por mencionar las de más corto plazo. “Ninguneo” total para ellas.

Se presentan, de nuevo, dos trabas insalvables que impiden la “sustentabilidad” de la hipótesis del IPCC.

En primer lugar, la variable CO2 tiene, como se explicó, un efecto despreciable en los cambios de temperatura toda vez que ese gas representa menos del 4% de todos los GEI y no el 76% como sostiene el IPCC. De ese 4%, la incidencia humana es, usando los mismos datos del IPCC, un 4.3%, por lo que la incidencia total humana sería de un 0.17%, pero un porcentaje de auténtica credibilidad sería un 0.03%, según la inducción térmica de Herman Harde ya mencionada. Las nubes y el vapor de agua “la llevan” como GEI con un 95% de incidencia y todos los demás GEI, menos del 1%. Pero la cuasi nula incidencia del CO2 es la que se considera en los modelos de predicción como la principal.

En segundo término, aunque se considerasen en los modelos todas las variables que influyen en el clima —algo utópico—, sería igualmente imposible predecirlo en el largo plazo por tratarse éste de un sistema caótico. La ciencia actual no permite pronosticar el clima (tiempo) más allá de unos pocos días con algún grado de certidumbre, sin embargo, el Sr. Hurtubia nos intenta convencer que podemos saber lo que ocurrirá en 100 años más, sin importar la evidencia empírica de los hechos derivada de la investigación científica y las leyes de la física. Por razones de espacio, no puedo aquí explicar los cuatro errores mayores que el IPCC cometió con su ecuación fundamental de sensibilidad climática usada como output de sus modelos y que son de índole matemáticos. Sólo mencionaré que simplemente usaron la ecuación equivocada y que da cuenta de las monumentales exageraciones en sus predicciones comparadas con lo que ha ocurrido según la evidencia de los hechos y que nos han mostrado por ya casi un tercio de siglo, desde los comienzos mismos de la histeria climática en 1988.

Los “datos duros” no son datos obtenidos de mediciones como señala el Sr. Hurtubia, son los resultados de los modelos de predicción y todos, sin excepción, han entregado resultados fallidos pues los 117 modelos de predicción del IPCC (los que han costado 50 billones de dólares sólo hasta el modelo N° 102) han fallado, todos, sistemáticamente y desde el primero en 1990 hasta el número 117.

El Sr. Hurtubia nada nos dice sobre esa “verdad inconveniente”. Por el contrario, son la fuente de su artículo.

Así es como en sus “doce conclusiones consensuadas por los científicos” (producto de una votación democrática, me imagino), el Sr. Hurtubia no hace más que insistir en las predicciones sobre calentamiento global y las nefastas consecuencias que tendrá para la humanidad el cambio climático, culpando directamente al hombre por los deshielos oceánicos y glaciares, por el aumento de los niveles del mar y por la acidificación oceánica, siempre poniendo la carreta delante de los bueyes, es decir, las emisiones humanas de CO2 como sus causantes. Sin embargo, los molestos hechos nos muestran que tanto los niveles oceánicos como el leve y natural derretimiento de algunos glaciares (y no Groenlandia que está aumentando su contenido de hielo en los domos que representan el 85% del hielo total del hemisferio norte) comenzaron al término de la Mini Era de Hielo, 130 años antes que el hombre empezara a quemar combustibles fósiles, en dónde su evolución nada ha variado desde el inicio de la era industrial y que los mares están bien dentro de la escala básica del PH (en 8,1). El mismo IPCC en su informe AR4 del 2007 señala textualmente: “Se requeriría una temperatura sostenida mayor a 5.5°C por sobre la actual por varios milenios para lograr derretir la mitad de la capa de hielo de Groenlandia causando un aumento de 3 metros (10 ft) en el nivel del mar”, pero el Sr, Hurtubia exagera el aumento del nivel oceánico actual en más de 10 veces. De un modo torcido similar, compara con ahínco la temperatura global actual y futura con aquellas de la Revolución Industrial en plena Mini Era de Hielo, periodo de temperaturas bajas jamás registradas desde hacía 8.000 años. Es tan poco lo que se ha calentado el planeta desde el siglo XVIII que la temperatura actual sigue siendo la más baja desde hace ocho milenios. Usando el mismo criterio, ¿por qué no han propuesto jamás comparar la temperatura actual con periodos más calurosos del pasado, como los de 1940, de la Edad Media, del Imperio Romano, del egipcio, del Minoico o los dos del Holoceno medio, cada uno más caluroso que el anterior? Impensable, pues matarían a la gallina de los huevos de oro de los “2°C” y, junto con esa gallina, todo el negocio climático. Sobre lo mismo, jamás la ONU y sus seudo científicos han definido tal cosa como una temperatura óptima o ideal, pues no existe. Sin embargo, sí sabemos que el frío mata 10 veces más seres humanos que el calor.

Uno, tan sólo uno de los “duros” datos y hechos exhibidos, más el hecho de poder confiar en gobiernos honestos que genuinamente aboguen por la prosperidad y el progreso de sus países, basta para poner término a la discusión sobre cambio climático y es suficiente para eliminar las inútiles, infundadas y corruptas medidas de adaptación y mitigación traducidas siempre en regulaciones e impuestos que terminan pagando los más pobres del mundo, junto con arruinar las economías de los países que las aplican, como son los casos de Dinamarca, Nueva Zelandia, Australia, Alemania, Reino Unido, Canadá y Estados Unidos. Para todos ellos, esas medidas aplicadas entre una y dos décadas han sido un desastre para, finalmente, haber logrado lo mismo: un nulo impacto sobre las emisiones y un nulo efecto sobre el clima y la temperatura global, pero en extremo eficaces para una brutal regresión de sus economías con el consecuente el empobrecimiento de sus habitantes.

Y ahora es el turno de Chile, país comprometido a “salvar” al planeta casi sólo mediante un heroico “Plan de Acción Nacional de Cambio Climático”.

Estos son los fundamentos del IPCC (los mismos que los del Sr. Hurtubia) sobre cambio climático, ex calentamiento global, para los que los gobiernos, convencidos, engañados o cohonestados por la ONU, han comprometido su participación para cometer, según las propias palabras del ex científico de NASA John L. Casey, “el más grande fraude jamás cometido sobre la humanidad en toda su historia”.

En nuestro caso, aunque la ONU estuviese acertada en sus predicciones, no tiene sentido alguno que Chile, con una escuálida contribución de un 0.2% de las emisiones globales de CO2, adopte medidas de mitigación y de adaptación —léase aplicar impuestos y regulaciones— que comprometerán absurda y severamente la economía de nuestro país en las décadas venideras y cuyos fines son los de “combatir” un imaginario cambio climático antropogénico en una guerra declarada a los combustibles fósiles, toda vez que los países que representan casi el 60% de las emisiones de GEI están, de hecho, fuera o eximidos del Acuerdo de París (EEUU, Rusia, India y China).

Y para librarnos de aquel negro panorama ad portas, mandatoriamente Chile debe partir por retirarse sin más, de inmediato y por la vía rápida (retirarse del UNFCCC) de ese oscuro Acuerdo ya convertido en Tratado Internacional por nuestros sabios políticos, y eliminar ipso facto todo impuesto y regulación verde, al igual que ya lo hizo acertadamente EEUU el 1° de junio pasado.

Debemos salirnos y exigirle al gobierno que así proceda, pues al planeta y a nuestros nietos nada les ocurrirá. No hacerlo significará recibir un torpedo bajo la línea de flotación de nuestra economía y preguntarnos muy pronto si acaso alguna vez siquiera podrán llegar a nacer nuestros nietos, pues reducir las emisiones de CO2 eliminando el uso de combustibles fósiles pasa inevitablemente por la exterminación masiva de una parte importante de la especie humana. Y eso la ONU lo sabe.

W. Douglas Pollock V
Ingeniero Civil Industrial – Universidad de Chile

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV