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Los desafíos del futuro ministro Moreno en Desarrollo Social

por 12 febrero, 2018

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Cabe reconocer, sino destacar, la “apuesta” del Presidente Electo Piñera de nombrar a un colaborador especial –un amigo- a cargo del Ministerio de Desarrollo Social. Alfredo Moreno, además es un líder empresarial y, para ampliar el desafío, anunció que este Ministerio desde el 11 de marzo integrará el equipo político participando en las decisiones esenciales de la estrategia gubernamental. Los gobiernos concertacionistas habían integrado en esos niveles solamente al Ministro de Hacienda.

El Presidente Piñera quiere dar una señal potente por lo social y así parece indicarlo el escenario que dibuja. Ahora bien, muchos se preguntarán ¿Qué querrá hacer el Presidente?

Desde la crisis de los años 80 del siglo pasado en América Latina en que en 10 años el crecimiento promedio fue cero (incluyendo a Chile) los organismos internacionales (CEPAL, Banco Mundial, entre otros) pusieron el énfasis en las políticas sociales compensatorias. En efecto, era necesario paliar los efectos sociales de las mismas políticas neoliberales que algunos de estos organismos habían propiciado y financiado, incluyendo al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Quienes vivieron esa etapa recordarán que hubo un momento en que cerca del 25% de los trabajadores de Chile (1982-1983) vivían de ingresos infra mínimos provenientes de los programas de Empleo Mínimo, PEM, y del POJ para los jóvenes. También, que la incapacidad del sistema para prever la crisis exigió echar mano a una institucionalidad creada en 1968 y dependiente de la Presidencia de la República (ODEPLAN) para diseñar políticas paliativas asistenciales en favor de quienes quedaron en la pobreza. En 1987, la primera encuesta CASEN arrojó un resultado de 45% de pobres en el país. Pasaron por la Dirección de Odeplan en época de dictadura numerosos generales pero también personajes destacados de la política actual como Sergio Melnick, Cristián Larroulet, Joaquín Lavín, Evelyn Matthei o Luis Larraín que, con 30 años de edad, asumió como subdirector de la institución para luego terminar de director hasta el retorno de la democracia. Para ese grupo, un referente fue el tempranamente fallecido Miguel Kast, hermano de José Antonio Kast y padre del senador electo Felipe Kast.

ODEPLAN desde 1990 administró los subsidios a los pobres, y se encargó más bien de contarlos lo cual, de todos modos, es una tarea crucial en cualquier país. Allí se fueron acumulando instancias dedicadas a grupos vulnerables pero sin que ellas tuvieran capacidades mínimas para implementar políticas (los jóvenes, los indígenas, los discapacitados tienen su contraparte institucional en el hoy Ministerio de Desarrollo Social).

 El futuro ministro Moreno sabe mejor que nadie que “con incentivos baila el monito” pero él o su Ministerio no tienen posibilidades siquiera de influir en sus pares sociales (Educación, Salud, Trabajo, Vivienda) salvo que el presidente Piñera le otorgue una calidad de superministro lo cual, quienes conocen la administración pública, no bastaría siquiera con la decisión política si no se reafirma con la línea administrativa que, finalmente, establece las líneas de mando y autoridad. Y, naturalmente, con el presupuesto.

La Subsecretaría de Evaluación Social, indica la web ministerial, tiene como función específica el diseño, la coordinación y la evaluación de las políticas sociales del Gobierno, de modo de contribuir a mejorar la focalización del gasto social a través de la evaluación permanente de los programas que implementa el Estado. Pero obviamente, esto no incluye ni salud, ni educación, ni vivienda, ni previsión social porque esas funciones están radicadas en los ministerios respectivos. Entonces, el MDS más que un ministerio encargado de lo social ha sido un ministerio encargado del asistencialismo y esto parece que el futuro Presidente quiere cambiarlo. Algunos países tienen articulados todos los ministerios del Área Social para evitar distorsiones o desequilibrios.

En concreto, el futuro ministro Moreno llegará a un ministerio que recibe menos del 2% del presupuesto público. Ciertamente no es una cifra halagüeña para un ex presidente de la CPC, la organización empresarial más grande de Chile. Si realmente quiere, como declaró, que "Una sociedad humana debe preocuparse de los que nos rodean, de los que tienen menos, eso nos hace una mejor sociedad y personas" tendrá que ver cómo puede llevar a cabo este plausible objetivo. El futuro ministro Moreno sabe mejor que nadie que “con incentivos baila el monito” pero él o su Ministerio no tienen posibilidades siquiera de influir en sus pares sociales (Educación, Salud, Trabajo, Vivienda) salvo que el presidente Piñera le otorgue una calidad de superministro lo cual, quienes conocen la administración pública, no bastaría siquiera con la decisión política si no se reafirma con la línea administrativa que, finalmente, establece las líneas de mando y autoridad. Y, naturalmente, con el presupuesto.

Sin esta decisión el Ministro Moreno corre el peligro de ser un asesor privilegiado del Presidente, participando de reuniones en que no tiene ningún poder. Claro está, el Presidente puede cambiar eso aunque de cualquier modo es una apuesta plausible pero muy difícil.

En fin, el Ministro Moreno mejor que nadie sabe que sin recursos todo “es música”. Y hasta ahora (desde 1973) los que dicen lo que se debe hacer (y se hace) en el ámbito público han sido los encargados del ministerio de Hacienda. Los ministerios sociales y los de infraestructura planifican y proponen y Hacienda dispone. Esta es la historia de los últimos 28 años pese a que se ofreció un cambio en la lógica de decisión. De hecho, en 1997 el entonces Ministro de Planificación, Roberto Pizarro, le planteó al Presidente Frei Ruiz Tagle que la asimetría de poder entre lo económico (Hacienda) y lo social (MIDEPLAN) hacía imposible realizar una política seria en favor de los desfavorecidos. Al día siguiente a primera hora “se le aceptó la renuncia” sin que mediara más explicación. ¿Podría pasarle algo semejante al ministro Moreno?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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