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Filosofía, otra vez

por 27 febrero, 2018

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A estas alturas se torna penoso tener que volver, una vez más, a defender la pertinencia de la Filosofía en la Enseñanza Media que se imparte en el país. El obstinado interés por su eliminación ha sido una constante desde el inicio de lo que se ha dado en llamar, “transición a la democracia”.

Lo primero, entonces, es preguntarse a qué se debe este permanente embate que lleva a los profesores de filosofía a vivir en una constante incertidumbre haciendo pie, de paso, en una condición esencial de la propia filosofía. Es posible que esta arremetida se deba, por una parte, al inagotable interés que provoca la “innovación” (muchas veces colindante con la vulgar ocurrencia) a la que son tan adictos los “expertos” y todos aquellos que se adjudican propiedad para hablar de educación. Por otra parte, algunos creen que se trata de una desconfianza respecto del pensamiento, la crítica y la lógica que se puede encontrar en la filosofía. Esto último tal vez es más dificil de demostrar. Es dable pensar que los “especialistas” no vean en la filosofía otra cosa que un ejercicio inútil.

Es preciso que los “expertos” reflexionen más allá de “saber lo que saben” (o inventan). Es necesario que la educación prepare a las personas para comprender el mundo en el que viven y que no queden a merced de una especialización abusiva y ramplona.

Una segunda cuestión dice relación con el ente que dictamina esto. Se denomina, Consejo Nacional de Educación, CNED. Órgano heredado de la dictadura, se llamaba en ese entonces Consejo Superior de Educación, a la que la democracia le ha intentado lavar la cara. Institución que se instala por encima, para dictar pauta, en este caso, sobre educación. Uno de los resabios más constantes de la dictadura, han sido las instancias “superiores” que se arrogan potestad para definir la vida del resto. Tribunal Constitucional, Consejo Nacional de Televisión, Consejo Nacional de Educación, en fin, un tramado muy bien urdido “, que la dictadura estableció como cuerpos “supra vigilantes” de la ley, la entretención, la educación, en fin. La democracia lo que ha hecho con estos enclaves no ha sido eliminarlos, era razonable, lo que ha hecho es “cuotearlos” en su composición. De este modo se ha pretendido legitimarlos.
¿No tiene el Ministerio de Educación la competencia técnica y política para resolver la cuestión curricular en base a un diálogo amplio con los diferentes actores? Es un poco triste oír a la Ministra de Educación, de seguro con buena intención, cuando dice, “vamos a volver a hablar con el Consejo”. Esto es, “vamos a hablar con el que manda, a ver si lo convencemos de que cambie de opinión”.

¿Y cuál fue el fundamento del Consejo para tomar esta determinación?

Algo así como, “valoramos la filosofía, pero no tenemos acuerdo en que sea parte del plan común”. Esto revela dos cosas, en primer lugar, los problemas propios que tiene el cuoteo, en este caso, un grupo de consejeros que están allí “representando algo” y que son asesorados por “expertos” que representan su propia capacidad creativa. En segundo lugar, lo declarado por el Consejo da cuenta de una preocupante carencia de argumentación, es decir hace falta, cómo dijo alguna vez un distinguido filósofo, “un poco de filosofía”.

Con posterioridad a que se conociera este acuerdo, se ha hecho saber desde el mismo Consejo Nacional de Educación, que ellos no han eliminado nada, más bien han objetado Programas de Asignaturas.. No sabemos con precisión el fondo del asunto, pero ya la objeción, por si sola, es un síntoma que conviene atender.
Las complejidades y cambios del mundo actual hacen pensar, cada vez más, en la necesidad de una educación que integre diversos “saberes” y que permita una condición reflexiva, la filosofía es parte de esto, y que esta posibilidad no se restrinja a los colegios de elite.

Es preciso que los “expertos” reflexionen más allá de “saber lo que saben” (o inventan). Es necesario que la educación prepare a las personas para comprender el mundo en el que viven y que no queden a merced de una especialización abusiva y ramplona.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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