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Diálogo con reforma

por 10 mayo, 2018

Diálogo con reforma
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No resulta evidente cómo debe comportarse el Frente Amplio (FA) frente a las iniciativas del nuevo gobierno. Más que buscar respuestas en blanco y negro, las características del escenario político actual, y ciertas prioridades políticas de mediano plazo, pueden ofrecer una guía para elegir los cursos de acción en esta coyuntura concreta.

Después de 25 años de rigidez binominal, el agotamiento de los partidos y liderazgos políticos de la transición, la inmadurez de las nuevas apuestas políticas, el creciente malestar social en ciertas franjas de la población, el alto abstencionismo y el cambio del sistema electoral, auguran un periodo complejo e incierto de reordenamiento en el sistema de partidos.

Este escenario abierto ofrece oportunidades para la construcción de un nuevo proyecto político transformador, pero a la vez presenta riesgos insoslayables. Como desde 2012 venimos advirtiendo desde Nodo XXI, el vacío político que enfrentamos, en un marco de descrédito generalizado del sistema político y sus instituciones, es conocido caldo de cultivo para salidas autoritarias. La construcción de un sistema político capaz de incorporar a la creciente diversidad de formas de vida y opiniones que existe en la sociedad chilena, y de procesar legítima y democráticamente sus conflictos, es una tarea cada día más apremiante.

Por eso resulta tan carente de sentido la actitud que varios partidos de la Concertación han adoptado de negarse a dialogar con el gobierno. Su postura partisana presupone dos cosas: 1. Que la sociedad chilena distingue con claridad bandos e intereses en los actuales partidos políticos, y 2. Que su problema político se reduce a esperar cuatro años para volver a ser gobierno.

La inercia de repetir el libreto del primer gobierno de Piñera, demuestra la falta de autocrítica ante las reformas que impulsó Michelle Bachelet. Después de un gobierno que prometió reformas estructurales que no pudo realizar, la “vía Concertación” de transformación al modelo chileno tocó fondo. Uno de los vacíos más graves de esa política es la desvinculación con la sociedad misma que se apunta a transformar. Sin diálogo sustantivo con los actores sociales que bregan por transformaciones, y sin construir mayorías sustantivas, y no sólo electorales, que apoyen una agenda de reformas, no es plausible realizar transformaciones estructurales a un Estado en democracia. La Concertación abandonó ambas tareas.

Lo cierto es que hace mucho tiempo la sociedad chilena no ve diferencias significativas en las ideologías que estructuran el actual sistema de partidos. Cuando a los chilenos les preguntan si ellos se identifican como de izquierda, centro o derecha, el 62% responde que no se identifica con ninguna de estas (Encuesta CEP Noviembre - Diciembre 2016). La transición ofreció un mapa ideológico que simplemente no tuvo realidad en la vida de los chilenos. El relato de los noventa, de una derecha defensora de la libertad a través del mercado, y de una izquierda (Concertación) defensora de la igualdad a través del Estado, se hizo inverosímil ante una expansión del mercado que no produjo más libertad, y una expansión del Estado que no produjo más igualdad. Estado y mercado fueron a parar a los bolsillos de un selecto grupo de empresarios.

Por otra parte, la inercia de repetir el libreto del primer gobierno de Piñera, demuestra la falta de autocrítica ante las reformas que impulsó Michelle Bachelet. Después de un gobierno que prometió reformas estructurales que no pudo realizar, la “vía Concertación” de transformación al modelo chileno tocó fondo. Uno de los vacíos más graves de esa política es la desvinculación con la sociedad misma que se apunta a transformar. Sin diálogo sustantivo con los actores sociales que bregan por transformaciones, y sin construir mayorías sustantivas, y no sólo electorales, que apoyen una agenda de reformas, no es plausible realizar transformaciones estructurales a un Estado en democracia. La Concertación abandonó ambas tareas.

A partir de estos elementos se puede volver a la cuestión sobre el diálogo del Frente Amplio con este gobierno. Lo cierto es que la ciudadanía, más que una pelea entre la derecha y la izquierda, que no reconoce, lo que espera son soluciones concretas a sus problemas materiales. Por eso restarse de participar en espacios propuestos para buscar soluciones es visto como mera mezquindad. Sin embargo, un proyecto en formación, que aspira a lograr transformaciones, no puede reducir su agenda política a ser visto como “dialogante” por la ciudadanía. Tiene que llevar lo propio.

El diálogo con el gobierno de Piñera es una oportunidad para evidenciar la necesidad de un nuevo tipo de agenda de reformas. La mayoría de los problemas que enfrenta la ciudadanía, más que soluciones neutras o técnicas, expresan conflictos latentes del modelo de desarrollo y concepción de derechos vigente en el Chile actual. Evidenciarlo permite empezar a construir nuevos clivajes ideológicos a partir de las necesidades materiales de la población, y no desde la mera abstracción ideológica. Por lo mismo, toda instancia de diálogo es la oportunidad de construir lazo y representación con las fuerzas sociales que se organizan o movilizan en torno a determinado conflicto. A la vez, esas instancias pueden aprovecharse para ir construyendo y presentar la agenda de reformas que el FA promoverá en toda instancia a la que se le invite. De esto modo, una nueva forma de hacer política irá surgiendo en la práctica. De ella nadie que quiera genuinamente aportar debiese estar excluido.

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