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¿Una visa para discriminar?

por 19 mayo, 2018

¿Una visa para discriminar?
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La visa consular de turismo impuesta para las personas de Haití, implica una discriminación que no es positiva para ellas, ni para sus familiares que están radicados en Chile. De manera menos evidente, tampoco es positiva para los chilenos

A quienes están en Haití, les cierra la puerta a encontrar una posibilidad de realizar su vida, de cumplir sus sueños en nuestro país. Un portazo que coarta su libertad y no tiene ninguna justificación, ni económica, ni social, ni de seguridad.

Los migrantes haitianos se incorporan a la sociedad, buscan trabajo y siguen una ruta correcta para su regularización.  Cumpliendo sus deberes, ocupan el cuarto lugar en solicitudes de visa de residencia, son los segundos que lo hacen con mayor rapidez (fuera de las visas Mercosur), y los segundos también en cotizar en tiempo y forma en las AFPs. Son una población joven y cotizan más en Fonasa que las prestaciones que utilizan. Su tasa de participación en delitos es tan baja que no es significativa. Manejan, muchos de ellos, más de un idioma. Buscan la regularidad y cumplir sus obligaciones con el país. Sin embargo, a pesar de cumplir con todo ello, Chile les dificulta el camino.

A las personas haitianas que están ya en Chile, la visa consular les hace difícil, sino imposible, el sueño de reunirse con sus familiares, con sus hijos, madres y padres. Son muchos los casos de familias tristemente divididas.

En un país que declara que la familia es la base de la sociedad, este daño a las familias nos debiera importar. La visa “humanitaria” de reunificación familiar, que no ha entrado en acción aún, no asegura la reunificación para todas las familias, porque se entregará un número equivalente al 10% del flujo real migratorio. El 90% de los que quieren venir, no podrá hacerlo.

Para justificar esta visa se sostiene que eran los haitianos eran son muchos. Ha crecido su migración qué duda cabe, pero los últimos dos años ha habido mayor flujo de venezolanos que de haitianos. Según el Censo 2017 los venezolanos son 83.604 y para haitianos 66.435. Sin embargo, a pesar de estas cifras a las personas de Venezuela se les estableció una Visa de Responsabilidad Democrática, que hace mucho más fácil su residencia. ¿Acaso Haití no tiene también una crisis democrática mucho más profunda? ¿Por qué no se puede dar al menos el mismo trato? Quizás su color de piel y nuestro prejuicio sobre su pobreza los condenó a esta diferencia de trato.

Para justificar esta visa se sostiene que eran los haitianos eran son muchos. Ha crecido su migración qué duda cabe, pero los últimos dos años ha habido mayor flujo de venezolanos que de haitianos. Según el Censo 2017 los venezolanos son 83.604 y para haitianos 66.435. Sin embargo, a pesar de estas cifras a las personas de Venezuela se les estableció una Visa de Responsabilidad Democrática, que hace mucho más fácil su residencia. ¿Acaso Haití no tiene también una crisis democrática mucho más profunda? ¿Por qué no se puede dar al menos el mismo trato? Quizás su color de piel y nuestro prejuicio sobre su pobreza los condenó a esta diferencia de trato.

No obstante, el peor y más sigiloso daño de esta visa lo hace a la sociedad toda. A todos y todas los que convivimos en este país esta medida migratoria, nos dice que es admisible discriminar, hacerle más difícil al pobre y a quien tiene la piel oscura, ser parte de “un nosotros”. A los niños y niñas haitianos, que ya viven acá les estamos enseñando que son distintos y merecen otro trato. Reafirma esa brutal sentencia que se repite en redes sociales, de que estamos “importando miseria”, nublando nuestra mirada, no permitiéndonos ver que cuando alguien viene a poner todo su corazón y esperanzas, no hay sino riqueza y valor.

Todos somos migrantes algunos cruzamos fronteras. Este es una frase que llama a humanizar a empatizar con los migrantes, porque somos una comunidad de dignidad y sueños. La visa consular a para personas de Haití, no es una buena política, puesto que nos aleja de esa concepción, base de los derechos humanos y de una sociedad verdaderamente democrática.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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