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Energía e hidrógeno: oportunidad renovada para el desarrollo sustentable

por 7 junio, 2018

Energía e hidrógeno: oportunidad renovada para el desarrollo sustentable
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La reducción de los costos para el uso de la energía solar fotovoltaica y eólica en el mundo en los últimos años, ha redundado en una mayor penetración de estas tecnologías en la matriz eléctrica chilena. Esto ha creado un ambiente de gran optimismo en algunos sectores y muchos han hablado incluso de una “revolución energética”.

Sin embargo, es importante mantener una visión desapasionada del actual escenario – donde Chile no es el único país que ha aumentado su generación solar y eólica impulsado por los menores precios – y fijar nuestra atención en los desafíos económicos y técnicos abiertos por estas tecnologías en nuestra matriz eléctrica.

Uno de los desafíos más inmediatos tiene relación con la dificultad de realizar una predicción precisa de los recursos solar y eólico. La falta de series estadísticas, las incertidumbres relacionadas con los efectos del cambio climático e incluso los desafíos de operación y mantenimiento de estas tecnologías en Chile – muchos aún no resueltos – hacen muy difícil estimar de manera confiable la generación solar y eólica a corto, mediano y largo plazo. No es casualidad que renombrados consultores hayan mostrado diferencias de más de un 20% entre la generación eólica estimada por ellos y generación eólica real de los proyectos chilenos.

La segunda gran ventaja del hidrógeno es su capacidad de ser almacenado, transportado y exportado a cualquier país, generando un beneficio adicional significativo a nuestra economía. Si consideramos que Chile posee ventajas estratégicas importantes para ser un productor mundial competitivo de hidrógeno verde, debido a su altísima radiación solar y a nuestra cercanía al mercado asiático, estamos entonces frente a un escenario muy prometedor, en el que nuestro país podría convertirse en una potencia exportadora mundial.

Otro desafío se relaciona con la supuesta complementariedad entre ambas tecnologías. Si bien es cierto que, en algunos casos puntuales, pueden existir eventos donde la generación eólica y la generación solar se “complementan” en el tiempo (con una mayor generación eólica nocturna), no se puede inferir que esto sea una regla generalizada en todo nuestro territorio ni mucho menos durante todo el año.

Estos temas nos deben llevar a mirar con atención las diferentes tecnologías de acumulación de energía eléctrica, como una manera de reducir los efectos de la variabilidad de los recursos ya descritos. Entre las más conocidas para enfrentar este desafío urgente se encuentran, entre otras, las baterías de ión litio, la acumulación hidráulica con bombeo y el uso de hidrógeno. Quisiera detenerme en este último, porque puede ofrecer una respuesta mucho más integral a los desafíos energéticos globales.

La primera gran ventaja comparativa del hidrógeno es que su aporte no sólo se limita al mercado eléctrico. La generación de hidrógeno a través de recursos renovables – o “hidrógeno verde” – puede ser una solución para nuestro sistema de transporte, tanto terrestre, como marítimo, e incluso para el aéreo. Esta opción entrega ventajas comparativas importantes al uso de baterías de ión litio, las que requieren – por ejemplo – de un tiempo mucho mayor de carga.

La segunda gran ventaja del hidrógeno es su capacidad de ser almacenado, transportado y exportado a cualquier país, generando un beneficio adicional significativo a nuestra economía. Si consideramos que Chile posee ventajas estratégicas importantes para ser un productor mundial competitivo de hidrógeno verde, debido a su altísima radiación solar y a nuestra cercanía al mercado asiático, estamos entonces frente a un escenario muy prometedor, en el que nuestro país podría convertirse en una potencia exportadora mundial.

Una apuesta de esta magnitud requiere de grandes esfuerzos coordinados, donde el Estado debe ser sin duda alguna un actor relevante. Estamos en el momento exacto de nuestra historia para tomar esta decisión, la que podría ser no sólo clave para nuestra economía en el futuro, sino también un aporte a la sustentabilidad planetaria.

Aprovechar esta oportunidad extraordinaria requiere, más que nunca, una visión de largo plazo, algo a lo que hasta ahora no hemos estado muy acostumbrados, pero que necesitamos con urgencia para dar un paso decisivo al desarrollo al que todos aspiramos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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