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A la derecha no le gusta el Museo de la Memoria

por Julio Macari Hernández 18 agosto, 2018

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Señor Director:

A la derecha no le gusta el Museo de la Memoria, porque recuerda con pelos y señales todo lo que ha pasado en Chile como consecuencia de la nacionalización del cobre bajo la presidencia del Doctor Salvador Allende en el año 1971.

Instintivamente se busca un empate con lo que ocurre en Venezuela, actualmente en situación muy semejante a la que vivió Chile en años pasados, con la diferencia que Allende nunca tuvo en sus manos el poder militar, como el gobernante de aquél país.

Si así fuera, probablemente en Venezuela ya habría ocurrido lo mismo que en Chile, cumpliéndose tal vez el íntimo y verdadero anhelo de muchos representantes de la derecha cavernaria en el mundo entero, sin siquiera preguntarse antes si realmente en ese país la mayoría de los ciudadanos (al menos la mitad más uno) está realmente contra el Chavismo y el régimen de Maduro, ya que este hecho parece no tener relevancia.

Recuerdo que el discurso de Allende nunca contó con el apoyo de las balas ni de las amenazas contra la vida de seres humanos, solamente apelaba a la voluntad de los trabajadores para organizarse y defender lo conquistado y a la voluntad del pueblo para forjar su propio destino: dos grandes utopías en el mundo de hoy.

También habría que preguntarse ya si los estados socialistas pueden convivir con las otras naciones del mundo occidental sin tener que sufrir lo que están sufriendo los actuales gobiernos con esa tendencia. Esto parece estar más difícil que durante la época de la Guerra Fría. De hecho, hoy existen otros medios para conseguir los mismos resultados brutales de antaño.

El caso es que ahí está el Museo de la Memoria para tratar de evitar que en Venezuela pase lo mismo que ya pasó en Chile (o tal vez en forma peor), pero también para detener los excesos que el poder militar en general pueda cometer sobre la población civil en cualquier nación.

Querer relativizar o justificar esta verdad es como relativizar el encubrimiento de los abusos sexuales de la iglesia sobre los indefensos vulnerables supuestamente protegidos por ella.

Y así, los cómplices pasivos como los definió el propio Piñera y gran número de autoridades de la iglesia, relativizan estos hechos deleznables y le atribuyen un “sesgo de izquierda” , declarándose inocentes de toda acción y mal pensamiento ante Dios y ante toda la sociedad.

Julio Macari Hernández, Ingeniero Civil U. de Chile

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