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El 11 de septiembre y Piñera: el día del orden

por 11 septiembre, 2018

El 11 de septiembre y Piñera: el día del orden
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Dejémonos de cuentos. El 11 de septiembre es el día del orden. Punto.

Es un día conmemorativo, es cierto, pero hoy por hoy lo es más un día conmemorativo de la guerra fría que otra cosa. Es el día contra-revolucionario por excelencia, si por revolución entendemos a Salvador Allende, Fidel Castro y el estalinismo comunista que se derrumbó en Santiago de Chile junto a los muros de La Moneda a manos, nada más y nada menos, que de una conspiración orquestada por Estados Unidos, la CIA y el triste y vergonzoso títere de Pinochet y su Junta.

Es el día que da inicio a la contra-revolución que hoy llamamos eufemísticamente “modernización capitalista” y que tan sólo días atrás llamábamos neoliberalismo. Es el día del punta pie inicial de la Constitución del 80 que hoy nos gobierna y que dicho sea de paso dio –cancha, tiro y lado- a lo que conocemos como el Partido del Orden, esa extraña mezcla entre acuerdos políticos, culturales, morales y, sobre todo, económicos que sigue gobernándonos.

Es el día en el que sordamente celebramos el orden.

Piñera es un genio en esto de la construcción de posverdad a partir de la transición política hacia la democracia: ayer votó por el NO mientras se hacía millonario, y hoy, acusa a los cómplices pasivos con bombos y platillos mientras se sabe que Francisco Armanet guarda en una caja fuerte las grabaciones telefónicas de las compras truchas (con información privilegiada que no respeta ni las reglas del mercado) que hizo el actual Jefe de Estado de acciones de LAN. Un genio

El día en el que nadie sale corrido de la foto. El día en que todos tenemos las manos limpias. El día en el que hasta Gabriel Boric sale ordenadito y con corbata en la Polaroid. El día en que todos somos pro Derechos Humanos. Nadie en contra de nada. Todos a favor de las libertades. Nadie en contra de ningún proyecto socialista, pero todos a favor del socialismo renovado. Todos semi-intelectuales del periodo que conocemos como Transición a la Democracia, pero nadie siendo cómplice de una democracia tutelada. Menos cómplice pasivo.

En eso Piñera, en lo de los “cómplices pasivos”,  tiene a su haber una extraordinaria creatura. Todos le celebramos su nacimiento y hasta casi lloramos con el mea culpa de Chadwick, su primo. Su creatura es un hontanar de agua fresca para lavarse las manos de las responsabilidades civiles ante las atrocidades “jamás vistas”, un hontanar de agua dulce para edulcorar el presente glorioso del orden neoliberal, un hontanar, al fin, de agua con sabor a Coca-Cola, papas fritas y hamburguesa: el agua de lo que el dinero sí puede comprar.

Piñera es un genio en esto de la construcción de posverdad a partir de la transición política hacia la democracia: ayer votó por el NO mientras se hacía millonario, y hoy, acusa a los cómplices pasivos con bombos y platillos mientras se sabe que Francisco Armanet guarda en una caja fuerte las grabaciones telefónicas de las compras truchas (con información privilegiada que no respeta ni las reglas del mercado) que hizo el actual Jefe de Estado de acciones de LAN. Un genio.

El genio del partido del orden.

Dejémonos de cuentos. El 11 de septiembre es el día en el que celebramos el orden que todos –valga la redundancia- celebramos. Todos netos, nadie a contra pelo, y menos, a contra luz, en las sombras. Todos ordenaditos, formaditos y consumiendo -tranquilitos- la pasta base neoliberal.

En eso, no nos perdemos.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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