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Instrucciones para demandar a las AFP o cómo matar al Minotauro

por 19 octubre, 2018

Instrucciones para demandar a las AFP o cómo matar al Minotauro
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Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia nos encontramos en plena calle con un ser mitológico cuyo mantra se reitera mucho más allá de lo prudente. Ese ser mitológico emerge en forma de promotora, de cartel publicitario, de cifra descomunal en hipotéticas manos nuestras. Y ese ser reitera siempre su mismo concepto: usted puede disfrutar mañana de su sabiduría de hoy, si usted me entrega lo suyo hoy, mañana cuando usted se encuentre viejo y desaliñado, estará formidablemente bien. Se le conoce, a ese formidable ser, bajo el nombre de AFP. Se dice que habita en un laberinto, que nadie puede ingresar a él, que quienes lo han hecho no han retornado.

Muchos saben que es un Minotauro, que mes a mes cobra su impuesto. Ese ser emerge en las calles prometiendo la gloria misma, ofreciendo un futuro mejor. Ante su presencia, el mundo se pliega y se repliega, buscando una razón para soslayar el poder omnímodo de su majestad. Tal parece que el silencio y la resignación son la única fórmula. Este Minotauro es una especie nacida al final del mundo, primero por la razón y luego por la fuerza, y pareciera, por su sed de sangre, que surgió del alma misma de un dios resentido y odioso.

¿Puede alguien enfrentar a este Minotauro? Hay quienes naturalmente no lo desean, son quienes saben que al apoyarse en las anchas espaldas del Minotauro su propio poder crece infinitamente. Muchos no conocen el misterio de este ser mitológico, solo resienten cada vez su manifestación más banal: el descuento de tus haberes en razón del futuro mejor que, todos saben, no es mejor.

Pero un grupo de elegidos sí conoce sus misterios, se trata de un grupo de iniciados que cada día tiene frente a sí la suma total de tus bienes y puede ocuparla. Son los ‘aefepeables’, las empresas que luego de un proceso misterioso y virtuoso a la vez, lograron que un buenísimo y despejado día, con un sol hermoso, les dijeran que pueden invertir con el dinero de tu pensión. Y así gigantescas máquinas recibieron gustosos las inversiones que sus propios amigos definieron y con tu plata. Porque la idea era separar el que pone la plata y el que pone la música. Como si fuera socialismo, pero para los capitalistas. Por eso el Minotauro tiene apoyados en sus espaldas a bancos enormes, a empresas energéticas, a retailers e incluso apoyan casinos, que puede parecer una ironía, pero al final qué va, si la bolsa también es una apuesta.

 ¿Cuánto tiene usted en su bolsillo? Tiene una tarjeta BIP con cuatro lucas y la misma cifra en billetes en el otro bolsillo. ¿Cree usted que le ganará a los fantásticos doscientos mil millones en moneda imperial?  Por supuesto, así vistas las cosas, usted debiera replegarse y volver sus pasos. Pero el asunto no es así. Confíe. Tenga fe. Suena una ironía, pero un extraño día de invierno el Tribunal Constitucional estará de su lado. Nadie sabe cómo, pero el Minotauro será herido sin necesidad de Teseo alguno. La carpeta puede tener un poder metafísico. Solo camine y pregunte, en el laberinto, dónde se deja la demanda. Deposítela, tal y como le entrega un plato de comida a un hijo, como arroja el periódico sobre la mesa por la mañana, como arroja un boomerang.

Quienes se apoyan en el Minotauro saben que su maná crecerá en forma de bisectriz, subiendo a cada segundo, por el apoyo incombustible del poder del Minotauro. A cada paso que dan las grandes máquinas aefepeables, sus pasos vuelven a llegar más arriba y más adelante que antes, como si estuviera poseída por la perfección. Al Minotauro sus creadores lo pusieron en un laberinto inexpugnable. No ha faltado aquel que ha osado ingresar con su espada al laberinto y su historia no ha sido hermosa.

Dice la leyenda que el Minotauro cuenta con escribas, administradores, mandarines, que cada día ofrecen al Minotauro sus favores. Estos seres tienen un pacto con el Minotauro, muy conveniente. Son ampliamente recompensados, pero su propio dinero no es invertido en el Minotauro, sino que es cuidadosamente llevado desde Tebas a una isla virgen, un principado, esos lugares extraños que suelen conocerse como paraísos.

¿Se le ha ocurrido alguna vez entrar en el laberinto del Minotauro? Quizás solo ha ido a sus oficinas, la verdad es que eso es irrelevante. En esas oficinas se ejecutan acciones nimias, pedestres y mecánicas. Usted posa su mano en un escritorio sucio y le dicen que usted debió guardar el documento, porque ellos no tienen obligación de tenerlo, aunque lo tienen; pero no tienen obligación de archivarlo, aunque está archivado; pero no tienen obligación de estar en línea, aunque lo están. Y todo eso para decir que usted sufrirá las penas del Minotauro por no darle su alimento mensual, o por dárselo perdiendo el documento. Luego tendrá que ir a un banco a pagar. Y el banco es aefepeable.

Dice un libro sagrado que el Minotauro sí es mortal. Dice que se requiere entrar al laberinto. Éste te dará la bienvenida con unas escaleras. Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, una carpeta debe llevarse en el lateral, la cabeza erguida aunque no tanto para que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente, ojalá sin fatigarse ya que es mala señal para un héroe.

Para subir esta escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza o plástico chino, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie. Siendo una escena improbable, tiene el defecto de además ser riesgosa.

Al ingresar el laberinto siga la huella de los cuerpos mutilados e idealmente fíjese si ancianos piden limosna, en cuyo caso está usted cerca. Si por el contrario observa por ventanas de lujo unos seres sobre un yate bailando y tomando al ritmo de una música pecaminosa, significa que usted va en camino equivocado, porque esos son los escribas y mandarines del Minotauro, que en sus días libres, con el dinero tuyo, salen a divertirse a las playas de Tebas. También estará equivocado si ve una capilla, pues ese lugar es para golpear el pecho propio por parte de los escribas, que en los pasillos se hacen llamar ‘ejecutivos’ y que tienen misteriosas creaturas, llamadas ‘empresas de inversión’ que no invierten en el Minotauro.

Llega a ser curioso, pero por lo mismo y por otras razones se golpean el pecho. El asunto es que siguiendo las huellas de la devastación llegará usted, con pútridos olores, al corazón del imperio. No olvide no perder la carpeta. Ella es un cartón doblado por la mitad en cuyo interior diversos papeles se acumulan solicitando a un sumo sacerdote que se pronuncie sobre la injusticia del Minotauro. Esos papeles los redactó alguien que ha estudiado por decenas los misterios del Minotauro. No ha sido fácil. Pero usted ha de ser astuto.

No todos los días se demanda a las AFP y cuando se hace, más le vale sobrevivir. Por eso usted ha de saber que lo único que mata al Minotauro es él mismo, que luchar contra él sin su propia fuerza es imposible.

¿Cuánto tiene usted en su bolsillo? Tiene una tarjeta BIP con cuatro lucas y la misma cifra en billetes en el otro bolsillo. ¿Cree usted que le ganará a los fantásticos doscientos mil millones en moneda imperial?

Por supuesto, así vistas las cosas, usted debiera replegarse y volver sus pasos. Pero el asunto no es así. Confíe. Tenga fe. Suena una ironía, pero un extraño día de invierno el Tribunal Constitucional estará de su lado. Nadie sabe cómo, pero el Minotauro será herido sin necesidad de Teseo alguno. La carpeta puede tener un poder metafísico. Solo camine y pregunte, en el laberinto, dónde se deja la demanda. Deposítela, tal y como le entrega un plato de comida a un hijo, como arroja el periódico sobre la mesa por la mañana, como arroja un boomerang.

Deje de lado los motivos, lo importante es que usted ha demandado. Puede volver sobre sus pasos, porque tiene que trabajar. Disfrute la escena de los escribas en la playa, no siempre se ve. Inquiétese por esos gastos suntuosos, usando su dinero. Pero no se ponga mal. Usted ha demandado. Y si el Minotauro fuera tan poderoso, no necesitaría un laberinto.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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