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Más presupuesto para las ciencias o tres consecuencias preocupantes

por Stefan Palma 25 octubre, 2018

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Señor Director:

Tres consecuencias están ocurriendo- o estarán por ocurrir de manera que se relacionan- a raíz del bajo presupuesto para las ciencias: se instala en la sociedad, la idea de que invertir en ciencias es un derroche de dinero; segundo, se perjudica radicalmente el sistema educativo de los ciclos Párvulos, Básico y Media, y tercero, se promueve más aún, directa o indirectamente en la población, la confianza en las llamadas pseudociencias, con las consecuencias preocupantes que éstas conllevan.

La primera consecuencia nos lleva a recordar que en el siglo XVII un científico italiano luchaba por demostrarle al mundo de su época, que sus investigaciones sobre el universo, evidenciaban el fin de un paradigma y con ello, una nueva concepción sobre el universo: el sistema heliocéntrico. En efecto, este gigante de la ciencia rigurosa, llamado Galileo, estuvo ad portas de la muerte a causa de la ignorancia, el conocimiento autoritario del clero y el miedo generalizado a descubrir las verdades que encierra la naturaleza; y todo por hacer uso de la razón en la observación de los fenómenos celestes. En aquel entonces, no dudo de que los recursos financieros para la ciencia, fueran cosa de fantasías y derroche de dineros. Sobre la segunda consecuencia, el sabio Valentín Letelier explica en Teoría de la enseñanza universitaria, según la metáfora del árbol de la enseñanza, que “ (…) no hace de raíz la escuela ni de flor la universidad como el vulgo lo cree. La raíz es la universidad, que alimenta con sus jugos a todo el sistema; la flor es la escuela, que se ha formado cuando las otras partes de la planta estaban ya plenamente desarrolladas”. La tercera consecuencia tiene que ver con el surgimiento de las pseudociencias. Esto se confirma cuando vemos que los medios de comunicación como la televisión, realzan las actividades pseudocientíficas al exponer temáticas sobre seres de otros mundos, fantasmas o casas embrujadas; a modo de conversaciones y opiniones que refundan el pensamiento anti-ciencia, confundiendo con discursos carentes de rigor científico; de alguna forma, en línea con la posición Rorty.

Se debe terminar con el pensamiento utilitarista y práctico de la ciencia y pensar a futuro, para las generaciones venideras, que cursan los ciclos obligatorios. Los(as) científicos(as) verdaderos(as) no están preocupados por la fama, el prestigio académico o el reconocimiento popular; aunque no se puedan rechazar si es que estos devengan por sí solos. Esperaremos que nuestros gobernantes puedan aumentar a una cifra razonable el presupuesto y dar un paso no sólo de apoyo a nuestros(as) científicos(as), sino potenciar la confianza en que la ciencia nos puede sacar de muchas cegueras epistemológicas, ontológicas y descubrir nuevas leyes. Aunque sabemos que no se trata solo de recursos económicos, pues la imaginación científica, brilla cuando sueña descubrimientos junto a la comunidad de estudiosos. Sin embargo, seamos también realistas, como nos actualiza la filósofa de la ciencia Susan Haack, al advertirnos que “ya no es posible realizar trabajo científico importante con una vela y un pedazo de cuerda; se necesitan equipos cada vez más sofisticados para hacer observaciones cada vez más rebuscadas”.

Stefan Palma

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