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EDITORIAL

TVN bajo la mirada de los cuervos

por 9 noviembre, 2018

TVN bajo la mirada de los cuervos
Si la capitalización de TVN no avanza, el Gobierno eliminará una fuente de información pública que no puede administrar a su antojo y, de paso, se ahorrará unos buenos pesos tras la agonía del canal. Y si muere no habrá solo quienes se sientan parte del duelo, también habrá otros que festejen al acecho, ya que la caída de TVN alimentará el hambre del resto de los canales de televisión abierta –todos privados–, que ven en un eventual cierre una oportunidad para mejorar sus resultados, al permitir que la “torta publicitaria” se reparta entre menos bocas.
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La  capitalización de TVN –acordada hace meses en el Congreso Nacional por iniciativa del Gobierno de Michelle Bachelet– tiene, en esta administración de Sebastián Piñera, curso de trampa, letra chica y blackout.

Los argumentos del Ministerio de Hacienda, para no entregar el dinero definido por ley, rondan subrepticiamente las lógicas de “la calidad y utilidad del gasto”, bajo el argumento de que el capital “no es para indemnizaciones millonarias”, aunque todo esto es perfectamente controlable. Más parece un esfuerzo velado para que TVN llegue a un punto de no retorno, de cesación de pagos, y así justificar que cierre sus cortinas y apague (o minimice) sus transmisiones.

Recordemos que TVN es el último medio de comunicación social importante que tiene el Estado de Chile, porque el diario La Nación fue cerrado contra viento y marea y mil artilugios de por medio –y no obstante tener una buena salud financiera– durante el primer Gobierno de Sebastián Piñera. Extraña coincidencia, ¿no?

Si la capitalización de TVN no avanza, el Gobierno eliminará una fuente de información pública que no puede administrar a su antojo –pese a tener presencia fuerte en su gestión– y, de paso, se ahorrará unos buenos pesos tras la agonía del canal. Y si muere, no habrá solo quienes se sientan parte del duelo, también habrá otros que festejen al acecho, ya que la caída de TVN alimentará el hambre del resto de los canales de televisión abierta –todos privados–, que ven en un eventual cierre una oportunidad para mejorar sus resultados, al permitir que la “torta publicitaria” se reparta entre menos bocas.

Es verdad que la parrilla de TVN ha sido bastante pobre en los últimos años y resulta evidente que debiera reestructurarse la política de programas, costos, rostros y orientaciones. Pero no hay que perder de vista que lo que realmente está en discusión no es una gestión sino un concepto de comunicación, a través de una plataforma que puede ser la nave madre de un despliegue de múltiples actividades vitales para el Estado de Chile.

Recordemos que la inversión publicitaria en TV abierta, aunque en baja sostenida desde hace varios años, todavía es muy cuantiosa y sigue siendo la mayor parte de dicha “torta” de financiamiento. Aproximadamente equivale a un 37% de todo lo que se gasta en publicidad en medios en Chile.

Es verdad que la parrilla de TVN ha sido bastante pobre en los últimos años y resulta evidente que debiera reestructurarse la política de programas, costos, rostros y orientaciones. Pero no hay que perder de vista que lo que realmente está en discusión no es una gestión sino un concepto de comunicación, a través de una plataforma que puede ser la nave madre de un despliegue de múltiples actividades vitales para el Estado de Chile.

El tema, como materia de política pública, no es fútil, sobre todo para un Estado plural como Chile, culturalmente complejo, de difícil integración territorial, y cuyos promedios de comunicación son bajos en relación con la intensidad de la ola tecnológica que domina la actualidad. Es esencial ver, ponderar y cuantificar el valor simbólico y real de los bienes intangibles.

En más de una oportunidad se ha dicho que, para el funcionamiento de nuestra democracia, es fundamental que exista una televisión pública y uno o más canales culturales, que representen el interés del país en la formación de la conciencia ciudadana.

Los intereses ideológicos, religiosos o empresariales privados deben tener la libertar de existir y expresarse, pero el país queda cojo o incompleto si no existe, también, por vocación y como obligación de toda la sociedad, una parrilla cultural, que ayude a construir la diversidad y la tolerancia como un ethos positivo. Y, por cierto, una mejor sociedad, más allá del consumo o la ideología, con más cultura, más música, más arte, con más belleza.

Chile no tiene TV infantil y cada año se transmiten cerca de 5 mil spots televisivos de comida chatarra en el horario de niños. Los contenidos de ciencia interesantes, innovadores, jamás llegarán a horarios prime sin una televisión pública y un canal cultural. Y para eso hay que meterse la mano al bolsillo.

Lo contrario –y es lo que está haciendo el actual Gobierno sin explicitarlo– es dilapidar, una vez más, un bien nacional valioso, en este caso cultural, en sentido amplio, y que tanto les ha costado a todos los chilenos desde su creación, cinco décadas atrás.

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