lunes, 18 de febrero de 2019 Actualizado a las 14:28

Aborté en Suecia

por Cristina Espinosa 8 febrero, 2019

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Señor Director:

Como habitante de Suecia hace más de un año, tengo garantizada la igualdad en el acceso de salud puesto que tengo mi número personal, algo así como el R.U.T en Chile. El aborto aquí no es ningún tabú, ningún problema. Al contrario, es libre hace cuatro décadas. Las mujeres aquí tienen derecho pleno sobre su cuerpo gracias a una de las leyes de aborto más liberales del mundo. No obstante, enterarme de que estaba embarazada fue impactante y me generó una profunda reflexión.

Mi periodo menstrual -como nunca- estaba atrasado. Junto con síntomas que nunca antes experimenté, tales como gran sensibilidad en mis pechos y repulsión ante ciertos olores, sospeché que algo extraño pasaba y decidí comprar una bolsa donde venían cinco test de embarazo. Nunca antes me había hecho un test de embarazo por lo que solicité ayuda a una amiga íntima que no era tan novata como yo en estos temas. Me aplicó el test y el resultado mostró las dos rayas paralelas. Estaba embarazada.

Mi amiga y yo quedamos perplejas ante el resultado y nos apresuramos a realizar el resto de los test que quedaban en la bolsa. Todos dieron positivo y, pese a mi incredulidad, los hechos evidenciaban lo que menos me esperaba. Decidí abortar de inmediato, no estaba preparada para convertirme en madre a mis veinticinco años, principalmente porque aún no gozo de una independencia económica y tengo planes que difieren con la maternidad. Vino la desesperación y luego la calma al pensar en el país donde vivo y todo lo que había leído respecto al aborto.

Sabía que en Suecia desde 1975 existe una ley que permite interrumpir el embarazo sin tener que dar explicación alguna antes de la semana 18 y yo apenas tenía 5 semanas de embarazo, entonces no había ningún inconveniente.

Como contraste, me ponía a pensar qué hubiese pasado conmigo en Chile, donde recién en septiembre de 2017 se aprobó la celebrada ley de aborto en tres causales. En Suecia, la ley de aborto en circunstancias específicas, como la que tiene Chile, existe desde 1930.

En Chile no habría podido abortar con la libertad que tuve aquí, puesto que mi vida no estaba en riesgo, no me habían violado ni existía inviabilidad fetal. Aquí no me pidieron dar ninguna explicación respecto a mi decisión de abortar. Y me trataron de la mejor manera posible.

Fue sencillo. Pedí una hora por teléfono y me la dieron a la brevedad. Llegué a una clínica, mostré mi respectivo número personal y pagué la consulta del ginecólogo, cuyo monto -por ley para los habitantes de Suecia- no supera los 350 SEK, equivalente a unos 25.000 CLP. En esa consulta me dieron una extensa charla sobre anticonceptivos, que en Chile no tuve ni en el colegio ni en la Universidad. Además de eso, me preguntaron si quería hacerme el examen de clamidia (que es gratuito), a lo que accedí y posterior a eso me hicieron un ultrasonido transvaginal. Ese mismo día me dieron una tableta llamada Mifeprostone que se utiliza para inducir el aborto y me pidieron que regresara en dos días más para concretar la segunda y última parte del aborto médico, donde me dieron otras tabletas para el dolor y cuatro tabletas Cytotec para insertar en mi vagina.

Después de eso, debía reposar y esperar que comenzara mi sangrado. Tuve un intenso dolor, como en algunas ocasiones cuando mi periodo menstrual está por comenzar. El equipo médico me atendió excelente en todo momento, tenían todo lo necesario a mi disposición para hacer grata mi estadía. Me pusieron un guatero y me ofrecieron una inyección en la vagina si era mucho el dolor, pero no quise. Una vez que comencé a sangrar el dolor se esfumó. El baño estaba perfectamente equipado con toallas higiénicas de todos los tamaños, además de ropa interior para cambiarse si fuera necesario.

Estoy sumamente satisfecha con la experiencia de haber abortado en este país. La calidad de la atención hizo que no fuera para nada traumático y estoy agradecida de vivir aquí, donde me siento un ser con derechos. En Chile, lamentablemente, la historia hubiera sido diferente.

Cristina Espinosa

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