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Negociaciones comerciales EEUU-China: zafarranchos porcinos

por 16 febrero, 2019

Negociaciones comerciales EEUU-China: zafarranchos porcinos
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Una semana de asueto laboral dio comienzo el lunes 4 a las grandes fiestas de bienvenida del “Nuevo Año del Cerdo 2019”, saludado con simpáticas figuras de chanchitos en calles, casas y lugares públicos. Adornos con motivos alusivos al emblemático animal permanecerán durante el resto del año, pero los jolgorios  concluirán entre cascadas de fuegos artificiales y festivales de linternas al viento en la noche del martes 19. A esa fecha, el gobierno chino ya estará contra reloj en busca de un entendimiento con EEUU, que se hace más esquivo a medida que se suman aspectos estratégicos que rebasarían lo estrictamente comercial.  

En primera instancia, lo que recibe mayor cobertura mediática internacional es por cierto el tema tarifario. Si Washington y Beijing no llegan a acuerdo antes del 1 de marzo, el presidente Donald Trump amenaza subir de 10% a 25% las tarifas de importaciones chinas a EEUU, a lo que China  replicaría incrementando en 25% los aranceles a la importación de piezas y vehículos fabricados por su contrincante.

La expectativa de detener una escalada comercial que haría rechinar los engranajes de la economía internacional sufrió un severo traspié cuando Trump descartó, sorpresivamente, su propia sugerencia de un encuentro personal con Xi Jinping para acercar posiciones. Un arreglo siquiera transitorio depende ahora de un diálogo a nivel menor, es decir, de la reanudación feliz de las negociaciones iniciadas el mes pasado en Washington entre el Representante Comercial de EEUU Robert Lighthizer, el Secretario del Tesoro Steven Mnuchin y el viceprimer ministro chino Liu He,  reprogramadas para esta semana en Beijing.

A modo de cábala, conviene rememorar que bajo la Administración Trump a las misiones chinas les persigue la mala suerte en Washington D.C. Así lo pudo comprobar el Canciller Wang Yi en los albores del presente conflicto comercial. Wang viajó a la capital norteamericana en julio 2017, con iniciativas tempranas para remontar el superávit favorable a China en el comercio bilateral: retornó a Beijing con las manos vacías, sin plan de acción, conferencia de prensa, ni comunicado conjunto.

No le fue mejor al viceprimer ministro Liu He en mayo 2018 y tampoco después, a fines de enero 2019, cuando pensó que remataría exitosamente las negociaciones  realizadas semanas atrás a nivel más subalterno en la capital china. El dignatario asiático arribó optimista a Washington, con hoja de ruta para las conversaciones y aprobación en Beijing de una enmienda relámpago que incorporaba de hecho observaciones norteamericanas a la legislación sobre inversiones extranjeras en China. Sin embargo, nada alteró la cábala. Liu He desayunó en el hotel con la noticia de graves acusaciones presentadas ante un tribunal federal contra el gigante tecnológico chino Huawei, dos de sus filiales y  su directora financiera Meng Wanzhou.

El Departamento de Justicia de EEUU formuló en total 23 cargos, entre ellos fraude bancario, obstrucción a la justicia, conspiración, violación del régimen internacional de sanciones a Irán y robo de secretos comerciales.  A menos que la empresaria china, en libertad vigilada en Vancouver desde diciembre, logre convencer a la justicia local de que las acusaciones en su contra tienen motivación política (algo extremadamente difícil), Meng Wanzhou sería deportada por Canadá para cumplir larga condena en EEUU. Una eventual fórmula salvadora de la ejecutiva china podría cambiar también la suerte de dos canadienses que, en represalia, permanecen encarcelados en China; y la de un tercero, condenado a muerte allí. Trump ha manifestado disposición de esgrimir  las facultades discrecionales que le otorga la Constitución para detener procesos en cortes federales. Añadió que lo haría “si está en juego la seguridad nacional estadounidenses o si ello contribuye a cerrar un buen trato comercial con la RPCh…”

Zancadillas en un mercado rudo

Se sabía que algo gordo llevaba días cocinándose en América el Norte a propósito de la compañía Huawei, aunque prevalecía la convicción de que el asunto terminaría ventilándose a puertas cerradas, como suele suceder con negocios donde se juega rudo en los límites de la corrección política.

La empresa Huawei, fundada en 1988 por un tecnólogo militar, padre de Meng Wanzhou, está en el vértice de una guerra sin cuartel entre chinos, norteamericanos y europeos por la hegemonía del mercado estratégico de las 5G, la quinta generación de tecnología de telefonía móvil que, se postula, decidirá las guerras del futuro y pronto evolucionará para conectar neveras, cámaras, sensores, robots, drones, vehículos autónomos, campañas militares, etc. en una misma red central. Björn Fägersten, director del Programa Europeo e investigador principal del Instituto Sueco de Asuntos Internacionales, por ejemplo, sostiene que la importancia de la pugna por la hegemonía en el mercado de las 5G entre Huawei, sus rivales estadounidenses, lo servicios de inteligencia y los gobiernos respectivos, opaca la importancia de la presente guerra tarifaria.

En la actual coyuntura, donde la Administración Trump despliega iniciativa, las autoridades de Beijing parecen optar por hacer concesiones imprescindibles sin mostrar ostensibles signos de debilidad. Al inaugurar en enero un seminario sobre Control de Riesgos, el presidente Xi Jinping sintetizó la situación al reconocer ante centenares de cuadros del Partido Comunista Chino “un desarrollo internacional impredecible” y pedir dramáticamente a la nación “prepararse para lo peor”. El Editorial de un diario de Hong Kong prefirió graficar la situación de los meses venideros en China con una de cambio en la divisa porcina del año lunar 2019: pidió reemplazar al simpático cerdito “domesticado e inteligente, aunque perezoso” por el jabalí salvaje de colmillos largos, “amable si se sabe bien tratado y fiero cuando se siente acorralado”.

 

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