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La traición de Lenín Moreno

por 13 octubre, 2019

La traición de Lenín Moreno

Crédito: Flickr Presidencia Ecuador

Lenín Moreno no es persona de fiar. Fue vicepresidente de Rafael Correa y figura del movimiento Alianza País, pero los traicionó apenas se instaló en la casa de gobierno. No impulsó el programa que ofreció al país, aliándose con el gran empresariado, la prensa corporativa y los Estados Unidos. Convirtió al expresidente Correa en su enemigo principal, acusándolo de graves (y muy discutibles) hechos de corrupción.
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El aumento de los precios de los combustibles en Ecuador fue la gota que colmó el vaso. El presidente Lenín Moreno, en vez de impulsar el programa de gobierno que prometió al país prefirió las políticas de los adversarios de la Revolución Ciudadana. Se pasó a la derecha. Dio un giro de 180 grados.
El presidente apoya sin vergüenza a los grandes grupos económicos. Los exonera de una morosidad impositiva por 4.500 millones de dólares, pero al mismo tiempo suscribe un acuerdo por 4.200 millones de dólares con el FMI para sostener la cuenta fiscal. Es insólito.
Y, como suele suceder, ese acuerdo con el FMI es claramente antipopular: aumento del IVA, privatización de los sectores estratégicos, flexibilización laboral y la reducción del tamaño del Estado, con despidos de servidores públicos y el alza y liberalización de precios de los combustibles.
Es demasiado evidente que las decisiones adoptadas por Moreno apuntan a proteger los intereses del mundo empresarial y obliga al pueblo modesto que lo ayude en esa tarea.
La protesta generalizada en el país nada tiene que ver entonces con una supuesta intención desestabilizadora del expresidente Correa. Es la respuesta del mundo popular frente a un paquetazo económico que agrede a los más débiles para favorecer a los ricos.
Y se ve que Lenin Moreno no aprendió nada del ajuste que Macri impulsó en Argentina y que ha terminado con su vida política. La historia se repite. Igual que en Argentina, la inmensa mayoría rechaza el paquetazo del FMI y sobre todo las alzas irresponsables de los combustibles.
Una ola incontenible de protestas recorre el Ecuador, lo que obligó al presidente Moreno a abandonar el palacio de Carondelet para replegarse a la ciudad de Guayaquil. Trabajadores e indígenas se han tomado las calles de Quito, pero las protestas se extienden a varios lugares del país. El “estado de excepción” y toque de queda no han ayudado mucho a frenar la rebeldía.
Es bueno recordar que Lenín Moreno ganó de forma estrecha las elecciones a la derecha del banquero Guillermo Lasso. Sin embargo, la Alianza País, el partido que le permitió el triunfo, obtuvo una cómoda mayoría en la Asamblea Nacional, lo que le aseguraba gobernabilidad. No se dudaba de la continuidad de la Revolución Ciudadana, iniciada en 2007 con Rafael Correa.
Sin embargo, Moreno eligió la traición. Aconsejado por banqueros, dueños de medios de comunicación corporativos, por el líder socialcristiano Jaime Nebot y el expresidente Abdalá Bucaram, desconoció las políticas que generaron estabilidad y crecimiento económico durante el gobierno de Correa.
Moreno renuncia también a los diez años de política internacional soberana que caracterizó al gobierno de Correa. En efecto, los recientes acuerdos con Estados Unidos incluyen la negociación de un Tratado de Libre Comercio y también la exigencia para que se desestime la sentencia de las cortes ecuatorianas contra la empresa Chevron, por el daño causado en la Amazonía ecuatoriana. A ello se agrega la decisión, de marzo de 2019, que anunció la salida del Ecuador de UNASUR, y su incorporación al PROSUR.
Adicionalmente, sobre Venezuela, Moreno va adoptando la misma línea que la del gobierno estadounidense, sumándose a los países que reconocen como “presidente interino” a Juan Guaidó. Finalmente, y quizás lo más grave, ha sido la entrega de Julián Assange a las autoridades británicas. Con esta lamentable decisión, Moreno respondía a los intereses del Reino Unido, y sobre todo, de Estados Unidos, el que persigue a Assange por haber difundido, a través de WikiLeaks, información que revela las violaciones de derechos humanos cometidas por ese país.
En consecuencia, el gobierno de Moreno ha abierto paso a una política de sometimiento a los intereses geopolíticos, económicos y militares de Estados Unidos, luego de una década de distanciamiento.
En política interna, Lenín Moreno ha buscado réditos políticos apuntado contra la corrupción y la descorreización. Por cierto, la tolerancia cero contra la corrupción es valorable, pero siempre que no signifique instrumentalizarla con fines persecutorios y políticos. Lamentablemente, es lo que ha hecho Moreno, apuntando sólo contra Rafael Correa y sus exfuncionarios, pero excluyendo de la corrupción a gobiernos anteriores, a municipios manejados por la derecha, a empresarios que envían sus capitales a paraísos fiscales y a quienes cometen fraude en las aduanas.
Moreno dividió a Alianza País, organización que sustentó la Revolución Ciudadana y, el pasado 14 de mayo, pactó con el movimiento Creando Oportunidades (CREO) del banquero Guillermo Lasso para repartirse los cargos de la Asamblea Nacional y excluir a los asambleístas que apoyan al expresidente Correa. Esa nueva alianza se propone aprobar la legislación laboral y económica que exige el acuerdo firmado con el FMI.
Lenín Moreno no es persona de fiar. Fue vicepresidente de Rafael Correa y figura del movimiento Alianza País, pero los traicionó apenas se instaló en la casa de gobierno. No impulsó el programa que ofreció al país, aliándose con el gran empresariado, la prensa corporativa y los Estados Unidos. Convirtió al expresidente Correa en su enemigo principal, acusándolo de graves (y muy discutibles) hechos de corrupción. Finalmente, ha buscado alianzas políticas internas con la derecha, en particular con el banquero Guillermo Lasso, para dar viabilidad a su acuerdo con el FMI.

*Roberto Pizarro Hofer es economista y exembajador de Chile en el Ecuador

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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