lunes, 9 de diciembre de 2019 Actualizado a las 03:35

El neo realismo chileno en el 2019

por Camila González Vera 4 diciembre, 2019

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Señor Director:

El otro día, en un momento cercano a la media noche, nos encontrábamos haciendo zapping y apareció una película en blanco y negro, que distinguí de inmediato por su acento italiano: El ladrón de bicicletas (1948).

Entrando un poco más en el filme, pienso de inmediato en la Italia de los años 40, panorama que hoy en día no se me hace lejano en el Chile del 2019.

Resumiendo, esta película cuenta la historia de un trabajador y padre de familia, post segunda guerra mundial en Roma. Compra una bicicleta para poder trabajar, se la roban, recurre a la policía, a su sindicato y hasta a una vidente sin resultado alguno. Finalmente, desesperado, ve una bicicleta y la roba, siendo atacado y repudiado por la multitud.

Mirando la trama de esta película, se refleja la “Anomia de Merton”. La anomia se emplea, en términos simples en la sociología, para referirse a la ruptura de ciertas normas. Al respecto establece Merton diferencias entre las metas culturales y las metas institucionalizadas frente a las cuales las personas acceden para lograr sus objetivos. Distingue Merton cinco modos de adaptación. El primer modo de adaptación es la conformidad, en donde la prosecución de las metas institucionales junto con las metas culturales se entrelaza. Luego, sigue la innovación, en donde el innovador acepta las metas culturales que se esperan de él, pero no sigue con los medios institucionalizados – saludemos en este punto a los casos Penta y Caval, grandes muestras de innovadores mertonianos - .En tercer lugar, se tiene el ritualismo, en donde se renuncia a las metas culturales o se bajan estándares, pero se siguen los medios institucionales, cumpliendo con la norma. El cuarto tipo es el retraimiento, en donde encontramos a alcohólicos, vagabundos, quienes no se adaptan ni a la cultura ni a la norma. El quinto tipo se denomina rebelión, y se refiere a personas que se han mantenido fuera de la estructura social, y que desean crear una nueva, con nuevas normas y medios culturales, buscando un profundo cambio de valores en la sociedad.

Nuestro ladrón de bicicletas,trata por todos los medios institucionales recuperar su bicicleta. Es así un conformista, apegado a las normas, sufriendo el yugo de la post guerra, pero decidiendo trabajar para poder comer y dar el sustento a su esposa e hijos. No pudiendo conseguir lo que necesita, Antonio se convierte en un innovador, rompiendo con las normas sociales para poder conseguir el sustento para trabajar, situación frente a la cual sale muy mal parado.

Y así como la corriente cinematográfica del neo realismo gesta esta historia ficticia en Roma en los años 40, la vida misma hoy ha gestado una historia terrible y real en nuestro territorio. Y es que no es un secreto que en Chile hoy vivimos una revolución cultural, una revolución social que no se había visualizado con tanta potencia desde la vuelta a la democracia. Por años, los ciudadanos pidieron a gritos cambios. Estos ciudadanos fueron niños que participaron de una revolución pinguina. Luego, fueron jóvenes que participaron de la gran rebelión que implico un cambio en el paradigma universitario del lucro. Y hoy, ocho años después, son adultos que reclaman por un sistema que los ha venido vulnerando desde sus inicios como seres humanos, como personas, como chilenos. Por años se ha venido pidiendo – con más o menos vehemencia – un cambio real y palpable en las paupérrimas condiciones de vida – tanto material como espiritual – frente las cuales nos vemos sometidos, todo esto a través de medios institucionalizados como marchas pacíficas, opiniones en medios de comunicación, debates, columnas, actos culturales, manifestaciones religiosas, entre otros. Y esos medios institucionales, claramente, no han sido suficientes. En este momento el chileno se ha transformado en un vulgar ladrón de bicicletas, quien ha visto truncado su modo de adaptación social, mutando desde un conformismo a una innovación, al no recibir ninguna respuesta contundente por parte del agente estatal por años. Y así se busca un poco de justicia, un poco de equidad, un poco de probidad, una pizca de humanidad. Chile hoy vive su propio neo realismo, y esto recién comienza.

Camila González Vera

 

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