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Economía digital y desigualdad

por 18 marzo, 2020

Economía digital y desigualdad
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Últimamente se ha debatido mucho respecto de las posibles explicaciones y consecuencias que tiene la desigualdad en Chile. Sin embargo, este fenómeno es global, cifras de la OCDE señalan que la desigualdad de ingresos de los países que la conforman alcanzó su nivel más alto en 50 años, donde el ingreso promedio del 10 % más rico es cerca de 9,5 veces más alto que el del 10 % más pobre, mientras que la desigualdad de riqueza muestra que el 10 % superior posee la mitad de la riqueza total y el 40 % inferior tiene solo el 3 % .

Lo anterior contrasta con el crecimiento económico que ha experimentado el mundo en las últimas décadas, el cual ha tenido como consecuencia directa una masificación de una clase media con expectativas más complejas, la cual en los últimos diez años prácticamente se ha duplicado, representando hoy en día cerca de la mitad de la población mundial . En esa línea, ni la desigualdad económica es por sí misma un problema ni el crecimiento económico es per se una buena noticia, por cuanto debemos cuestionarnos cómo ambos fenómenos conversan con el actual escenario de transformaciones sociales y digitales que experimenta nuestro país y el mundo.

En ese sentido, en la discusión país post 18-O ha estado ausente el impacto que los avances tecnológicos-digitales tendrán para nuestra economía y parece bastante cuestionable la capacidad que tendrá el país de reaccionar oportunamente a las “nuevas” brechas que la economía digital conlleva. Si bien la tecnología promete mayor flexibilidad laboral, las proyecciones apuntan a que en el mediano plazo eliminarán puestos de trabajos y podría incrementará la precarización laboral, la llamada “uberización del trabajo”. De hecho, algunos estudios proyectan que en promedio cada nuevo robot eliminará 1,6 puestos de trabajo , en especial de trabajadores más jóvenes y/o menos cualificados .

La tecnología ha cambiado la forma de operar y generar valor en nuestra sociedad, pero no ha cambiado su tejido social. Hemos crecido económicamente y avanzado tecnológicamente, pero también han incrementado las desigualdades, lo cual nos enfrenta a una difícil pregunta: ¿cómo nos haremos cargo de las futuras problemáticas sociales que acarrea la economía digital si todavía no hemos podido subsanar las inequidades arrastradas del pasado? En un contexto donde, para bien o para mal, la digitalización ha prometido una democratización en el acceso a un estándar de vida mejor.

En general, la economía digital suele pensarse desde una positividad que tiende a idealizar las figuras de los startups, las plataformas digitales y la innovación tecnológica, de hecho, en la ontología empresarial la llamada “transformación digital” suele asociarse intrínsecamente a progreso. Sin embargo, todo presunto progreso supone externalidades, y en la medida que no seamos capaces de articular una mirada interdisciplinaria para abordar los desafíos del tecnocapitalismo, difícilmente lograremos anticiparnos a los desafíos sociales que vienen y evitar que nos estallen - ¿nuevamente? - en la cara.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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