sábado, 26 de septiembre de 2020 Actualizado a las 20:43

El derecho de vivir en paz

por Marcelo Saavedra 10 septiembre, 2020

El derecho de vivir en paz
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Señor Director:

El mimetismo es una estrategia de defensa o ataque que la naturaleza ha ido perfeccionando a lo largo de eones entre los distintos organismos que cohabitan este planeta. Asemejarse al otro o a otra cosa es, a fin de cuentas, un mecanismo de supervivencia para poder mejorar las posibilidades de proyección en el tiempo de la especie a la cual pertenece el organismo imitador. Para poder reconocer a estos impostores se requiere mucha agudeza sensorial, la que va más allá de los sentidos tradicionales de la vista, oído u olfato. Se requiere la capacidad de analizar integradamente todas las señales que aportan nuestros receptores tradicionales, incluso algunos organismos han desarrollado otros sentidos para reconocer la presencia de impostores que se hacen pasar por otros, con el único objeto de desenmascararlos con el objeto de huir de ellos o enfrentárseles y saldar las cuentas alimenticias que impone madre natura.

En el discurso político de la sociedad del S.XXI, es notable observar cómo el mimetismo en el lenguaje se posiciona como la estrategia básica para tratar de proyectar en el tiempo ideales que, en no pocos casos, son claramente contradictorios al lenguaje y retórica mañosa que se emplea para capturar incautos desprevenidos. Pero para ser un buen impostor hay que saber mucho sobre quién o a qué cosa se quiere imitar. Por lo general, es una estrategia que emplean los que adscriben ideales conservadores, incluso fascistas y que tratan de vestirse con ropajes un poco más liberales a la hora de convencer parroquianos. Es muy raro que un liberal se vista con ropajes discursivos conservadores para convencer a potenciales simpatizantes. Esos ejemplares son los denominados “conversos”, pero eso es otra historia.

En países subdesarrollados como el chileno, las imitaciones discursivas que se intentan en el plano de los mensajes políticos son de dudosa calidad. Son eficientes en el corto plazo, pero no por mérito propio, sino más bien por las precarias herramientas de reconocimiento de los engaños por una pléyade de incautos que, producto de sus infinitas necesidades, lo único que quieren es creer lo que quieren escuchar. Así, el “pasar gato por liebre” se ha transformado en el deporte nacional de gran parte de la clase política parasitaria del país, donde el mimetismo descarado y mal implementado alcanza niveles superlativos sobre todo en la previa de procesos preeleccionarios.

La última joya de este fenómeno nos lo entrega la campaña por el “Rechazo” al proceso constituyente, donde los creativos de dicho esfuerzo comunicacional consideraron que vestirse con los ropajes de un cantante popular, asesinado por tener ideales opuestos a cualquier razonamiento del mundo ideal que piensan los promotores de dicha campaña, podría inclinar la aguja en su beneficio. “El derecho de vivir en paz” es un anhelo indudablemente de la gran mayoría de la especie humana. Pero la historia de este país ha mostrado en innumerables ocasiones que los ideales tras los actuales representantes de la campaña por el “Rechazo” son más proclives a otra parte desde donde extrajeron esa frase y que reza: “…donde revientan la flor con genocidio y napalm…”

El mimetismo no es para principiantes, sobre todo cuando cuando en el acervo popular se acogió desde hace mucho tiempo ese precepto bíblico que plantea “por sus actos los conocerás”.

Atentamente,

Marcelo Saavedra, Biólogo

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