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Responsabilidad socioambiental urgente frente al Hidrógeno Verde

por 19 noviembre, 2021

Responsabilidad socioambiental urgente frente al Hidrógeno Verde
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La ecorregión subantártica ubicada al sur del Golfo de Penas, es una de las 24 últimas zonas prístinas según Conservation International. Los Campos de Hielo y la Cordillera Darwin constituyen la segunda reserva de hielo y agua dulce más grande y más limpia del planeta. Sus glaciares tienen registros únicos de cambios climáticos pasados, por lo que permiten armar y proyectar el puzzle global. Aún subsisten culturas originarias vivas como la yagán, la kawésqar y la descendencia selk’nam, además del 5% de plantas briófitas del mundo, las mayores extensiones tanto de bosques templados y lluviosos como de humedales del Hemisferio Sur, y las áreas protegidas no tropicales más vastas del mundo.

Éste es el hábitat que espera el inminente arribo de capitales franceses, alemanes, italianos, ingleses y austríacos – entre otros – financiando megaproyectos de Hidrógeno Verde descritos hasta ahora como una oportunidad para sus apenas 165 mil habitantes. Sin embargo, tal como sucedió en Magallanes con la moratoria que permitió planificar territorialmente la llegada de las salmoneras a la región (después de abarcar buena parte de Los Lagos y Aysén), se hace preciso asumir  la responsabilidad socioambiental de habitar este espacio del planeta, a través de la política del cuidado que promueve el actual proceso constituyente.

Es hora de poner el acento en los desafíos, como cuando comprometemos la casa para la realización de una fiesta a gran escala. Si bien el hidrógeno que quieren producir en este maritorio es calificado como “verde”, esto se debe al origen eólico y renovable de la energía que se ocupará para su producción; no así para los procesos que se deben desarrollar antes de dicha etapa. 

Todo megaproyecto implica impactos para los cuales hay que prepararse. En este caso, ya se pueden advertir futuras tensiones producto de la alta demanda regional de rutas terrestres, de la falta de infraestructura portuaria, de la insuficiencia del sistema de gestión de residuos industriales, de las reducidas capacidades de evaluación y fiscalización ambiental, de la realidad inmobiliaria y vial frente a la masiva llegada de nuevas personas, del uso de espacios costeros para plantas desalinizadoras, y de la afectación de los sistemas de vida y costumbres locales.

¿Cuál será el rol del Estado en este contexto? A la luz de lo descrito, corresponde por lo pronto definir las vocaciones del maritorio que ocupamos, en la actualización de la Estrategia Regional de Desarrollo, entre las cuales no sólo pueden estar el turismo, la pesca, la ganadería, la acuicultura y las energías renovables, sino también la protección de las reservas mundiales de biosfera, al igual que la mantención de la calidad de vida y trabajo de sus habitantes. 

En este contexto, se hace urgente recuperar la Empresa Nacional del Petróleo, tras una historia reciente que privatizó la gestión y la producción de hidrocarburos a través de los Contratos Especiales de Operación (CEOP), a partir de capitales extranjeros. La ENAP no sólo tiene que cambiar de nombre; debe volver a ser robusta y activa, como lo fue durante sus primeras décadas de existencia. El equilibrio biocultural no puede quedar al arbitrio del mercado, y necesitamos un Estado que asegure beneficios para las comunidades, a través de la diversificación de la matriz energética, de garantías de sustentabilidad y de aportes económicos. No queremos ser el mero receptáculo de una empresa exitosa para otros y, para ello, hace falta organizarnos antes de dar “luz verde” al hidrógeno verde.

 

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