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Quisiera ver al Diego para siempre

por 27 noviembre, 2021

Quisiera ver al Diego para siempre
Lo de México 86 tiene su propio sitial universal. El relato de Víctor Hugo Morales, lo hace aún más poético “De dónde viniste barrilete cósmico, de qué planeta viniste genio….Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2-Inglaterra 0”. La obra perfecta, para un marco inigualable. Son tantas las imágenes de Diego haciendo de la suyas, que esta columna tendría que tener varios capítulos. A un año de su partida, el recuerdo es innato y mundial. Diego, el Pelusa, el zurdo de oro, el talento humano, el barrilete cósmico…. el Genio.
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“Quisiera ver al Diego para siempre, gambeteando por toda la eternidad, es verdad. El Diego es lo más grande que hay, es nuestra religión, nuestra inmensidad, quiero que siga jugando para toda la vida”. El 20 de noviembre del 2001, en un caluroso día en Buenos Aires, Los Ratones Paranoicos, abrían la fiesta en la Bombonera entonando una canción himno para todos quienes admiraban al 10 argentino.

Un evento inolvidable, lleno de emociones y sensaciones, donde tuve el privilegio de estar en cancha, en esa época para Canal13. De verdad ese día, sentí que el piso de la Bombonera temblaba, con cada rugido de la guitarra y más de sesenta mil feligreses adorando al Diego. Era imposible no abstraerse de todo ese mundo mágico que inventó el nacido en Fiorito por más de dos décadas.

Diego, era el Pelusa, el muchacho de potrero, lleno de sueños e ilusiones, de la gambeta corta y endiablada, de la mirada desafiante antes los golpes de los rivales, de los botines desabrochados para mostrar su técnica increíble, era el jugador que magnetizaba a todos…compañeros y rivales.

Su legado quedó plasmado en el Nápoles. Un equipo de tono menor, que desde su llegada adquirió personalidad y carácter, sometiendo a los poderosos del norte como son Juventus y Milán, llevando a la escuadra del sur de Italia a ganarse un espacio en el concierto europeo.

Sus gambetas esquivando los duros golpes de los defensores del calcio, sus pases milimétricos y goles inolvidables lo elevaron a una categoría donde solo hay pocos ungidos. Diego fue uno de ellos, porque Maradona fue su lado débil, que hoy en esta columna no vale la pena ahondar.

Diego, líder y capitán. Valiente y corajudo. Extrovertido y díscolo, pero con una plasticidad y elegancia únicas. Nadie como él, para someter al balón a sus órdenes del pie izquierdo, hacer con ella lo que quería y que la esférica siempre respondiera a sus deseos.

Un tiro libre único ante la Juventus en el San Paolo, es una de las imágenes más memorables de los cientos de goles que hizo Diego con la camiseta celeste. Una caricia sutil, sin vuelo, elevando el balón con una precisión extraordinaria por sobre una barrera promedio 1.85, que logra que pase y se cuele en el ángulo más alejado de la valla. En Nápoles hasta el día de hoy se recuerda como “el gol imposible”.

Lo de México 86 tiene su propio sitial universal. El relato de Víctor Hugo Morales, lo hace aún más poético “De dónde viniste barrilete cósmico, de qué planeta viniste genio….Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2-Inglaterra 0”. La obra perfecta, para un marco inigualable. 

Son tantas las imágenes de Diego haciendo de la suyas, que esta columna tendría que tener varios capítulos. A un año de su partida, el recuerdo es innato y mundial. Diego, el Pelusa, el zurdo de oro, el talento humano, el barrilete cósmico….el Genio.

 

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