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Red de conflictos de intereses en la política exterior del Presidente Piñera

por 6 enero, 2022

Red de conflictos de intereses en la política exterior del Presidente Piñera
El Presidente Piñera nunca despejó completamente la exigencia de transparentar su enorme fortuna y depositarla completa en un fideicomiso ciego, al cual no tuviera ningún tipo de acceso. Las reinvenciones corporativas de Odisea Investment son el proverbio de lo que no debiera existir entre dinero y política en un país democrático. Menos con una norma tan permisiva como la de la Constitución chilena. Sin control real, los fondos de inversión privada (FIP) de Odisea la tienen llena de inversiones mineras, prácticamente demoliendo la reputación de país minero que posee Chile. Geoactiva, Minería Activa Uno y Minería Activa Dos, de las que cuelga una gran cantidad de proyectos que rozan la especulación –como Minera Dominga–, también lo exponen a sus competidores, como Perú, en los mercados internacionales.
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Sebastián Piñera se está dando un festín de decisiones políticas que, supone, endulzarán su legado. Una de ellas es la invitación hecha a Gabriel Boric, para que lo acompañara en su viaje a Colombia a fines de enero, a reuniones cumbre de Prosur y de la Alianza del Pacífico. El Presidente Electo declinó la invitación, argumentando requerimientos inexcusables en la preparación de su Gobierno, 48 horas después de recibida la invitación.

Para algunos, el gesto republicano de Piñera no fue apreciado debidamente por Boric. Para otros, este hizo bien, pues dichas reuniones son de claro tinte ideológico de derechas, y generaban el riesgo de validar lo actuado por Piñera en esos bloques, y comprometerlo en temas sensibles del interés nacional. 

Sin embargo, el tema parece ser más profundo que un problema de cortesía. La intensa red de intereses comerciales personales del Presidente Piñera y su familia, que contamina de manera impredecible su agenda pública, en este caso es mucho mayor por tratarse de política exterior muy fuera de control. Ya ocurrió un bochorno en su primer mandato con su política de “cuerdas separadas” con el Perú, en pleno juicio por las fronteras marítimas ante la Corte Internacional de La Haya. Ello, cuando quedaron en evidencia sus inversiones privadas en Exalmar, las que aún mantiene vigentes.

Su entorno privado tiene como actor corporativo central a Odisea Investment, empresa familiar en manos de sus hijos y con domicilio en un paraíso fiscal, luego que se viera obligado a desprenderse de la administración directa de al menos parte de sus negocios. La presencia de sus hijos y su esposa, personas expuestas políticamente de acuerdo a la ley chilena, ya es en sí un problema. Peor aún si desde allí se operan sus bienes, envueltos en una maraña de empresas, fondos privados de inversión y empresas offshore, que constituyen en la práctica una quinta columna de riesgo de seguridad para el Estado de Chile.

 Odisea Investment también se encarga de los juicios que se originan, y en cuyo curso normalmente se ve expuesto el interés de Chile, por el vínculo con el Presidente del país. Hasta donde es posible conocerlos, todo opera de manera legal, por la competencia privativa que le dan en política exterior los artículos 24 y 32, número quince, de la CPC.

Si se analiza lo dicho en relación con Colombia, y las reuniones de Prosur y Alianza del Pacífico, el Mandatario, a través de Odisea Investment, es el cuarto mayor accionista en la Bolsa de Valores de Colombia. Esta, además, forma parte, junto a las bolsas de Chile, Perú y México, del Mercado Integrado Latinoamericano (MILA), iniciativa que comenzó a operar en mayo de 2011 tras un acuerdo de los gobiernos chileno, colombiano y peruano.

Existen antecedentes graves de que en la Bolsa de Valores de Bogotá se estaría lavando parte de las ganancias ilegales provenientes de la explotación minera ilegal del Arco Minero del Orinoco, un eje de la triple frontera entre Colombia, Venezuela y Brasil, llena de bandas paramilitares y crimen organizado. En ella se extrae oro, diamantes, coltán, cobre, hierro y bauxita, con la participación empresarial directa del ejército venezolano, lo que le ha valido al Gobierno de Maduro duras condenas de la ONU por violaciones de los derechos humanos de los pueblos originarios de la zona, y por la existencia de trabajo esclavo.

Tanto Prosur como la Alianza del Pacífico, centran su acción en temas de negocios. La Alianza del Pacífico tiene su foco en la integración de las economías de Chile, Colombia, Perú y México, a través de un Acuerdo Marco. Busca crear un área de integración profunda con libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, y convertirse en una plataforma de proyección extracontinental. A su vez, Prosur –creado el 2019 por Piñera, Iván Duque y Mauricio Macri–, derechamente es calificado como un “club de presidentes de derecha”, que a todas luces resulta una redundancia frente a la Alianza del Pacífico.

Pueblos indígenas, violaciones de derechos humanos, lavado de activos, por mencionar tres temas que seguramente no estarán en las reuniones cumbre, sí le interesan al país. Sin embargo, son propios de la agenda de Seguridad Regional, es decir, de tratamiento especial, pero que las denuncias de corrupción emanadas de los llamados Pandora Papers, sobre todo en relación con Colombia, dejarán fuera de una cumbre de negocios. 

En Brasil, Odisea mantiene un juicio por unos doscientos millones de dólares por daños en la tenencia de bonos inmobiliarios, con la empresa de centros comerciales General Shopping. En este juicio, Odisea comparte la demanda con los fondos de inversión Deuda Latinoamericana y Latin American Corporate Debt, ambos de Moneda Asset, uno de los administradores del fideicomiso ciego de Sebastián Piñera. Aquí, inevitablemente, se ve el nexo entre el interés de inversores chilenos y los temas personales de la familia Piñera Morel, de manera doble, Pues, además de Odisea, es posible que Moneda tenga parte del dinero de Piñera en los Fondos que reclaman contra la empresa brasileña. 

En Perú, además de la inversión en Exalmar, ampliamente conocida, Odisea –es decir, Sebastián Piñera y familia– está entre los principales accionistas de Andino Investment Holding S.A.A. (Andino), un poderoso grupo especializado en inversiones de infraestructura y logística de servicios portuarios y aeroportuarios. Una compra reciente transformó a Andino en “líder en el sector de soluciones integrales de logística marítima, terrestre y aérea” en el vecino país, según declaraciones de sus ejecutivos. 

Andino, es dueño del 50% del Consorcio Kuntur Wasi, operador de la fallida concesión para la construcción del Aeropuerto de Chinchero, en el Cuzco. Este consorcio demandó de arbitraje internacional ante el CIADI al Estado peruano, por la cancelación de la concesión. El otro 50% es propiedad de la argentina Corporación América, del magnate Eduardo Eurnekián, el mayor operador de aeropuertos en el país transandino, quien hizo su fortuna durante las últimas privatizaciones de Carlos Menem. El caso Kuntur Wasi fue determinante en la salida de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) de la Presidencia y, luego, de su sucesor, Martín Vizcarra. Los abogados del presidente del Directorio de Kuntur Wasi son del estudio Mossack Fonseca, desde el cual se filtraron los Panama Papers. En esa compañía la familia Piñera Morel tiene demandado de arbitraje ante el CIADI al Estado peruano.

El Presidente Piñera nunca despejó completamente la exigencia de transparentar su enorme fortuna y depositarla completa en un fideicomiso ciego, al cual no tuviera ningún tipo de acceso. Las reinvenciones corporativas de Odisea Investment son el proverbio de lo que no debiera existir entre dinero y política en un país democrático. Menos con una norma tan permisiva como la de la Constitución chilena. 

Sin control real, los fondos de inversión privada (FIP) de Odisea la tienen llena de inversiones mineras, prácticamente demoliendo la reputación de país minero que posee Chile. Geoactiva, Minería Activa Uno y Minería Activa Dos, de las que cuelga una gran cantidad de proyectos que rozan la especulación –como Minera Dominga–, también lo exponen a sus competidores, como Perú, en los mercados internacionales.

La pregunta es si, en estas condiciones, se puede considerar una cortesía republicana la invitación que le hiciera Sebastián Piñera a Gabriel Boric de ir juntos a Colombia, y que este último rechazó.

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