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Fatiga constitucional

por 18 julio, 2022

Fatiga constitucional
Desde esta lógica el riesgo sería que, de imponerse la opción de Rechazo, la cuestión constitucional se mantenga sine die por mucho tiempo. En ese escenario las consecuencias son difíciles de prever hoy. Desde la perspectiva del desarrollo del país, mantener la cuestión constitucional abierta paraliza y abre interrogantes en cuanto a que Chile pueda seguir siendo algo distinto al resto de los países de la región. Desde la subjetividad de las personas, podría ser que la incertidumbre sobre las reglas del juego, la situación económica y social del país, así como la posibilidad de que el Gobierno se aboque a resolver los problemas que hoy agobian a la ciudadanía, solo terminen por aumentar la impaciencia, el desánimo y el miedo al futuro.
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La entrevista del viernes del Presidente Gabriel Boric no fue casual. No lo fue ni por el medio escogido ni por la oportunidad en clave táctica y estratégica. Sabido es que estamos insertos en lo que algunos llaman “democracias de audiencia” o “democracia ocular”, donde la nueva arena política hoy son los matinales. En estos espacios de comunicación social la lucha por el poder se desarrolla bajo la atenta mirada del público. De ahí que el Presidente buscara generar un hecho político para intentar influir en el actual clima de opinión pública.

El anuncio del Mandatario configura a todas luces un escenario alternativo o Plan B de La Moneda, pero que coloca condiciones y sube los costos a la opción del Rechazo. La apuesta, no exenta de riesgos, busca que el hastío y la fatiga con el proceso constituyente puedan ser un factor que juegue en beneficio del Apruebo.

Si se impone esta opción, se cierra entonces la cuestión constitucional. En cambio, si lo hace el Rechazo, la “cuestión constitucional” se mantendría abierta. El temor a partir de cero, manteniendo abierto el proceso a lo menos por un año y medio más, con el actual clima de incertidumbre y crispación, podría movilizar al electorado a optar por Aprobar el texto constitucional como solución para cerrar el proceso.

El giro estratégico del Primer Mandatario buscar instalar en la opinión pública la duda razonable acerca de que la opción Rechazo pueda cerrar la “cuestión constitucional”.

Como sabemos, a pesar de los esfuerzos esta se mantiene abierta desde 1980. Aunque no lo dice explícitamente, lo que hay entre líneas –en lo dicho por el Presidente Boric– es que el texto de nueva Constitución, mal o bien, ofrece cerrarla. En los hechos, que la “cuestión constitucional” siga abierta implica, por una parte, varias interrogantes y, por otra, que se mantenga y profundice el clima de incertidumbre y polarización. Esto, porque deja abierta una cuestión que ha demorado demasiado tiempo en cerrarse y que las reformas de 1989 y 2005 no lo consiguieron. Ese último intento agotó el ciclo de reformas.

Desde esta lógica el riesgo sería que, de imponerse la opción de Rechazo, la cuestión constitucional se mantenga sine die por mucho tiempo. En ese escenario las consecuencias son difíciles de prever hoy. Desde la perspectiva del desarrollo del país, mantener la cuestión constitucional abierta paraliza y abre interrogantes en cuanto a que Chile pueda seguir siendo algo distinto al resto de los países de la región. Desde la subjetividad de las personas, podría ser que la incertidumbre sobre las reglas del juego, la situación económica y social del país, así como la posibilidad de que el Gobierno se aboque a resolver los problemas que hoy agobian a la ciudadanía, solo terminen por aumentar la impaciencia, el desánimo y el miedo al futuro.

En la base de lo anterior está la fatiga constitucional que parece experimentar la ciudadanía en relación con el proceso constituyente y sus derivadas. No se trata de un cansancio temporal con el proceso. Se trata –a juzgar por lo que son las actuales prioridades ciudadanas y sus estados de ánimo– de una auténtica fatiga. Esta parece haber consumido y agotado las reservas para continuar con este estado de cosas por varios meses más. Parece no haber voluntad, ni disposición ni energías, para mantener la continuidad de la cuestión constitucional abierta.

La fatiga es peligrosa, puede hacer ineficaces las decisiones públicas cuando estas no son aceptadas, respetadas y compartidas. La evidencia muestra que la fatiga social y el riesgo de la indiferencia democrática son disparadores de energías impugnadoras y nuevamente destituyentes.



De este modo, la idea de que la opción del Rechazo no termine cerrando la cuestión constitucional y profundice la fatiga constitucional que experimenta la ciudadanía con el proceso, constituye –a las claras– una amenaza al objetivo de contar con nuevas reglas del juego, al costo de hacerlo sin la legitimidad de la ciudadanía.

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