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OPINIÓN

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Cambio Climático: un tema imponderable que el Gobierno escucha poco y los empresarios menos

por 30 junio, 2018

Cambio Climático: un tema imponderable que el Gobierno escucha poco y los empresarios menos
Los cambios sociales para mejorar la humanidad ocurrirán si hay suficiente presión y determinación de la ciudadanía en cualquier parte, pero al calentamiento global no hay cómo vencerlo si no actúa toda la humanidad, con igual determinación, para decir ¡basta de emisiones!. No es un problema que afecte a un país únicamente, y su solución no depende de lo que haga sólo un país. Por eso decimos que Chile no es ajeno al cambio climático, no lo es ni en recibir sus impactos ni podrá serlo luchando para confrontarlo.
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Nunca en la historia de la humanidad hemos tenido necesidad de tantos recursos como hasta ahora, aunque también es verdad que hemos sido siempre capaces de satisfacerla. Sin embargo, en las últimas décadas hemos empezado a aceptar que esos recursos son finitos y que la presión sobre el planeta nos está acercando rápidamente a sus límites. Y como bien sabemos, en este asunto no hay un plan B, no hay otro planeta, no existe una opción alternativa.

A los optimistas que sueñan que podremos trasladarnos a vivir a otros planetas tenemos que despertarlos: ¿cómo vamos a trasladar a los más de 7.500 millones de personas, dónde vamos a encontrar los recursos y los medios de transporte para realizar semejante empresa? De lo único que estoy seguro es que los humanos estamos unidos al planeta tierra por un cordón umbilical que jamás podremos cortar. Como homo sapiens, somos una más de millones de especies. Somos parte del planeta Tierra y hemos evolucionado en su biósfera, dependemos de ella como eslabón de una larga y compleja trama de vida de la cual estúpidamente intentamos separarnos. Somos también la especie que más daño le ha causado a nuestro planeta y a otras especies.

Los optimistas, nos dicen que debemos despedirnos de la naturaleza, de nuestros compañeros que nos acompañaron por millones de años co-evolucionando, que es hora para que la humanidad se transforme y comience a crear su propia biósfera, su propia ecosfera o macro-ecosistema, sin depender más de los otros componentes biológicos y físicos naturales. Nos dicen que vamos a tener los instrumentos tecnológicos para crear nuestros propios alimentos, vitaminas y enzimas, construir nuestra propia atmósfera y diseñar a pedido a nuestros descendientes. Nos anuncian que seremos capaces de repararnos a nosotros mismos, erradicaremos las enfermedades. La posibilidad de ser eternos estará al alcance de la mano (seguramente de los más ricos) dentro de algunas generaciones. Los optimistas están convencidos de que en alguna parte del espacio existen otras formas de vida inteligente. Es lógico, por la enormidad del Multiverso: miles de millones de galaxias, con cientos de miles de millones de estrellas cada una y billones de planetas orbitando alrededor de esas estrellas.

Pero al parecer no es así. El 8 de Junio 2018, hace unos días, Sandberg, Drexler y Ord, científicos de la Universidad de Oxford, publicaron en arxiv.org un tremendo artículo en el que reinterpretan con rigor matemático dos pilares de la astrobiología: la Paradoja de Fermi y la Ecuación de Drake. Y sus conclusiones son contundentes:  jamás encontraremos otras civilizaciones inteligentes. ¿Por qué? Porque, sencillamente, no existen. O sea, a pesar de todo, estamos completamente solos. Reduciendo al máximo el enorme grado de incertidumbre, ciñéndose a los mecanismos químicos y genéticos plausibles, estos científicos, después de complejos y completos análisis matemáticos han concluido que existe una muy alta probabilidad de que estemos completamente solos.

Conclusiones que seguramente no gustarán a muchos optimistas ya que destacan que este es nuestro único planeta y que estamos solos. Subrayo esto porque es posible que algunos optimistas a lo mejor albergaban la inverosímil probabilidad de que pudiéramos en el futuro aprovechar la mayor inteligencia y la más avanzada tecnología de seres extraterrestres para solucionar nuestros problemas, aquellos que hemos sido incapaces de solucionar entre nosotros los humanos y con nuestro planeta.

Los optimistas, adoradores de la tecnología sin límites, como nuevos Prometeos, nos prometen que si seguimos haciendo las cosas como hasta ahora viviremos en  un mundo mejor. Que cómodo sería creerles y seguirlos en su optimismo que nos repite que el mundo nunca ha estado mejor que en 2018. En muchos aspectos esto es verdad, en salud, acceso a la educación, comunicaciones, productividad, tecnología médica, genómica, sistemas digitales. No se puede desconocer que a diferencia de 20 años atrás hoy tenemos mejor saneamiento ambiental, mejor salud pública, infraestructuras, manejo desechos urbanos, etc., claro que todo ello no significa que estemos bien, sino que estamos menos sucios. Claro que es discutible y depende de a quiénes estemos usando como referencia. Es evidente que como somos más, en términos absolutos contaminamos mucho más y utilizamos muchos más recursos. Pero a pesar de nuestros errores medioambientales hemos construido un mundo extraordinario. Hemos aumentado la producción de alimentos, alcanzado metas en comunicaciones, globalización, comercio y finanzas digitales, que individuos de hace tres generaciones jamás se lo hubieran imaginado. Hemos ganado tiempo para concentrarnos en nuevas labores con lo que ahorramos por comunicarnos digitalmente.

Sin embargo, en muchas otras cosas estamos aún muy mal. Por citar: inseguridad en las relaciones internacionales con posibilidades de confrontaciones miles de veces más devastadoras que hace medio siglo; niveles de drogadicción, corrupción, acumulación y concentración de la riqueza; resurgimientos del terrorismo, de los fundamentalismos y enfrentamientos religiosos. Inseguridad laboral. Narcotráfico. El costo que hemos pagado ha sido enorme. Hoy abunda el individualismo, la desintegración social y la falta de solidaridad. Las interdependencias entre generaciones y coetáneos se han esfumado. Vivimos en un sistema más frágil, más cerca de colapsar en cualquier momento. Y esa es la razón porque nos sentimos angustiados, ansiosos, inquietos y no sabemos a qué atribuirlo. Ese es el quid del asunto.

Además de todas estas causas para el pesimismo, tenemos otra, una mayúscula, que no queremos apreciar, que deseamos esconder, que deseamos ignorar, pero que nos golpea a diario. Es la del cambio climático. A los otros problemas podemos hacerlos a un lado si es que nos proponemos hacerlo. Los cambios sociales para mejorar la humanidad ocurrirán si hay suficiente presión y determinación de la ciudadanía en cualquier país. Pero al calentamiento global no hay cómo vencerlo si no actúa toda la humanidad, con igual determinación, para decir ¡basta de emisiones! No es un problema que afecte a un país únicamente, y su solución no depende de lo que haga sólo un país. Por eso decimos que Chile no es ajeno al cambio climático, no lo es ni en recibir sus impactos ni podrá serlo luchando para confrontarlo.

Por desgracia, no nos queda sino ser pesimistas ante el escenario actual que atestiguamos en Chile y en el resto del mundo. Estamos perdiendo la batalla. A la vista están los hechos: cada día destruimos más ecosistemas, eliminamos bosques nativos, más eventos climáticos extremos (inundaciones, huracanes, aluviones, marejadas, incendios, sequías), los glaciares se derriten, las costas se debilitan, aves y peces desaparecen, debido a prolongadas sequías las tierras se desertifican y se extinguen especies. Sí, esto sucede, aunque los optimistas digan que nunca hemos estado mejor!!

Para tener éxito contra el cambio climático y sus consecuencias tenemos que poner en marcha una disminución efectiva de las emisiones de dióxido de carbono, no podemos como los optimistas engañarnos convenciéndonos que no es para tanto, que aún hay lugar para seguir emitiendo cantidades siderales de CO2. La cantidad de CO2 que el mundo expulsa a la atmósfera no ha dejado de crecer: desde 1960 se ha multiplicado prácticamente por cuatro y desde 2005, año de entrada en vigor del protocolo de Kioto, se ha incrementado un 22%. De aquí a fin de siglo, la temperatura no debe aumentar más de dos grados centígrados respecto a la época preindustrial. Según el consenso científico, de cumplirse esta meta podríamos tener esperanzas que vamos a ser capaces de evitar a tiempo el desastre climático.

Pero en 2017, contrario a estas expectativas el mundo en vez de disminuir, aumentó sus emisiones de gases efecto invernadero, tras tres años de cierta estabilidad. Esta nueva situación vuelve a inyectar urgencia a las negociaciones del clima (COP24) que se retomarán a fin de este año en Katowice, Polonia. De seguir las cosas como hasta ahora, las emisiones de CO2 ligadas a la industria y la combustión de energías fósiles continuarían aumentando entre 1.5 y 2.0% este año respecto a 2017 (entre 0,8% y 2,9%) y alcanzarían un récord de más de 42 millones de toneladas, después de mantenerse prácticamente estables entre 2014 y 2016. Esta situación nos exige actuar con más resolución.

De confirmarse estas aproximaciones evidentemente la humanidad no será capaz de mantener la temperatura por debajo de los 2 ºC, objetivo fijado por el Acuerdo de París para antes 2050. Para conseguirlo, sería necesario que las emisiones disminuyan rápidamente. China, es el primer emisor del mundo responsable del 28% de las emisiones de gases con efecto invernadero aunque mejoró su situación en los últimos años reduciendo su utilización del carbón, pero no lo suficiente debido al boom de la producción industrial y a una producción hidroeléctrica menor por culpa de episodios de sequía.

En India, las emisiones crecieron menos (+2%) pero esto debería ser temporal, advierten los investigadores. En cuanto a la UE, sus emisiones están bajando más lentamente que en la década anterior (-0,2%). Será la primera vez en 5 años que el consumo de carbón aumente (+0,5%) a causa de la carestía del gas natural. Estas variaciones se han calculado a partir de datos del portal Global Carbon Project, que compila información del Carbon Dioxide Information Analysis Center (CDIAC), de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y del departamento estadístico del BM. Los diez principales emisores son, por orden, China, Estados Unidos, India, Rusia, Japón, Alemania, Irán, Arabia Saudita, Corea del Sur y Canadá (la UE, en conjunto, ocupa la 3ª posición). Los primeros cinco emisores (China, Estados Unidos, Rusia, India y Japón) encabezan la clasificación de emisiones absolutas de los últimos cinco años. Emiten el 57% de las 40 gigatoneladas generadas en 2017 en el mundo.

En estos últimos dos años, las partes firmantes del histórico Acuerdo de París (excepto Estados Unidos, que lo abandonó) empezaron a concretar un "reglamento" de ese complejo pacto, y también lanzaron un "período de diálogo" para preparar la revisión de los compromisos climáticos nacionales, presentados por cada país.  Tras el balde de agua fría que supuso para la comunidad internacional la decisión del presidente Donald Trump este año de sacar a su país del acuerdo, hay que acelerar el paso. De estos asuntos se debatirá en Diciembre 2018 en Katowice, Polonia.

Los países firmantes del Pacto de Paris deberán explicar allí cómo han llevado a cabo los cambios, por ejemplo, sería muy deseable escuchar en Katowice a las distintas Delegaciones de Países firmantes del Pacto, entregar nuevas cifras, datos duros, cuantificables, por ejemplo: “transformamos nuestro sistema eléctrico bajando las emisiones de CO2 a menos del 20%; la transición energética es una realidad en el 50% de nuestro territorio nacional; establecimos N decenas de millones de placas solares; facilitamos N nuevas formas de moverse en nuestras ciudades más pobladas; hemos entregado N millones de dólares en incentivos y subsidios para cambiar el parque automotriz de diesel y gasolina a eléctricos”, etc.

Chile tiene algunos avances que presentar de lo que se hizo en la administración anterior con la Política Pacheco-Bachelet Energía 2050. Esperemos que se presenten muchas otras nuevas en proyectos o en marcha por el Gobierno de Piñera. Sabemos que hay muchas iniciativas locales, pero el  Gobierno escucha poco y los Empresarios menos.

 

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