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Reforma Tributaria: las cartas sobre la mesa

por 28 septiembre, 2018

Reforma Tributaria: las cartas sobre la mesa
El proyecto profundiza en uno de los aspectos más cuestionados del proyecto tributario de Bachelet-Arenas: el perdonazo para la repatriación de capitales mantenidos ilegalmente fuera de Chile. Como diputado fui minoría al oponerme a esta triquiñuela vergonzosa. Resulta incomprensible, sin embargo, que el ministro Larraín proponga la prórroga de este perdonazo. ¿Acaso no sabe, el ministro, que Chile hoy forma parte del Acuerdo Multilateral para el intercambio automático de información sobre cuentas financieras, precisamente para evitar prácticas como las que el proyecto busca regularizar? Increíble. ¿La derecha y la izquierda unidas jamás serán vencidas?
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Un buen régimen tributario recauda recursos y permite redistribuir riqueza, a la vez que evita imponer cargas irracionales a la actividad económica. Es un ejercicio complejo, pero no imposible, de lo que el Presidente Aylwin llamaba “crecimiento con equidad”. Por lo mismo, conversar en serio sobre el proyecto de modernización tributaria es un imperativo ético político, además de un desafío técnico.

En una columna anterior argumenté mi acuerdo con la integración tributaria como un instrumento probado para asegurar lo que se conoce como equidad horizontal. Quienes reciben los mismos ingresos deben pagar los mismos impuestos. Recordé, no está de más, que eso es lo que proponía la reforma tributaria original de Bachelet-Arenas. Sostuve en esa misma columna que hay medidas simples para asegurar que además el proyecto sea progresivo: exigir tributar a la compra y venta habitual de acciones y elevar el impuesto global complementario a las personas de mayores ingresos, como ha propuesto en este último caso el propio presidente de la CPC.

El proyecto estimula la inversión al establecer el 50% de depreciación instantánea como régimen general y un 100% en el caso de La Araucanía. No comparto la diferencia. La depreciación instantánea de un 100% debiera ser la regla general para estimular la inversión en capital físico.

En la práctica, cada uno de estos contribuyentes tendrá una especie de renta presunta establecida centralizadamente por el SII, el que calculará márgenes de rentabilidad por empresas, sectores y tipos de industrias. Sí, lo leyó correctamente. El mismo servicio acusado de debilidades y arbitrariedades que llevan al Gobierno a proponer la creación de un defensor del contribuyente, es el que al mismo tiempo recibe el encargo – cual moderna expresión del Leviatán– de calcular este amplio abanico de rentabilidades. Como el cálculo será realizado por el SII, resulta fácil imaginar que los contribuyentes optarán por la declaración que les propone el organismo cuando su rentabilidad sea mayor a esta y por una declaración elaborada por ellos cuando su rentabilidad sea inferior a la propuesta.

Veo también defectos importantes en la reforma.

En primer lugar, ella no se hace cargo del consenso creciente sobre la necesidad de terminar con la renta presunta. Peor aún, el proyecto crea un raro sistema, parecido a la renta presunta, para empresas que tengan ingresos anuales menores a 10 mil UF. Para todas ellas, cerca de un 75% de los contribuyentes, se abre un sistema de tributación simplificada sobre la base de una propuesta de declaración de impuestos elaborada por el Servicio de Impuestos Internos y al que se podrá optar voluntariamente. Argumentan los proponentes que es un sistema “pro pyme”.

En la práctica, cada uno de estos contribuyentes tendrá una especie de renta presunta establecida centralizadamente por el SII, el que calculará márgenes de rentabilidad por empresas, sectores y tipos de industrias. Sí, lo leyó correctamente. El mismo servicio acusado de debilidades y arbitrariedades que llevan al Gobierno a proponer la creación de un defensor del contribuyente, es el que al mismo tiempo recibe el encargo – cual moderna expresión del Leviatán– de calcular este amplio abanico de rentabilidades.

Como el cálculo será realizado por el SII, resulta fácil imaginar que los contribuyentes optarán por la declaración que les propone el organismo cuando su rentabilidad sea mayor a esta y por una declaración elaborada por ellos cuando su rentabilidad sea inferior a la propuesta.

Renta presunta, planificada centralizadamente por el organismo del cual el proyecto declara desconfiar, diseñada para amparar la elusión. Parece ciencia ficción.

Por otro lado, el proyecto profundiza en uno de los aspectos más cuestionados del proyecto tributario de Bachelet-Arenas: el perdonazo para la repatriación de capitales mantenidos ilegalmente fuera de Chile. Como diputado fui minoría al oponerme a esta triquiñuela vergonzosa. Resulta incomprensible, sin embargo, que el ministro Larraín proponga la prórroga de este perdonazo. ¿Acaso no sabe, el ministro, que Chile hoy forma parte del Acuerdo Multilateral para el intercambio automático de información sobre cuentas financieras, precisamente para evitar prácticas como las que el proyecto busca regularizar? Increíble. ¿La derecha y la izquierda unidas jamás serán vencidas?

El debate recién se inicia. En un país hambriento de debate público de calidad, basado en evidencia, orientado al bien común, la discusión sobre nuestro sistema tributario puede no solo contribuir al bienestar e impulsar al emprendimiento. Es además una oportunidad para reconectar a la política con las personas, a nuestra democracia y sus instituciones con la ciudadanía.

Eso exige poner todas las cartas sobre la mesa.

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