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La Haya y Campos de Hielo Sur

por 8 octubre, 2018

La Haya y Campos de Hielo Sur
Sabemos que el diálogo es la forma fundamental de resolver las diferencias, pero los diálogos se construyen con hechos, con acciones, con soberanía efectiva. Y en este punto nuestro Estado debe pasar a la vanguardia en materia de infraestructura, conectividad, poblamiento y plan estratégico de nuestra zona glaciar. Debemos pasar de la mirada y presencia meramente militar a una acción ciudadana, cívica, cultural y económica que permita generar evidencia concreta de ocupación y goce de nuestro territorio. Solo de esta forma se podrá fortalecer un nuevo diálogo con los hermanos argentinos, basado en nuevos argumentos que permitan avanzar a diferentes miradas para la demarcación definitiva.
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Al conocerse el contundente fallo, a favor de Chile, de la Corte de La Haya respecto de la demanda boliviana por acceso soberano al mar, nuestro país tiene la oportunidad de relevar y pasar a la ofensiva en esta y otras situaciones, delicadas, que la historia nos dejó como parte de los procesos de autonomía y asentamiento de nuestros pueblos en Sudamérica.

Respecto de los límites en el Norte Grande, estos se encuentran bajo tratados, debidamente firmados por los países y se convierten en el principal argumento jurídico de Chile ante las situaciones por todos conocidas de Perú y Bolivia. Nuestro país puede estar tranquilo con respecto de nuestros vecinos del norte.

Otra cosa ocurre en la Patagonia del país, donde después del ultimo acuerdo alcanzado entre Argentina y Chile en 1998, sigue estando pendiente la demarcación de las cumbres que pasan en Campos de Hielo Sur desde el Monte Fitz Roy hasta el Cerro Daudet, lo anterior producto de las dificultades geográficas, pero lo más relevante es por la importancia geopolítica de la zona, el potencial hídrico que, se sabe, será fundamental para el planeta en las próximas décadas y, a partir de aquello, surge la imposibilidad de acuerdo y aparecen los fantasmas bélicos del pasado, por lo cual ambos Estados no han avanzado en una solución final.

Para nosotros, independientemente del número de población, nuestra mirada debe ser de prioridad absoluta. Proyectos e ideas existen muchos, lo primero es consolidar el sector de Candelario Mancilla; segundo, nuestro Ministerio de Bienes Nacionales debe pasar a la vanguardia en el fomento para la ocupación reglada de territorio, nuestra legislación debe orientar recursos y direccionar el poblamiento de la Región de Aysén en cada rincón, otorgarle categoría de zona estratégica y definir un plan de crecimiento que no quede solo al libre albedrío del mercado sino que la visión geopolítica y de abundancia futura sustente la prioridad de Estado que debe tener nuestra Patagonia occidental.

Nuestra opinión política es de previsión, es de estrategia, es de visión de futuro. Sabemos que el diálogo es la forma fundamental de resolver las diferencias, pero los diálogos se construyen con hechos, con acciones, con soberanía efectiva. Y en este punto nuestro Estado debe pasar a la vanguardia en materia de infraestructura, conectividad, poblamiento y plan estratégico de nuestra zona glaciar. Debemos pasar de la mirada y presencia meramente militar a una acción ciudadana, cívica, cultural y económica que permita generar evidencia concreta de ocupación y goce de nuestro territorio. Solo de esta forma se podrá fortalecer un nuevo diálogo con los hermanos argentinos, basado en nuevos argumentos que permitan avanzar a diferentes miradas para la demarcación definitiva.

Lo anterior, Argentina también lo sabe y lo ejerce. Para nosotros, independientemente del número de población, nuestra mirada debe ser de prioridad absoluta. Proyectos e ideas existen muchos, lo primero es consolidar el sector de Candelario Mancilla; segundo, nuestro Ministerio de Bienes Nacionales debe pasar a la vanguardia en el fomento para la ocupación reglada de territorio, nuestra legislación debe orientar recursos y direccionar el poblamiento de la Región de Aysén en cada rincón, otorgarle categoría de zona estratégica y definir un plan de crecimiento que no quede solo al libre albedrío del mercado sino que la visión geopolítica y de abundancia futura sustente la prioridad de Estado que debe tener nuestra Patagonia occidental.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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