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El otro secreto de la Iglesia chilena

por 19 octubre, 2018

El otro secreto de la Iglesia chilena
En un hermetismo infranqueable permanecen ocultos los casos en que, producto de una relación afectiva, un sacerdote tiene un hijo con una mujer. La jerarquía de la Iglesia católica chilena tiene una política definida para abordar esa situación. Se pueden encontrar diferencias en el tratamiento de un caso y otro, pero la norma es que se otorgue protección económica a los hijos de un religioso si es que sigue en el camino sacerdotal y, al mismo tiempo, se le instruye que se desvincule totalmente y para siempre del menor.
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Hace varios años, en medio del caso Karadima, llegaron a mis manos antecedentes desconocidos sobre la Iglesia católica chilena. Inicié una investigación al respecto, que por diversos motivos –que no vale la pena explicar en detalle ahora –nunca terminé entonces ni tampoco más tarde, a pesar de varios intentos.

Hoy, esa institución vive una profunda crisis que ha permitido conocer importantes antecedentes relacionados con los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Es un avance, pero eso no significa que todos los secretos que ha escondido la Iglesia católica hayan salido a la luz pública.

De hecho, en un hermetismo infranqueable permanecen ocultos los casos en que, producto de una relación afectiva, un sacerdote tiene un hijo con una mujer. Pese a que es un tema completamente desconocido en nuestro país, la jerarquía de la Iglesia católica chilena tiene una política definida para abordar esa situación.

Se pueden encontrar diferencias en el tratamiento de un caso y otro. Sin embargo, la norma es que se otorgue protección económica a los hijos de un religioso si es que sigue en el camino sacerdotal y, al mismo tiempo, se le instruye que se desvincule totalmente y para siempre del menor.

Estos dos aspectos son reconocidos por la mayoría de los miembros de esta institución que han sido consultados sobre este asunto. De acuerdo a lo que ellos plantean, la razón de esta desconocida política instaurada por la jerarquía eclesiástica obedece a un “interés superior” de la curia: mantener a estos sacerdotes en su ministerio pese a que vulneraron la legislación canónica.

Sobre la motivación que existe para destinar dinero a los hijos de los curas hay más de una opinión dentro la propia institución. En el tribunal eclesiástico señalan que la principal preocupación “es el bienestar de la madre y del hijo”, pero diversos sacerdotes diocesanos de larga trayectoria afirmaron que se otorga este beneficio para evitar que se presente una demanda de paternidad en la justicia ordinaria y el caso se haga público.

Eso explica que no se tomen medidas más severas en estos casos ni tampoco cuando se trata de religiosos que han vulnerado el voto de castidad más de una vez y además han tenido más de un hijo.

El canonista Marcelo Gidi explicó que "cuando se produce una situación de esta naturaleza", corresponde al obispo de la diócesis a la que pertenece el religioso decidir sobre cuál será su futuro. El padre jesuita añadió que dicha determinación se toma considerando siempre las circunstancias específicas del caso.

El obispo emérito Tomás González señaló que la decisión que se adopte dependerá del vínculo que existe entre el sacerdote y la madre de su hijo, ya que si hay una relación estable entre ambos resulta más complejo, dijo, que el religioso continúe ejerciendo su ministerio. Sin embargo, su permanencia en la Iglesia estará supeditada a los antecedentes que recoja sobre el caso el tribunal eclesiástico de la diócesis respectiva.

En cualquier circunstancia, según varios clérigos consultados, si el cura cuestionado continúa en la institución, lo más frecuente es que sea trasladado a un lugar distante del sitio donde vive su hijo.

El obispo González explicó que también es en dicho tribunal eclesiástico donde se resuelve en qué forma la Iglesia ayudará a la manutención del niño. Los recursos de los cuales se dispone para este efecto proceden del propio tribunal eclesiástico –que es presidido por el obispo de la diócesis respectiva–, puntualmente del “ítem de libre disposición” de la diócesis en cuestión.

Por su parte, el padre Gidi dijo que, en caso de tratarse de un sacerdote diocesano, la Iglesia establece que la manutención del hijo provendrá del sueldo que recibe por el ejercicio del ministerio y, en circunstancias que este monto no sea suficiente para cubrir los gastos del menor, es el obispo de la diócesis correspondiente el que decidirá los recursos económicos que deberán entregarse para satisfacer las necesidades de alimentos, salud y educación, entre otros.

Según el sacerdote jesuita, cuando se trata de una congregación donde los religiosos no reciben ingresos, el obispado se hace cargo de todos gastos del menor. En esa dirección, en algunos casos, el tribunal eclesiástico paga una mensualidad a la familia materna del niño e, incluso, consigue becas de estudios en un colegio católico para asegurar su educación.

Sobre la motivación que existe para destinar dinero a los hijos de los curas hay más de una opinión dentro la propia institución. En el tribunal eclesiástico señalan que la principal preocupación “es el bienestar de la madre y del hijo”, pero diversos sacerdotes diocesanos de larga trayectoria afirmaron que se otorga este beneficio para evitar que se presente una demanda de paternidad en la justicia ordinaria y el caso se haga público.

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