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Neofascismo neoliberal: alianza supranacional

por 19 octubre, 2018

Neofascismo neoliberal: alianza supranacional
En Chile, se pensaba erróneamente que el tsunami político llegaría solo a las costas de la centroizquierda transicional y la izquierda emergente. Tanto así, que ciertos intelectuales de derecha se apresuraron en posar su mirada sobre el “extravío" de dicho sector, sin siquiera prever que el intenso oleaje provocado por el efecto Bolsonaro remecería –más temprano que tarde– a la coalición de Gobierno que ellos mismos sustentan.
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El “terremoto político” acaecido en Brasil el pasado 7 de octubre, a raíz de la contundente victoria electoral obtenida por el candidato de la extrema derecha, Jair Messias Bolsonaro, no solo ha provocado el movimiento tectónico más intenso de la región durante los últimos años, sino que también ha generado una serie de resonancias en la totalidad de los países y sectores políticos del continente.

En Chile, se pensaba erróneamente que el tsunami político llegaría solo a las costas de la centroizquierda transicional y la izquierda emergente. Tanto así, que ciertos intelectuales de derecha se apresuraron en posar su mirada sobre el “extravío" de dicho sector, sin siquiera prever que el intenso oleaje provocado por el efecto Bolsonaro remecería –más temprano que tarde– a la coalición de Gobierno que ellos mismos sustentan.

Ciertamente, era relativamente sencillo pronosticar que la onda expansiva del terremoto político en Brasil instalaría un nuevo eje de discusión al interior de la derecha chilena, dicotomizando la conflictividad política del sector a partir de la siguiente pregunta: ¿qué posición hemos de asumir respecto al neofascismo neoliberal profesado por Jair Bolsonaro?

Era un hecho que lo que algunos denominan como “la falta de relato” de la derecha sería nuevamente puesta en juego y quienes terminarían ganando la contienda serían, de nuevo, las(os) herederas(os) de Jaime Guzmán.

La “falta de relato” de la derecha chilena ha sido colmada en los últimos días con un claro y exclusivo discurso: autoritarismo y libre mercado, el cual ya comienza a despuntar, con la experiencia histórica del pasado y las proyecciones del presente. Nos referimos al ascenso de un neofascismo surgido de las exhaustas entrañas de la democracia liberal que, en algunas ocasiones, puede tomar un tinte proteccionista o uno neoliberal.

Kast llevó a Bolsonaro la camiseta de la selección chilena, todo un símil del emblema nacional, sobre todo cuando la del candidato carioca lucía el número 17, el mismo que corresponde al actual capitán de la roja, Gary Medel. Envuelta en ella, nada más ni nada menos que “El Ladrillo”, el programa económico de los Chicago Boys, instaurado en Chile mediante “terapia de shock” (Naomi Klein) durante el período dictatorial. Adecuando la fórmula freudiana, ¿no nos enfrentamos a un claro síntoma que marca el “retorno de lo represivo”?

Es esta una de las claves para figurar las tendencias que se proyectan en la geopolítica internacional. El movimiento general se expresa en particularidades nacionales que, a su vez, promueven la articulación de redes y alianzas supranacionales.

En el eje Chile-Brasil, el sustento neoliberal que acompaña al neofascismo profesado por Jair Messias Bolsonaro aproxima aún más al líder del Partido Social Liberal con nuestra derecha chilena, toda esta adepta al neoliberalismo. Y como ha quedado en plena evidencia durante esta semana, también adepta en su gran mayoría a las regresiones autoritarias.

En un principio, fueron las favorables declaraciones del mismísimo Presidente Sebastián Piñera sobre la victoria electoral obtenida por el candidato del PSL las que marcaron el “sello” de su visita oficial a Europa. En Madrid –en un foro organizado por el principal ‘intelectual orgánico’ adscrito al stato quo en España, El País–, Piñera alabó el programa económico de Bolsonaro, ganándose con ello importantes portadas de los medios europeos, incluyendo la del medio que fungía como organizador.

“Sebastián Piñera: 'En lo económico, Bolsonaro apunta en la buena dirección'”, tituló el citado medio.

El “olfato economicista” de Piñera nubló por completo la dimensión política del conflicto, cuestión que fue más evidente para los medios internacionales que los locales.

Detrás de la auspiciosa reacción del Dios Mercado –que vio con “buenos ojos” la victoria de Bolsonaro– pervivía también la política. Y es esa la que hoy lleva a Piñera a “tomar una cierta distancia” de la figura del candidato carioca, cuestión difícil, no solo por las palabras del Mandatario en España, sino también porque ha sido el propio Bolsonaro quien ha expresado su “admiración por Piñera desde su primer mandato”, en el contexto de la visita que la timonel de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe, realizó a Brasil el día miércoles. Un viaje que fue visado por el núcleo íntimo del piñerismo. Cuando el río suena, es porque piedras trae, dicen.

Por fuera de la coalición y en el extremo derecho del espectro político, quien más réditos ha sacado al vínculo construido con Bolsonaro ha sido el líder de Acción Republicana, José Antonio Kast, quien tuvo la particularidad de sintetizar, como ningún otro, la materialidad simbólica del autoritarismo-neoliberal que reina hoy por hoy en la derecha.

Kast llevó a Bolsonaro la camiseta de la selección chilena, todo un símil del emblema nacional, sobre todo cuando la del candidato carioca lucía el número 17, el mismo que corresponde al actual capitán de la roja, Gary Medel. Envuelta en ella, nada más ni nada menos que “El Ladrillo”, el programa económico de los Chicago Boys, instaurado en Chile mediante “terapia de shock” (Naomi Klein) durante el período dictatorial. Adecuando la fórmula freudiana, ¿no nos enfrentamos a un claro síntoma que marca el “retorno de lo represivo”?

¿Asumirán los intelectuales de derecha la deriva neofascista que comienza a asumir su coalición? o ¿volverán a situar –en el “extravío de la izquierda”– el “motor inmóvil” que explica la decadencia sistémica de la democracia liberal?

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