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Jugando al Casino Climático en Katowice: una vergüenza global

por 17 diciembre, 2018

Jugando al Casino Climático en Katowice: una vergüenza global
El trabajo científico por años del IPCC, así como el de las Comisiones Nacionales, han sido clave para profundizar en la gravedad de la situación. No es aceptable que estos avances ahora pretendan ser ignorados en Katowice por un puñado de delegados que obedecen a gobernantes motivados únicamente por sus objetivos políticos personales. Tal como sucedió con Galileo, la ciencia climática está siendo maltratada ante la mirada impávida de todo el mundo, nadie reacciona. Sin embargo, el cambio climático continúa agravándose, y los desastres son cada vez más frecuentes y devastadores.
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Los combustibles fósiles fueron en los últimos 100 años los grandes impulsores de nuestro crecimiento económico y tecnológico. Sin embargo, en la actualidad sus impactos negativos por contaminación del aire y la creciente acumulación de gases de efectos invernadero (GEI) están poniendo en alto riesgo todo lo conseguido. Nos han hundido en un cambio climático que es la crisis medioambiental y de supervivencia más grave de nuestra historia. Así como la Edad de Piedra no terminó porque se agotaran las piedras, en los próximos años, tarde o temprano, la Era del Petróleo también terminará, no porque se agote el crudo, sino por sus nefastos impactos en el medioambiente y su reemplazo por las renovables.

Utilizando un vocabulario del cine podemos decir que el escenario del cambio climático está puesto, el guión de la tragedia escrito y se dan como adelantos sinópticos eventos climáticos extremos cada día, en distintos lugares del mundo. Lo increíble es que, por lo cotidiano, a nadie parece importarle. O, al menos, nadie se da por enterado. El sábado recién pasado, 8 de diciembre 2018, al concluir la primera semana de deliberaciones en la 24ª Cumbre del Clima que se está realizando en Katowice, Polonia, los delegados gubernamentales se atascaron discutiendo si “toman nota” o “hacen suyas” las conclusiones del Informe Científico del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) publicado el pasado octubre.

No quedan formas de comunicación (películas, videos, libros, YouTube, informes, entrevistas, artículos, radio, Twitter, etc.) que no hayan sido utilizadas por los expertos para reiterar la importancia de actuar de manera rápida para frenar el cambio, antes que se produzcan situaciones más devastadoras. Pero, al contrario, las emisiones de CO2, en vez de descender, aumentaron estos últimos dos años. Nos encontramos en una situación patética, en la cual el mensaje no trasciende. Es decir, la gente, las empresas y los gobiernos parecen no escuchar o, lo más probable, no quieren escuchar. Se ha comunicado urbi et orbi que frenar el cambio climático en ciernes será posible solo si todos los actores (gobiernos, empresas, ciudadanos) se comprometen a avanzar hacia la descarbonización, sacrificando sus intereses particulares. Sin embargo, las respuestas no se cristalizan. En nuestro mundo egoísta actual, en el cual dominan la codicia y el hedonismo, son pocos los dispuestos a tomar acciones drásticas, de inmediato.

El IPCC está compuesto por más de mil científicos de los más destacados del mundo. Increíble. ¿Por qué se resisten a aceptarlo? Porque dicho informe nos advierte que es un gran peligro elevar el calentamiento global a más de 1,5 grados, no a 2,0 del valor de la era preindustrial, como se había anticipado anteriormente. ¿Consideran los gobiernos que es demasiado fuerte ese llamado a tomar medidas urgentes y drásticas, para disminuir las emisiones de CO2 antes de 2025?

No quedan formas de comunicación (películas, videos, libros, YouTube, informes, entrevistas, artículos, radio, Twitter, etc.) que no hayan sido utilizadas por los expertos para reiterar la importancia de actuar de manera rápida para frenar el cambio, antes que se produzcan situaciones más devastadoras. Pero, al contrario, las emisiones de CO2, en vez de descender, aumentaron estos últimos dos años. Nos encontramos en una situación patética, en la cual el mensaje no trasciende. Es decir, la gente, las empresas y los gobiernos parecen no escuchar o, lo más probable, no quieren escuchar. Se ha comunicado urbi et orbi que frenar el cambio climático en ciernes será posible solo si todos los actores (gobiernos, empresas, ciudadanos) se comprometen a avanzar hacia la descarbonización, sacrificando sus intereses particulares. Sin embargo, las respuestas no se cristalizan. En nuestro mundo egoísta actual, en el cual dominan la codicia y el hedonismo, son pocos los dispuestos a tomar acciones drásticas, de inmediato.

¿Qué sucede? Es un tema digno de estudio. ¿Será porque el cambio climático llegó en el peor de los momentos, cuando domina una profunda desconfianza por las noticias y desprecio por la política? ¿Por la tremenda indiferencia por todo lo que hacen y dicen los gobernantes?

El trabajo científico por años del IPCC, así como el de las Comisiones Nacionales, han sido clave para profundizar en la gravedad de la situación. No es aceptable que estos avances ahora pretendan ser ignorados en Katowice por un puñado de delegados que obedecen a gobernantes motivados únicamente por sus objetivos políticos personales. Tal como sucedió con Galileo, la ciencia climática está siendo maltratada ante la mirada impávida de todo el mundo, nadie reacciona. Sin embargo, el cambio climático continúa agravándose, y los desastres son cada vez más frecuentes y devastadores.

Los gobiernos en Katowice, durante la 24ª Cumbre del Clima, no hicieron más que someterse a debates interminables, sin adoptar decisiones drásticas, perdiendo el tiempo sumidos en ejercicios de fraseología y puntuaciones. Una comedia ridícula, un ejercicio fatuo intentando rehacer el guión del IPCC para adecuarlo a sus intereses políticos y económicos y no en bien de la humanidad.

Los gobiernos en Katowice estuvieron jugando al Casino del Cambio Climático (Yale University Press, 2013), como lo señalara William Nordhaus, Premio Nobel de Economía 2018. Un juego de alto riesgo en que nunca deberíamos aceptar participar. Sin embargo, los gobiernos hoy descaradamente apuestan, aceptan enormes riesgos, a costa de millones de personas que sufrirán los impactos de los eventos climáticos extremos más devastadores que haya conocido la humanidad. ¡Una vergüenza!

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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