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Chile y su multipertenencia internacional activa

por 24 abril, 2019

Declararnos “un país abierto al mundo” no es una frase. Es un eje clave de nuestra política exterior para hoy y el futuro de Chile. Eso cabe afirmarlo con fuerza cuando asoman presiones que –por ignorancia o miopía obsesiva– no entienden lo que ahora somos.
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Con motivo del viaje del Presidente Sebastián Piñera a China, hemos conocido más de cerca las tensiones latentes en el mapa global contemporáneo. Un cierto olor a Guerra Fría se siente rondando en la proximidad de nuestro quehacer internacional. Y, en ese marco, la breve visita del secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo, que había sido prevista en diversos análisis como un momento donde se trataría la crisis de Venezuela y su efecto hemisférico, tuvo mucho más impacto como una instancia donde se han hecho ver las inquietudes y molestias que generan en Washington los fuertes vínculos de Chile con China.

Ante esto último, hay que desplegar un concepto claro: Chile tiene el derecho a la “multipertenencia internacional”. Es más, es un deber estratégico. Derecho a una interacción con el mundo global según sus intereses y metas como país. Con Estados Unidos tenemos suficientes afinidades en temas de sociedad, economía y práctica democrática como para no poner en cuestión los vínculos históricamente construidos.

La red de 26 Tratados de Libre Comercio nos da acceso a las naciones más pobladas y pujantes de nuestra era: China, Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Corea del Sur, India y Brasil. Y ahora tenemos la Apec 2019 y la COP25 del cambio climático en Chile.

China representa el 32% de nuestro comercio mundial y asoma como la otra gran potencia del siglo XXI. Con este país hemos logrado muchos “primeros” a lo largo de cinco décadas de relaciones diplomáticas: primeros en establecer esos vínculos en América del Sur; primeros entre los países latinoamericanos en reconocerle la categoría de economía de mercado; en suscribir un Tratado de Libre Comercio como país individual; en hablar en el Foro Económico de Boao; en ocupar la tribuna de la Escuela de Cuadros del PCCh (la formadora de la élite burocrática del país), por señalar algunas instancias preponderantes.

Es en ese marco de secuencia histórica donde cabe entender la visita del Presidente Piñera a dicho país asiático. Y ello, como ha dicho el Mandatario, haciendo el esfuerzo por “mantenernos autónomos” de ese conflicto entre potencias.

Es cierto que Chile solo representa un mínimo dentro del total de la economía mundial. Pero es el mayor productor mundial de cobre, litio, yodo y de otros productos, como uvas frescas, arándanos, ciruelas, manzanas deshidratadas o salmón. La red de 26 Tratados de Libre Comercio nos da acceso a las naciones más pobladas y pujantes de nuestra era: China, Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Corea del Sur, India y Brasil. Y ahora tenemos la Apec 2019 y la COP25 del cambio climático en Chile.

Todo ello indica que declararnos “un país abierto al mundo” no es una frase. Es un eje clave de nuestra política exterior para hoy y el futuro de Chile. Eso cabe afirmarlo con fuerza cuando asoman presiones que –por ignorancia o miopía obsesiva– no entienden lo que ahora somos. Ya cuando Chile le dijo “no” a Estados Unidos ante la invasión a Irak y estábamos listos para firmar el TLC, quedó claro un principio: cuando hablamos de comercio e inversiones es una cosa, cuando hablamos de política es otra. Ese principio es clave para Chile en este momento del mundo globalizado.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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