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Entre eventos climáticos extremos se acerca la COP25 y los negacionistas globales preparan su artillería

por 14 septiembre, 2019

Entre eventos climáticos extremos se acerca la COP25 y los negacionistas globales preparan su artillería
En junio pasado, el Acuerdo de París ya recibió un golpe contundente en la Reunión Anual de Bonn sobre Acción Climática. Un evento intersesional de las COPs en la Secretaría de la Convención (CMNUCC). Allí, Arabia Saudita y Estados Unidos, con el apoyo de Polonia, Siria, Hungría y Brasil, se opusieron a aceptar el Informe del IPCC, negándose a discutir los hallazgos científicos y recomendaciones. Incluso, desconocieron el acuerdo de caballeros adoptado en la COP24. La otras Partes, con ONGs y movimientos ciudadanos respondieron con el lema “la ciencia no es negociable”. ¿Por qué todo esto? Porque los negacionistas rechazan la reducción inmediata de las emisiones de CO2 en, por lo menos, un 3% por año a partir de 2019 que recomienda el IPCC. EEUU intentó también suprimir el tema del cambio climático en la agenda del G7 en su última reunión en Biarritz el mes pasado.
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En vista del bienvenido entusiasmo por la crisis climática que ha despertado la convocatoria de la COP25 en Chile, conviene advertir que a estos procesos tan complejos de negociaciones políticas intergubernamentales hay que observarlos con cautela.  Su ritmo de avance es muy lento. La parsimonia de los acuerdos a veces se tornan desesperantes. Las luchas de poder son tremendas. Para el tema que nos preocupa, todo impasse es pérdida de un tiempo precioso. Es muy probable que las delegaciones de los gobiernos negacionistas vengan decididas a detener la puesta en marcha de cambios urgentes. Además, no todos los intereses por detener el cambio climático son  genuinos, muchos son cosméticos, electorales. No es lo que se necesita. Como lo recomienda el IPCC, lo que se requiere, son cambios urgentes y drásticos.

Durante 2016-2018, se agravaron los episodios climáticos extremos y suceden con más frecuencia, varios a la semana o incluso en un mismo día en distintos lugares del planeta como inundaciones, lluvias intensas, olas de calor, marejadas, olas de frío, incendios forestales, ciclones, huracanes, etc. Las respuestas de los gobiernos siguen lentas o brillan por su ausencia. En materia de eventos climáticos extremos 2019 va en camino a convertirse en el año de la ruptura de los récords.

En junio y julio pasados el sobrecalentamiento en el planeta alcanzó cifras históricas. El huracán Dorian grado 5 de hace un par de días en Las Bermudas, dejó un paisaje apocalíptico demostrando que la crisis climática, aumenta la intensidad de estos eventos, al igual que multiplica sus daños, ya que la velocidad con que desplazan es menor. Estuvo casi 48 horas estacionado ocasionando muertes, destruyendo asentamientos humanos y ecosistemas.

El huracán Dorian fue el huracán más fuerte en afectar el noroeste de Bahamas jamás registrado, causando daños catastróficos en las islas Ábaco y Gran Bahama a principios de septiembre de 2019.

Los negacionistas preparan la artillería

Es aconsejable tener presente que desde la COP24 en Katowice, Polonia en diciembre 2018 se viene fraguando una campaña que persigue relativizar aquellas metas del Acuerdo de Parí que ponen a 2030 como la fecha límite para alcanzar la neutralización de las emisiones de CO2.  Los impulsores de este enfoque, plantean que es preferible aplicar una “gradualidad”. Algo inconcebible en estos momentos de crisis. Pero lo persiguen igual motivados por intereses económicos. Por ello, intentan distanciar lo propuesto para 2030, posponiéndolo a 2040-2050 o incluso a 2100. Chile, en cierta forma, está siguiendo este enfoque cuando propone el cierre gradual de 8 viejas termoeléctricas a carbón. Se ignora así, ejecutar los “cambios urgentes” que recomienda Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC).

Actualmente son pocas las Partes que admiten el “estado de emergencia climática”. No aceptan que el “calentamiento (warming) global” hoy  es “sobrecalentamiento (heating) global”. Prevalece el escapismo, el miedo y la codicia en los gobiernos y empresas, porque se enfrentan a una crisis que no comprenden. Buscan soluciones mirando al pasado, en vez de mirar al futuro, que en 10 años será totalmente distinto, con mercados laborales desconocidos, tecnoinformación, inteligencia artificial, electromovilidad, bioingeniería, economía digital, entre otras disrupciones. La aceleración de los cambios será abismante. Los gobiernos como las avestruces esconden su cabeza en la economía no sustentable. Se resisten a considerar en sus políticas la rápida ruptura actual en los procesos naturales que controlan el clima del planeta Tierra y los enormes peligros para la humanidad que ello representa. 

Los elementos clave para robustecer el Acuerdo son: ejecutar cambios drásticos para neutralizar de inmediato las emisiones de CO2, entre 2020-2030. De otra manera, se producirá un sobrecalentamiento que elevará desde 1,5ºC hasta 2 o 3ºC; ocurrirán con mayor frecuencia e intensidad desastres climáticos extremos (sequías, hambrunas, deshielos, inundaciones, incendios, olas de calor, olas de frío, marejadas, huracanes, temporales, entre otros) con daños enormes al medioambiente, economía y a la estabilidad política, social y financiera de grandes extensiones del planeta. Las Partes tienen que cumplir con el cese de emisiones de inmediato para poder neutralizar la concentración de CO2 en 2020-2030.

No olvidemos que en junio pasado, el Acuerdo de París ya recibió un golpe contundente en la Reunión Anual de Bonn sobre Acción Climática. Un evento intersesional de las COPs en la Secretaría de la Convención (CMNUCC). Allí, Arabia Saudita y Estados Unidos, con el apoyo de Polonia, Siria, Hungría y Brasil, se opusieron a aceptar el Informe del IPCC, negándose a discutir los hallazgos científicos y recomendaciones. Incluso, desconocieron el acuerdo de caballeros adoptado en la COP24. La otras Partes, con ONGs y movimientos ciudadanos respondieron con el lema “la ciencia no es negociable”. ¿Por qué todo esto? Porque los negacionistas rechazan la reducción inmediata de las emisiones de CO2 en, por lo menos, un 3% por año a partir de 2019 que recomienda el IPCC. EEUU intentó también suprimir el tema del cambio climático en la agenda del G7 en su última reunión en Biarritz el mes pasado.

En resumen, los negacionistas continúan aplicando presiones políticas y comerciales en todos los frentes para relativizar los objetivos del Acuerdo. Con este fin, en muchas capitales en estos momentos se trabaja en la preparación de estrategias de negociaciones dirigidas a no adquirir mayores compromisos. Por el contrario, se buscará implantar prácticas dilatorias para cuando el Acuerdo entre en vigor en 2020. Es alarmante. Por todo ello, lo que hace Greta y los movimientos ciudadanos, con toda su carga de simbolismo puede transformarse en una gran fuerza política, por eso son más importantes que nunca. La Huelga Mundial por el Clima de jóvenes y adultos convocada por Greta para este 20 de septiembre debe movilizar a decenas de millones de personas para contrarrestar las tácticas de los negacionistas con el sentir de “la juventud por el clima”.

La amenaza sobre el Acuerdo de París

 

A menos de 90 días de la COP25 la situación es delicada.  Están surgiendo fuertes presiones para continuar debilitando la frágil situación del Acuerdo de París. Los países negacionistas, con EEUU y Arabia Saudita a la cabeza, tratan de provocar una estampida de gobiernos. Ahora, justo ahora, el populismo está de moda, con su carga de negacionismo, buscando adeptos entre tribalismos políticos, nacionalismos y gobiernos de ultra-derecha. Nuestra esperanza es que, en consideración a los eventos climáticos extremos ocurridos en los últimos dos meses y a elecciones previstas en sus países, los negacionistas no se atrevan a insistir.

El próximo 4 de noviembre Trump decidirá si ratifica o no sacar a EEUU del Acuerdo. Sería una bofetada más a la comunidad internacional y al sistema de las Naciones Unidas. Muy grave ya que se trata del segundo mayor emisor de CO2 del mundo, detrás de China.  Lo positivo es que muchos gobiernos locales, estatales y la ciudadanía norteamericana, en cualquier caso, continuará apoyando al Acuerdo.

En Mayo 2019, unos expertos proagenda de EEUU lanzó el mensaje: “democratizar el Acuerdo de Paris”, (ver Promises and perils of the Paris Agreement, Promesas y peligros del Acuerdo de Paris (Lawrence y Schäfer; Science,  31 May 2019: Vol. 364, Issue 6443, pp. 829-830). Con ello buscan “democratizar la búsqueda de soluciones al cambio climático, de manera que cada país haga lo que pueda”. Una visión muy distinta han planteado los científicos partidarios de fortalecer el Acuerdo, quienes preferirían que fuera vinculante y obligara a todas las Partes a disminuir sus emisiones.

Estas dos posiciones se enfrentan hoy y lo continuarán haciendo más allá de la COP25. Por una parte, los mayores emisores negacionistas (EEUU, Arabia Saudita, Kuwait, Brasil, Australia, India, China, entre otros) que eluden sus responsabilidades y, por la otra, los países que buscan establecer un orden internacional donde prime la ética y la justicia social en las negociaciones climáticas. Lo hemos dicho muchas veces: los problemas globales requieren soluciones globales, definidas en negociaciones y compromisos firmes, que sean vinculantes entre los Estados y que sean resistentes a los intentos que pretendan anteponer intereses personales al bien común de la humanidad, por ejemplo, Trump, bin Salman, Bolsonaro, Johnson y Morrison y quizás otros más que podrían sumarse durante las negociaciones de la COP25 y COP26.

Ahora está en nuestras manos defender, por todos los medios, la única meta obligatoria que pudo aprobarse en las negociaciones de Paris en 2015, a saber: “frenar el ascenso de la temperatura promedio de la superficie para que no supere en 2°C la temperatura promedio de nuestra era preindustrial. Más aún, si es posible, limitar ese aumento a 1,5°C antes de 2030”.  Esto es lo primordial, y Chile debería oponerse a cualquier intento de debilitarlo.

Es decepcionante que los Estados actualmente no cumplan con el Acuerdo de París. Así  lo muestran las “Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC), las cuales además de  ser insuficientes no se cumplen. Las emisiones de CO2 nunca habían sido tan elevadas como en 2018 y 2019 será peor. Las temperaturas continúan aumentando. Es una vergüenza. Resulta evidente que hay poderosos intereses que desean que el Acuerdo de Paris sea un instrumento irrelevante. 

En la próxima reunión preparatoria o Pre COP25, que se realizará entre el 8 y 10 de octubre en Costa Rica, los negociadores y equipos técnicos discutirán y analizarán las propuestas de resoluciones que serían presentadas a la consideración y aprobación de la COP25. Sus resultados nos darán cierta seguridad en los pronósticos de lo que se podrá esperar de la COP25, que seguramente no será mucho.

Entre los temas más controvertidos que se debatirán en la COP25 figura el artículo 6, sin consenso desde la COP24. Se refiere al "mercado de carbono", donde los países podrán intercambiar, comprar y vender "bonos" de carbono, para así reducir sus emisiones. ¿Prevalecen los consensos del protocolo de Kioto o se formulan unos nuevos? Además, es complejo porque incorpora la participación de privados. Este mercado propuesto aún carece de una reglamentación. Otro tema tiene que ver con las Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC), artículo 4. Trata de los compromisos voluntarios que los país presentan para reducir sus emisiones de CO2. Lo pendiente es si deben renovarse, ser más potentes en el futuro o transformarlos en obligatorios. La magnitud depende del tamaño del país y del monto de sus emisiones.

Los asuntos financieros serán también muy debatidos. Es imperativo elevar los flujos para conformar globalmente una economía baja en emisiones en la cual aumenten las inversiones en la transición a una economía limpia. A los países desarrollados les corresponde honrar su promesa hecha en Paris en 2015, y establecer a la brevedad el Fondo Climático de 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020, y revisarlo al alza, cada 5 años, a partir de 2025. Dichos recursos deberían destinarse preferentemente a los Estados más pobres apoyarlos en sus programas de adaptación climática y puedan crecer con bajas emisiones.

COP25 en Chile: mucho ruido pocas nueces

En el plano nacional, esta última semana el presidente Piñera y la ministra Schmidt, dejándose llevar por el entusiasmo, transformaron en logros sus buenas intenciones de detener el cambio climático. La ministra, fue más lejos aún, en una entrevista en TVN Estado Nacional apoyándose únicamente en asuntos jurídicos e institucionales, nos dejó atónitos cuando atribuyó a Chile el rol de líder mundial, a toda vista imaginario, en la reducción de emisiones. Ser la sede de una reunión de las COP, y por ende corresponderle el papel de presidir sus sesiones plenarias, no es sinónimo de ser un líder en la materia. Que eso quede claro. 

Si desea desempeñar el rol de líder, el gobierno chileno debería comenzar de inmediato una campaña para aunar esfuerzos con otras Partes con objeto de evitar que la COP25  termine siendo, como las anteriores COP, un juego de eternas negociaciones con ejercicios de fraseología diplomática. Chile tiene la oportunidad de intentar evitar que esto suceda y abogar, por el contrario, para que se asuman mayores compromisos. Lo que el mundo y Chile necesita, es que la COP25 sea una respuesta robusta a los peligros de la actual crisis climática.

El presidente Piñera podría desempeñar un rol fundamental siempre que a nombre de todos los chilenos, no sólo del mundo empresarial,  mantenga una postura negociadora que imponga la racionalidad, refuerce el multilateralismo y eleve el compromiso de todas las Partes. Sin olvidar, que más allá de la COP25, las tareas nacionales urgentes de mitigación y adaptación, tendrán que realizarse con la participación activa del sector privado, los científicos y sobretodo con la ciudadanía.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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